Colección Voyeur

Viernes 29 de Junio de 2007
En trauma no se descansa

Tres días sin saber de Cristóbal. En su última llamada, el viernes, con un decalaje horario de diez horas, Cristóbal me comenta que le aburre soberanamente la Riviera Maya y ha decidido llevar a los chicos a Disneylandia, en Los Ángeles, aun teniendo en cuenta que el mayor de ellos, Cristóbalito, anda medio salido atacando a toda mejicana viviente y desde luego muy poco interesado por pasar un par de días abrazado a Minnie y comiendo nubes de algodón.
Lili sigue con su padre, en la otra punta de España, por lo que rápidamente pierdo el interés en la conversación paternal de mi amante y me dedico a escuchar su voz sin prestar cuidado al mensaje, imaginando su polla fabulosa en mi boca y esa pasión con la que acompaña el movimiento de mi lengua por su capullo, algo así como “¡Jóder que bien la comes, cariño!”
Al despedirme de él con un sincero “Te quiero”, mi móvil vuelve a sonar casi de inmediato y apenas reacciono cuando aparece en el display el nombre de Emilio, el traumatólogo que creí no volver a catar.
Emilio me dice que está solo esta noche en casa y que si yo también lo estoy me invita a tomar un par de copas de cava. No me apetece especialmente, pero la escena calenturienta de Cristóbal agarrándome la cabeza por el cogote para evitar que suelte su miembro cuando está a punto de correrse, ha revuelto mis hormonas y, ¡qué cojones! no tengo nada mejor que hacer esta noche.
Llego a casa de Emilio a las once y media. Tiene un insultante piso de millonario en el mejor barrio de mi cuidad, con piscina comunitaria, portero (y no automático), y sofás de Natuzzi de piel negra.
Nada más servirme una copa del prometido cava (un Anna de Codorniu muy apropiado), me suelta una disculpa que me sume en una profunda alucinada, como si me hubiera metido medio LSD con un Bourbon triple:
–Siento no haberte llamado antes, Amanda. He estado desbordado de trabajo.
Me apetece decirle: “Francamente, querido, me importa un bledo”, pero me reprimo y le suelto un diplomático:
–No te preocupes, encanto. Yo también he ido de cabeza estos días.
La conversación me parece de lo más aburrida. Me cuenta un poco de su vida, del último viaje que hizo a no recuerdo dónde y algo acerca de su reciente divorcio que me la trae bastante floja. Me pregunto cuándo me va a besar o cuándo vamos al tema o cuánto le falta para dedicarse a mi coñito o cuándo cojones dejará de hacerse el inteligente y empezará a hacerse lo que es: el polvo de esta noche.
Se coloca un condón en un plís plas, pero a mí me apetece comérsela, así que se lo quito y forcejeamos un rato, él "Que te la quiero meter" y yo "Que te la quiero comer" y gano yo, o gana él, según se mire, porque el tío tiene un orgasmo fabuloso gracias a mis artes.
Una vez acabada la relación, se pone a hablar de nuevo. Yo me quiero ir a mi casa, pero me saca un álbum de fotos (¡Dios! ¿Qué le pasa hoy a este tío?) y me enseña a sus hijos, dos churumbeles de cuatro y dos años rubitos como de anuncio de pañales.
Como veo que el tío tiene para rato, decido amorrarme de nuevo al pilón y allí que le hago otra mamada, él con el álbum ya tirado por los suelos, todo con tal de que se calle y deje de contarme su vida.
Media hora más tarde, se queda abrazado a mí y me dice:
–La semana que viene podríamos ir a cenar juntos.
–¡Uy! Buena idea, pero para eso, hay que descansar desde ya... así que lo mejor será que me vaya a casa.
Me las apaño para largarme por patas. De regreso a casa, con música de los Gypsy Kings sonando rollo hortera a todo trapo en mi coche, con mi Chester sabiéndome a gloria, me pregunto si Emilio me gusta.

Tiene unos impresionantes ojos verdes, un cuerpo musculoso a base de muchas horas de gimnasio y un pollón que harías las delicias de cualquiera. Y se siente solo, muy solo. Me inspira cierta ternura.
Pero ya en mi cama, a punto de caer rendida, ´todavía con el sabor del cava mezclado por el de su semen, mi último pensamiento está en Cristóbal y en la frase con la que se despidió de mí antes de partir hacia Los Ángeles:
–En realidad, mi amor, todo lo que hago sólo lo hago feliz porque sé que es un momento menos, un día menos, para volver a estar contigo.
En "Trauma" no descansan, Cristóbal, pero sólo tú, haga lo que haga, eres capaz de darle a mi alma el verdadero descanso que necesita.

Foto: Cortesía & © “Adonis”, by Orlandus

 
Publicado por Amanda a las 05:00

Respuestas
29 Junio 2007 - 06:58
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¿Sabes Amanda? Aquí en Argentina tampoco se descansa en "Trauma".... "fate or coincidence"jajjajaj "coincidence" Un beso. Ciao.

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