Debe ser el tiempo que hace que ni te veo ni te intuyo lo que me hace recordarte y desearte de esta forma tan arrogante con la que lo estoy haciendo.
Recordarte dejándome cabalgarte, ansiosa, viciosa, salvaje, como sabes que a mi me encantaba hacerlo.
Recordarte mordiendo mis pezones, intentando incorporarte para abarcarlos mejor con tu boca y yo, de nuevo, mirándote a los ojos y ordenándote con ellos que no te movieras.
Te quería a tí, y por encima de todo, me quería a mí.

Sí, debe ser el tiempo que hace que desapareciste de mi vida lo que me hace ahora desearte con más pasión que nunca, con más ganas, idealizando tus embestidas, idealizando tu lengua paseándose por mi clítoris, palpitante, mojado, anhelante..
Y es que deseo encontrarte, donde siempre, y actuar, como siempre, con la naturalidad que lo hacíamos, como dos amigos, y cogernos de la mano, como siempre, y rozarnos con los labios, y desaparecer entre las callejuelas del centro: oscuras, estrechas, tímidas; y subir las escaleras a tu casa, como siempre, y en el último tramos besarnos hasta perder el control.
Y es que deseo que me desvistas antes de subir a la cama, que adornes con galletitas mi cuerpo, y lo mojes con tu lengua, y me mires así, como tú me miras: así, justo así...
Foto: Cortesía & © by Raymond Ellstad