Colección Voyeur

Sábado 30 de Junio de 2007
Vestido de fiesta

Me llegan desde el cuarto esos ruidos que reconozco, el familiar murmullo de la intimidad: las puertas del vestidor que se abren y se cierran, el taconeo de las sandalias, el susurro de una tela.
Puedo imaginarte en la habitación, una pierna apoyada en el borde de la cama, poniéndote las medias negras, con esa habilidad de movimientos tan privativos como propios de tu condición de mujer.
Sabes –no necesito decírtelo–, que me resulta voluptuoso ver cómo te pones las medias, desplegando la malla hacia arriba, por las piernas, pasando la rodilla y subiendo hasta los muslos, para terminar ajustándolas con el tirador del portaligas, con ese dejo de sensualidad que le imprimes a cada movimiento.
Percibo en el aire el aroma intenso de tu perfume preferido. El que más te gusta, el que mejor le viene a tu piel, el que más me excita y que se adelanta al instante en que abres la puerta y apareces.
El cabello suelto cayendo sobre tus hombros. El maquillaje apropiado para resaltar tus ojos color de mar. El collar de oro y los aros haciendo juego, resplandeciente. En las manos, sólo ése anillo de sello en tu dedo meñique.
Y el vestido de fiesta que nunca había visto y que deja poco librado a la imaginación.
Por delante, el escote osado, que no se permite la obviedad. La opulencia de tus senos erguidos, desafiantes y orgullosos, mostrándose apenas lo necesario para cautivar, torneando la tela oscura y tenue, el contraste perfecto para la blancura inmaculada de tu piel.
Sonríes, das una media vuelta y te volteas.
Por detrás, las manos enlazadas y  toda la tersa hermosura de tu espalda, bordeada a los costados por la tela que cae a pico y se une en un vértice sugerente en ese punto que delimita la cintura como una frontera imaginaria que la separa de tu grupa.
–¿Cómo me queda? –preguntas.
–Espléndido.

Me lo habías anunciado; me habías dado apenas un anticipo. Lo estaba esperando.
Un momento antes, sólo podía hacerme una idea. Ahora, no queda ningún lugar para la duda.
Debajo de ese vestido de fiesta sólo medias, portaligas, unas gotas de perfume y  tu piel.

Foto: Cortesía & © by Donatella Tandelli

 
Publicado por Simon a las 05:00

Respuestas
30 Junio 2007 - 09:40
Enviar un emailAngel...
Si, sólo para tus ojos... Te lo advertí ¿verdad? Aquí me tienes... Ahora solo resta Besar tu cuello Sentir tu olor disfrutar de tus besos Perdermos en la noche mientras tus dedos recorren mis escotes mas osados... ¿Que más puede pedir un Ángel? BESISSSSS Ángel&Ángel.
30 Junio 2007 - 20:09
Enviar un emailvaleria
simon... que lindo lo q escribis de tu mujer... que feliz estara ella. no es comun que un hombre haga semejante descripcion.
14 Abril 2008 - 22:04
Miguel Angel Cheru@
Simón: cuando la veas enfundada en su nuevo vestido creado exclusivamente para ella... Sentirás cómo más de un hombre soñará cada noche, con llevarla a su cama... Debajo del vestido sólo medias y portaligas y unas gotas de perfume Ángel o demonio esa fragancia especialmente creada para su piel, que te traslada a un mundo de sensaciones extrañas y difíciles. Angel es una radiante y enigmática mujer que me quita el sueño... Tengo que confesarlo públicamente. Yo en tu lugar no la dejaría sola ni un segundo... Que suertudo sos Simón... Un abrazo. Miguel Angel.

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