Pues al final no pude evitarlo pero me acosté con Josep.
Sí pude evitarlo, vale, sí, sólo tenía que haber dicho que “non”.
Pero se puso tonto, empezó a decir que mis tetas le gustaban mucho más que la silicona de Lorena, y luego dijo cosas como “te quiero, gabachita” y aunque sigo sin entender si “gabachita” es despectivo o es un halago –me dicen versiones de todo tipo–, a mí me derritió todo aquello.

Fuimos a su casa, había dejado a los niños con la abuela y sé que no está bien acostarme con él en la cama de Lorena y luego encontrarme a Lorena por los pasillos de la empresa contándome lo contenta que está con su cirujano plástico, pero fui feliz.
Al acabar después de que me hiciera el amor como si llevara dos meses sin hacérmelo (bueno, es que llevaba dos meses sin hacérmelo) me preguntó si pasaba algo entre él y yo.
–No sé.
–Lulú, yo te noto distante y no sé si he hecho algo que te moleste.
–No sé. Tu mujer va contando por la empresa que se ha operado las tetas y su vida sexual funciona de maravilla ahora.
–No es cierto. Al menos no conmigo. Seguimos como siempre. Unos días está agradable pero la mayoría del tiempo está de mal humor y no deja ni que la toque.
–Pero ya hace un año que hacemos esto, Josep. Y no nos lleva a ningún lado.
–¿Quieres dejar de hacerlo?
–No sé.
Muchos “no sé” después, volvimos a hacer el amor y esa vez me lo hizo como si llevara toda la vida sin hacer el amor a alguien a quien quisiera de verdad.