Cerraba los ojos pensando en ti.
En tus besos, en tus brazos, en tu lengua, en tu boca.
Y apareciste ante mí: medio ángel, medio demonio.
Encarándote a mi guiño, a mi cuerpo perfumado.
Recorriendo mi cuello, mis pechos, mi ombligo.
Arrancando con tu lengua mis gemidos.

Ordenaste: obedecí.
Y no sabías entonces quien era el dueño de la situación.
Ansiosa, seguía ansiosa de ti.
Se revolvía mi cuerpo entre tus piernas, entre tus brazos.
Ronroneos peligrosos.
Silencio entrecortado.
Aceleraste el ritmo, aceleré mi lengua.
Inevitablemente... y de nuevo....
En trance.
El nuestro.
El único que es de verdad.
Foto: Cortesía & © by Bisang Edit