Como siempre he tenido la suerte regular de vivir en pisos junto a solteros desbocados o a parejitas recién casadas, me he llevado una jartá de polvos ajenos a los oídos, hasta el punto que una ya sabe reconocer la que finge de la que se va.
A esto hay que añadirle mi propia experiencia, que yo también he fingido, generalmente cuando el amante de turno se ponía muy pesadito con lo del “¿Ya? ¿Ya?” o era de esos hiperdominantes que no dejaban meter cuchara (o dedo, para ser más precisos). Por no hablar de los infumables come-coños-cual-melón que te dan ganas de decirle “¡Deja la lengua quieta de una puta vez allí justo allí!” y te reprimes porque el angélico está echando el resto.
(¡Coño, qué andaluza me ha salida la exposición).
El caso es que hace ya unos años mi amigo Mauri me contaba un polvo fenomenal y yo creí ver una fingida de orgasmo monumental y tal cual se lo expuse.
–Bah, me importa una mierda que se corriera de verdad o no. Yo no sé diferenciar la que me finge de la que es sincera en la cama, así que yo me lo paso de puta madre creyéndome un machote, sea o no sea la realidad –contestó.
Ya no le hizo tanta gracia cuando su mujer le pidió la separación hace unos meses y a grito pelao le espetó que además era un amante mediocre que nunca le había arrancado un orgasmo y que después de fingirle unos cientos de ellos, esperaba a que él se metiera en la ducha para masturbarse rapidito.
Ahora Mauri dice que cuando se folla a una tía le dice antes de empezar que si va fingir, que no se lo cuente nunca.
Todo esto me ha hecho pensar que en el amor puede haber posturas similares.
(He dicho “en el amor” no “haciendo el amor”)
Yo no soy absolutamente capaz de asegurar si alguien me quiere o no me quiere, pero puedo sentirme querida si mienten bien y actúan como si lo sintieran.

Me da igual la realidad: basta con que las palabras, las miradas y las acciones sean lo más parecido posible a lo que yo creo que es el amor.
Si te llevan a cenar, si te llaman cuando dijeron que lo harían, si te follan a cada ocasión como si fuera la primera y la última vez, si te dicen que eres preciosa y eres princesa y eres maravillosa, si te cuidan y te besan y te atrapan y te enganchan, si te conquistan en cada gesto y en cada caricia, si están allí y se dejan sentir allí… ¡Qué más da si todo eso es cierto o es simulado!
Lo único que pido, como mi amigo Mauri, es no enterarme nunca de que todo fueron mentiras.
¡Vaya! Acabo de caer en la cuenta del porqué a las esposas de los infieles les da igual lo que hagan sus mariditos cuando salen de casa, porque lo que les importa, realmente, es que vuelvan a casa.
Igual que a mí lo que me importa es que a día de hoy no tengo idea de si Cristóbal estaba tan enamorado de mí como dijo, mostró, creó, vivió… porque yo me sentí profundamente amada, como nunca hasta entonces, y eso es lo único que, seguro, nunca confundirá mi memoria.
Foto: Cortesía & © by Mehmet Alci