Colección Voyeur

Lunes 21 de Mayo de 2007
En medio de la noche

Medianoche ha sonado con lengua de hierro.
Acostaos, amantes: es la hora de las hadas.
Por la mañana, lo sospecho, dormiremos
todo lo que hemos velado en esta noche.
"Sueño de una noche de verano" , William Shakespeare

Me llaman la atención tus suspiros y los estremecimientos casi imperceptibles que recorren tu cuerpo. Dejo sobre la mesa de noche el libro que estoy leyendo y me dedico a observarte a la tenue luz de la lámpara. Siempre me ha sorprendido lo que me cuentas de tu mundo onírico, porque es realmente increíble: sueñas con lugares a los que nunca has ido, compartes con personas que ni siquiera conoces, hueles el perfume de extrañas flores, hablas en otros idiomas, bailas, cantas, ríes…

Descalza y vestida tan solo con una ligera túnica de gasa transparente, camino en medio de un amplio prado, cubierto de flores y de un pasto verde que recorro con pasos lentos, disfrutando de su contacto suave y fresco en la suela de mis pies. Desde el bosque cercano me llega una débil ráfaga de brisa y el apacible rumor que produce al mover las hojas de los árboles. El olor de las flores entra por mi nariz, embriagando mis sentidos con la cantidad de aromas diversos. La luz de la luna se cuela entre el follaje y brilla en las gotas de rocío nocturno.

Si bien tu generosidad me permite conocer un poco de tus sueños porque de vez en cuando me los relatas, sé que es una parte de ti a la que no tengo pleno acceso y quizás por ello me causa una especial curiosidad. Así que te contemplo absorto, tratando de adivinar qué ilusiones pueblan tus noches, qué quimeras te hacen suspirar tan profundamente, qué fantasías te erizan la piel de este modo. ¡Cómo quisiera entrar en ese mundo que construyes cada noche!

A mis oídos llega una música sublime y sin siquiera darme cuenta comienzo a moverme a su ritmo. Mis pies se desplazan ágiles y ligeros, mis brazos aletean cual gráciles mariposas, mis caderas se balancean sensualmente. Me dirijo hacia la bella melodía, aunque no acierto a saber con exactitud de dónde proviene. Me dejo llevar por mis instintos y poco a poco me voy acercando a otro claro del bosque.

Debes estar soñando con algo que te gusta mucho, dada la expresión de felicidad que adorna tu cara y la languidez de tus miembros. Aunque ahora tu respiración comienza a agitarse y tu cuerpo se estremece de nuevo. No puedo apartar mis ojos de ti. Me tienes fascinado, absorto en cada uno de tus gestos y movimientos.

Veo a cuatro duendes que aporrean tambores, panderetas y pífanos, según el compás que les indica un fauno alocado que toca su flauta sin parar. Por un instante la música cesa y todas las miradas se dirigen hacia mí. La pequeña ronda se abre y entre risas los fantásticos seres me invitan a unirme a ellos. Acepto encantada, porque estoy embelesada con la melodía y el jolgorio de los músicos.

Con la mayor delicadeza posible poso mis manos entre tus muslos. Comienzo a tocarte muy suavemente, apenas rozando la clara piel aterciopelada de tu entrepierna. Acerco mi cara y te huelo. De tu sexo emana ese perfume que me hace perder la razón. Trato de controlarme porque no quiero despertarte; muy por el contrario, deseo que permanezcas dormida y de algún modo abrir esta puerta que me permitirá ser partícipe de tus sueños, al menos por esta noche.

El fauno retoma la alegre tonada que estaba tocando y los duendes continúan saltando y sonando sus instrumentos con frenesí. Ahora soy yo quien ocupa el centro de la ronda, mientras los simpáticos gnomos me animan con sus palmas. De tanto en tanto siento que sus manos, pequeñas y delicadas, me acarician los muslos mientras sonríen con picardía y emiten alegres gritos para inicitarme a seguir bailando.

A medida que te acaricio vas separando las piernas y ahora puedo ver las gotas de humedad que van apareciendo en tu sexo. Tus suspiros me indican que estás disfrutando, así que me aventuro más allá. Sin embargo, en mi mente nace una duda: ¿gozas de mis caricias o de lo que sucede en tus sueños? Pero un instante después me digo que no importa, que por esta vez mezclaremos realidad y ensoñación, sin saber dónde termina una y comienza la otra.

El fauno toca su flauta de pan entre mis piernas, tan cerca que puedo sentir su barba hirsuta. El aire que sale de la flauta me roza el sexo, completamente húmedo. Me arranco la túnica de gasa de un tirón, quedando desnuda ante estas criaturas fantásticas. La piel me arde por la agitación del baile y por la excitación que provocan en mí las caricias. Poco a poco el fauno se va acercando más y más, hasta que su flauta toca mi monte de Venus.

Me arrodillo entre tus muslos, con una mano abro tu vulva y comienzo a lamerla. Paso mi lengua voraz por sus pliegues, la deslizo a lo largo de la hendidura, beso los labios mayores, chupo. Tu sexo está mojado y caliente. Me fascina esta combinación de humedad y fuego concentrada en un órgano que palpita y parece pedirme que continúe.

Me sumerjo en un lago, cuyas aguas brotan de mi cuerpo. Sin embargo, el contacto con el líquido no me refresca; por el contrario, enciende mi piel –y en especial mi sexo– todavía más. Es una mezcla de calor y frescura, extraña, novedosa, agradable. Floto, abriendo brazos y piernas, echando la cabeza hacia atrás y cerrando los ojos, entregándome al placer que me provocan estas sensaciones. Noto que el fauno sigue entre mis muslos.

Cierro los ojos y veo un prado verde, con un lago muy cerca. Escucho música de pífanos, tambores y flautas, junto con risas y palmadas. Me siento como un fauno alocado mientras me abalanzo sobre ti y te poseo…

Foto: “Rhapsody in a Natural Seduction” Cortesía & © by Jeffery Scott

 

 
Publicado por Anamar a las 05:00

Respuestas
21 Mayo 2007 - 16:45
Enviar un emailANGEL...
Placer que me provoca cada vez que te leo, querida Anamar... Imágenes que trasportan.... Un beso"bella mujer".
27 Mayo 2007 - 22:16
Enviar un emailAnamar
¡Gracias por tu comentario, Ángel! A mí también me provoca un enorme placer escribir 4stas historias y compartirlas con los lectores de Voyeur. Besos

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