Se llama Valérie Tasso, nació
en Francia, tiene treinta y ocho años y una vida que podríamos calificar como
singular y bastante emocionante, aunque ella sostiene que prefiere la
tranquilidad.
Estudió en Francia y se licenció en Ciencias Económicas y a continuación
en Lenguas Extranjeras Aplicadas, carreras que la llevaron a trabajar en
empresas multinacionales, en altos puestos directivos.
Bella, inteligente, sensual y exitosa, como suele ocurrir con una mujer
sana y con carácter, Valérie quería disfrutar del sexo en toda su plenitud y no
privarse de nada. Descreía de los prejuicios y ciertas convenciones sociales que
se nos inculcan con la educación.
Curiosa como es –cuando vivía en
Barcelona–, y en su afán de experimentar lo más posible y disfrutar de su
sexualidad, un día Valérie se dijo que quizás era momento de dar un vuelco
trascendental a su vida. Fue así que tomó la decisión de convertirse en una
prostituta de lujo.
Sí,
como lo leen.

A su juicio la represión que
históricamente el estado ejerce con la prostitución –las autoridades de
Barcelona persiguen a las prostitutas con fuertes multas–, nacen del miedo, “...
porque la prostituta es el reflejo de la condición humana, del sexo. Francamente
a mi me molesta más ver a dos policías armados que una prostituta en la calle.
Esta actitud de poner multas no me parece inteligente. La prostitución es un
hecho y gracias a ella hay mucha gente que soporta el estar en este mundo. En
Dinamarca utilizan el sexo para ‘sanar’...”.
En la actualidad ha abandonado esa
actividad profesional, aunque sigue vinculada al sexo cursando su segundo
postgrado en Sexología y plasmando sus experiencias en tres obras: “Diario de
una ninfómana”, “París la nuit” y su última obra “El otro lado del
sexo”.
En
este último libro se dedica a profundizar en el tema del orgasmo vaginal –a su
juicio no es tal, como tampoco la estimulación del punto G–; de prácticas sexuales que incluyen el sadomasoquismo y el
voyeurismo; del orgasmo masivo y prolongado que aseguran se puede aprender en la
escuela de Vera Bodansky y su pareja o en el Instituto del Placer
Femenino de Nueva York; de la abstinencia sexual; de las prostitutas vistas
como “enfermeras sexuales” –sexoterapia–, y de la cirugía estética como
manifestación de la obsesión por conseguir la eterna juventud.
Cuando en un reportaje se le preguntó cuál era el objetivo que buscaba al escribir su libro, Valeríe manifestó: “Demostrar que en el sexo todo es válido. Que los límites los pone cada uno. Cualquier práctica erótica es válida siempre que haya consentimiento mutuo. Así que el libro viene a demostrar que no existe el otro lado del sexo. El sexo es el sexo, y tiene muchas expresiones: los genitales, una mirada, un juego, una fusta. Podría haber escrito el típico manual de ‘Cómo hacer gozar a tu pareja en la cama’, pero me parece lo más horroroso porque no hay una sola manera de hacer gozar”.
Con
un humor tan exquisito como ácido –a su juicio “el sexo es humor”–, cuando habla
de sí misma en la época que trabajaba como prostituta, admite que: “Iba escasa
de novios de verdad, porque los que me surgían era más bien por el morbo de
salir en los medios...”, pero en la actualidad ha formado pareja con un hombre
al que califica como extremadamente inteligente, que no le obstaculiza su tarea,
por lo que se permite indagar acerca del sexo en la práctica y luego escribirlo
en primera persona: “Él sabe quién es él y quién soy yo, y me quiere tal y como
soy. Cuando te enamoras lo haces de lo que representa esa persona y lo que
conlleva”.
Ahora su máxima aspiración reside en mantener su página web, terminar su segundo postgrado en Sexología y dejar de lado el “trabajo de campo”, para hacerlo más “académico”.
Una diosa, la
francesita Valérie Tasso.