Nos habíamos pasado toda la semana jugando pero hasta mi regreso de vacaciones no tuve la confirmación de que hablabas totalmente en serio. Allí estaban, instrucciones precisas en un email de todo cuanto debía hacer antes de vernos nuevamente, hasta aquel momento siempre pensé que me estabas tomando el pelo y todo cuanto me habías dicho era una broma más.
Era viernes, lo recuerdo, igual que puedo recordar perfectamente los nervios que sentí durante toda la jornada.
Llegué al lugar indicado con varios minutos de antelación y sentada en el coche repase mentalmente tus indicaciones por última vez. Aun no era la hora y el tiempo parecía haberse detenido a la vez que mi corazón cada vez latía con mayor violencia.
Las siete.
Me dirigí hacia esa nave industrial y tal como habías dicho encontré una de sus puertas abierta. Entre y cerré con llave, antes de hacerlo, pero, pensé en darme media vuelta, desconocía el motivo pero estaba intranquila. Empecé a caminar por un pasillo mientras podía percibir tu mirada, no sabia donde estabas pero sabia de tu presencia. Supongo que pensaste en todo, un lugar desconocido, la tarde poniéndose, luz escasa…
Cada vez estaba más nerviosa.

Por unas escaleras accedí al piso superior, no me fije en mucho, sinceramente, solo podía percibir que seguía siendo observada desde algún lugar que yo desconocía.
Ahora ante mi se encontraba un despacho con las luces encendidas. Entre en él y tal como me habías pedido fui desnudándome. Solo mi ropa interior me cubría. Me fui a sacar los zapatos pero entonces me vino a la mente que me habías pedido los dejase puestos.
Me coloque un pañuelo sobre los ojos y espere…
Podía escuchar pasos, ahí estabas, pensé.
Me sorprendió que no me besases, me sorprendió no sentir tu abrazo, apenas me habían tomado de las manos y me conducían hacia otro lugar.
Ahora si, alguien me besaba, pero casi distante, no me dejaba tocarlo, no me dejaba palpar su cuerpo… O era mi mente quien me engañaba.
Empecé a tener dudas. ¿Y si no eras tú? Era extraño, estaba excitada pero a la vez temerosa. Las caricias eran solo por su parte, cada vez que yo intentaba tocar y comprobar que era tu cuerpo se alejaba de mí.
Lo había escuchado con toda claridad, desde el otro lado de la habitación había percibido el ruido una silla que se movía. No estábamos solos. ¿O si? Tus labios, tenia la certeza de notar tus besos.
Recuerdo mi espalda arqueada sobre la mesa, notar mi humedad floreciendo y el deseo creciente… A estas alturas solo llevaba puestos los zapatos.
Note la embestida en mi cuerpo, caricias en mi piel, gemí de placer… ¿Pero eras tú?
Sacaste el pañuelo que me había cubierto los ojos desde mi llegada a la zona de despachos, te vi sonriendo e instintivamente mire hacia donde creí intuir se hallaban las escaleras. No había nadie.
Reíste. "Estamos solos, tranquila". Y tus labios se pasaron en los míos.
Habías estado tomándome el pelo desde el principio, una cuerda atada a una silla me confirmo como es capaz de engañarnos la mente…
¿O habías tenido en cuanta también este detalle y seguías manipulándome a tu antojo? Me besaste, volviste a tomarme en tus brazos y de nuevo sobre aquella mesa nos sentimos con la mayor de las intensidades…
Al día siguiente me dolía la espalda, pero sinceramente, fue memorable.
Foto: Cortesía & © by Johannes Barthelmes