Colección Voyeur

Martes 31 de Julio de 2007
Algo de ética

Es curioso como, con tanto que he hablado de mis ex amantes, líos y demás, nunca he mencionado aun aquí a mi primer amor. Así que seguiré manteniendo el misterio. Eso sí, aclararé que nuestra “relación” (me permito entrecomillarla: yo sólo tenía trece años y el churumbel, catorce) finalizó cuando me enteré que se había dado un lengüetazo (o varios) con la que era mi mejor amiga.
Una de las cosas que jamás he hecho es acostarme con un hombre que haya pasado por la cama de una amiga, pero mis amigas se han puesto las botas con los tíos que han pasado por la mía o, visto de otra manera, mis ex se han beneficiado de muchas de mis amistades.
La última vez fue hace unos años, antes de conocer a Cristóbal. Yo estaba enchochada con un tío con el que me había acostado en dos ocasiones y fui a verle acompañada de mi entonces amiguita del alma. Tardé dos semanas en descubrir, de regreso de aquel viaje, que él no se iba pronto a la cama porque estaba cansado ni ella se dejaba acompañar al hotel porque no se encontraba demasiado bien.
Vamos, que follaban a mis espaldas, los muy jodidos.
Mi amiguita, en realidad, se ha pasado por la piedra (que yo sepa)  a no menos de tres de mis ex rollos y no entiendo muy bien porqué ese afán en mezclarse con mis fluidos: a decir verdad, es mucho más atractiva ella que yo.
Una niña monísima. También es igual de cierto que cuando entrábamos ambas en cualquier bar a ella la miraban antes pero a ella la abandonaban también antes porque los tíos estaban hasta el gorro de escucharle su risa “Jijiji” y su teoría acerca de las imitaciones de los bolsos de Louis Vuitton.
Así que tardaban poco en atraparse en su melenita rubia y sus tetas operaditas (divinas, eso sí) para darle un poco más al seso (que no sexo) de Amanda.
Conste que yo estoy de muy buen ver, pero una es consciente de sus limitaciones y dónde haya unas tetas operadas, que se quite todo lo demás (al menos durante diez minutos).

Mi amiguita fue relegada al más cruel de los olvidos a pesar de cientos de perdones y explicaciones, básicamente porque yo nunca lo haría. Y no hablo de dejar al perrito abandonado, que tampoco se trata de eso.
Hace unos días, en esto de los perfiles y demás gilipolleces que me da por hacer desde que no tengo amante estable (valiente incongruencia acabo de escribir) conocí a un tío interesantísimo. Nos pasamos unos días Chat-que-te-Chat y decidimos tener una cita. Antes de ello hablamos como suele ser habitual de anteriores citas a ciegas.
Me contó que hace unos meses había amado a una mujer casada. Le remití a mi blog. Hablamos algo más de ello. Se puso cachondo con alguno de mis relatos. Me gustó que se pusiera cachondo. Me puse cachonda al saber que se había puesto cachondo. Y así venga a tonterías.
La casualidad quiso que conociera a su amante. La conozco hace un par de años y, aunque nos vemos poco ya, fue una buena amiga durante el tiempo que compartimos en el hospital. Con ella compartí, por ejemplo, su aventura extra matrimonial con un hombre que había conocido a través de un Chat y que era interesantísimo.
Automáticamente mandé un mail al tío interesante explicándole que jamás tendríamos aquella cita. Pidió explicaciones. Le dije la verdad.
Su respuesta fue: “Nunca habría imaginado que detrás de esa pinta de guarrilla salida y prepotente, existiera una mujer tan elegante.”
Elegante o no, tengo algo de ética: y los hombres de las vidas de mis amigas, jamás formarán parte de la mía.

Foto: “Immacolata” Cortesía & © by Gabriele Rigon

 
Publicado por Amanda a las 05:00

Respuestas
31 Julio 2007 - 18:42
Angel
Comparto la misma ética , respeto los mismos códigos... Un beso

Tamaño de letra
Sindicación
Publicaciones
Publicidad
 
 
Categorías
Enlaces