Antecedentes:
Mujer de treinta y siete años, divorciada, una hija, acude a consulta derivada por el médico de cabecera (¿O era por el médico con quien se iría a la cama de cabeza?), con un amplio historial de amantes y un par de preciosas tetas… digo… y un par de rupturas aparentemente dolorosas. Refiere que desde hace unos días, tras un episodio de desentendimiento verbal con una persona del sexo opuesto (nótese que en este punto, la paciente se detuvo en la palabra “sexo” y a este doctor se le originó una erección que duró los treinta y siete minutos en que ella se empeñó en contarle lo que significaba dicha palabra en su vida), tiene recurrentes obsesiones, es decir, pensamientos incontrolados, que invaden su cotidianeidad.
Orientación diagnóstica:
La paciente está lúcida en el momento de la exploración, habla con coherencia, orientada y sin síntomas físicos observables (aparte de una faldita blanca monísima y las uñas de los pies pintadas de rojo pasión).

Las obsesiones provienen de la incomunicación subsiguiente al episodio de desentendimiento verbal lo que la ha llevado a auto alimentarse cognitivamente (osease: “comerse la cabeza”) infiriendo conclusiones a cada cual más absurda, aunque a mí me gustó especialmente la de que el hombre de sexo opuesto había sido secuestrado por unos sicarios enviados por no sé cual de sus ex amantes, que a la media hora yo ya me estaba haciendo un lío con tantos nombres de hombres.
En consecuencia presenta angustia, ansiedad, nerviosismo y estado de ánimo deprimido pero no mucho porque se rió bastante cuando un servidor le preguntó si algún otro hombre la había puesto anteriormente nerviosa.
Entrada en el ciclo obsesivoide (pensamiento irracional, angustia, más pensamiento irracional, más angustia) se le diagnostica de “comida de olla fenomenal” y se le recomienda lea “Pienso, luego no existo” o bien que se coma otras cosas, que este doctor se ofrece sin dudar.
Pronóstico:
El pronóstico es leve-moderado porque la paciente tiene toda la pinta de superar sus comidas de ollas con relativa facilidad.
Orientación terapéutica:
Se recomienda simplemente hable con el ya citado hombre del sexo opuesto para preguntar y tratar de hallar una explicación racional al desentendimiento verbal, y así ya no tener obsesiones y empezar a tener certezas.
Acompañado de un Aalto de regusto ligeramente amargo en boca y recuerdos de aromas de madera y frutos rojos salpimentados … –perdón, esto era del curso de cata de vinos–, acompañado, decía, de una predisposición sincera a la reconciliación amistosa, una buena conversación evitará las angustias de la paciente y a lo mejor hasta me la trae contenta el próximo día y acepta lo del vino pero conmigo.
Se cita a la paciente a una siguiente sesión en una semana y no cuela que sea a las diez de la noche, por tanto, se acuerda sea a las doce del mediodía.
Se la ve marchar con un movimiento de caderas sugerente… (quería decir) se la ve marchar con un caminar seguro y firme y con media sonrisa convencida, según afirma, de que los pensamientos, si no son confirmados, auténticos y demostrados, son distorsiones que no hacen más que tocarle los cojones a uno.
Y hablando de tocar los cojones… está bien, está bien… me callo y firmo esta historia clínica deseando volver a ver a la rubita esta que me pone cachondo.