Colección Voyeur

Viernes 13 de Julio de 2007
¿Me odias...? Yo también

Yo, como todos, me rodeo a veces de gente que no soporto. O al contrario: no soporto a veces a alguna gente que me rodea. Pero esencialmente a la que no me soporta a mí. O al contrario: empiezo a no soportar a la gente que no me soporta.
Así de buenas a primeras iba a resultar difícil que alguien me resultase insoportable: contrariamente a lo que aparento, me suele gustar todo el mundo: el chulo, la tonta, el cabrón de turno, la pelota, el frikkie, el maki, la hortera, la portera, su marido, el simpático, el guapo, la inteligente… todos tienen cabida en mayor o menor medida en mi concepto de “es genial” aunque con algunos me vaya de copas y con otros pues no.
Tengo la increíble capacidad de despertar miles de antipatías en personas especialmente inseguras pero que quieren no serlo.
Me explico: aquellas mujeres sin éxito profesional que mueren por tenerlo, aquellos hombres tímidos cuya mayor ilusión es ser extrovertidos, aquellas que nadie escucha y que se sienten frustradas por no ser escuchadas.
Y por supuesto, aquellas mujeres feas que hacen lo imposible por aparentar ser guapas. Las que buscan ser objeto de deseo y no las desea ni el obrero de la obra de enfrente. Las que odian su cuerpo y se machacan a gimnasios y a operaciones de estética.
Ya he contado, a sazón de la historia de mi becario, que en mi Lugar de Trabajo 1, no soy ni de lejos la más guapa. Es más: creo que estoy rodeada de mujeres excepcionalmente guapas, lo que a veces me hace parecer incluso del montón. Me gusta mirar a mis compañeras, tengo un sentido de la estética bastante objetivo: una mujer guapa es una alegría para mi vista, no tiene porque mediar en ello un elemento sexual, aunque a veces también, porque hay algunas que de no ser porque el tema lésbico no acaba de motivarme, me las follaba sin dudar.
Me gusta ver como con la entrada de la primavera (casi verano) mis niñas pasean modelitos blancos con tanguitas insinuantes, tops de colores, melenas al viento, falditas apretadas, sandalias perfectas, pies de uñas pintadas y morenos diversos.
Todo ello amenizado por el hecho de que la gran mayoría son incluso más jóvenes que el becario. Así que mi Lugar de Trabajo 1 es un pulular de mujeres hermosas (y hombres también) de buen ver, por cierto.

Pero yo debo desprender completa seguridad en ese aspecto físico: me cuido lo justo, me arreglo más justo todavía y no me importa en absoluto ser la senior del montón. Bah, me sobra seguridad y me falta envidia.
Así que mi compi menos agraciada (también hay un par de esas gorditas o directamente feítas) me odia profundamente. Jamás a día de hoy he tenido encontronazo alguno con ella, al contrario: en una situación profesional trágica fui la única en prestar mi ayuda con cariño y con completa entrega.
Pero ella me-o-dia. Me mira con desdén. No me saluda. No me habla. No se ríe cuando se aglomeran todos a la hora del café para escuchar y reír mis ocurrencias. No pide consejo allí cuando todos acuden a mí. Se nota una profunda amargura respecto a mí. Y me duele lo justo, no sé por qué le resulto tan insoportable.
Trato de ser amable, trato de integrarla, la invito a todas las cenas que organizo (también soy de las que mueven grupos para tomar cervezas, o para cenar cómodamente). Pues nada: purito odio, ya os lo digo.
Ayer comenté esto con Elenita y ella me miraba callada y asentía. Y al cabo de un rato me dijo:
–No te comas la cabeza. Te odia porque no puede ser como tú. Y lo peor, es que quiere ser como tú.
Podría haber elegido ser como Elenita y su metro ochenta y su lacio cabello negro y su vida feliz junto a su novio el dibujante de comics. O como Mónica perfectamente casada luciendo su precioso primer embarazo bajo blusas de impecable costura. O incluso como Paola cuyo fondo de armario parece donado por Mango para que luzca como nadie sus nuevos modelos de temporada. O, si me apuran, hasta como Lucía con su sonrisa siempre puesta y su envidiable puesto de psicóloga adjunta.
Pero no: ella quiere ser como yo.
Así que ya no la busco para ganarme su simpatía: ahora me dedico a odiarla. Por ser tan estúpida como para envidiar a una mujer que podrá ser cualquier cosa, menos motivo de envidia.

 
Publicado por Amanda a las 05:00

Respuestas
13 Julio 2007 - 08:26
Angel
ES verdad Amanda...yo tambien muchas veces he sido motivo de esas "envidias sin sentido"como yo las llamo. Son mujeres que siguen colaborando en su propia destrucción. Alguna vez leí un artículo que decía algo así: Participar de la alegría de otra mujer en lugar de barrenarla con insinuaciones; conducirla hacia una orientación positiva, en vez de alimentar su desconsuelo pasajero, puede despuntar muchas flechas y hacer florecer un jardín, o a lo mejor más de uno... Así que Amanda... Jardines en las ventanillas, jardines en las oficinas, jardines en las casas, jardines en los techos, jardines en el corazón.... Si, Amiga si todo florece, desaparecerán los motivos para lanzar flechas. Besos de esta amiga que te "envidia SANAMENTE" la genialidad...jajjajajja
13 Julio 2007 - 13:00
Enviar un emailJose A.
Hola Amanda, gusto en conocerte, sabes despues de leer lo que escribes, te puedo decir desde mi punto de vista de hombre que mujeres como tu desafortunadamente hay poca, y me refiero a que eres una mujer conguente, lo que piensas lo dices y sabes eso crea mucha envidia en la gente no solo en las mujeres. Te felicito, tu diras en que me baso en decir que eres conguente. En que ahora tengo ojos para ver y oidos para escuchar, cuando te has dado esa oportunidad te das cuenta que la gente al emitir un mensaje ya sea hablado ó escrito te esta diciendo como es, desafortunadamente en alto porcentaje de la gente en este planeta nos escucha ni ve. Y por favor sigue como eres, eso genial. Yo no pierdo la esperanza de encontrar a una mujer que por sobre todo sea ella, asi como tu eres. Me despido y espero que encuentres lo que buscas.
29 Enero 2008 - 20:51
Enviar un emailJOANOT
La verdad yo pienso que las mujeres son muy, muy.. DEMASIADO DIFICILES de entender. son muy dificiles de convencer y tras de eso son crueles, no solo con los hombres, sino tambien entre ellas mismas. son todo un laberinto.

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