Esta ciudad, esta casa.
Las que me miran y me acogen ahora.
Me ocupan con sueños imposibles.
Y me llenan a veces con nervios, a veces con calma.
Esta ciudad, este cúmulo de prisas.
Este no vivir repleto de figuras.
Los números, que bailan. Los frescos, en el metro.
A veces tan distantes, a veces tan inmensos.
Este venir de trabajos pendientes, de tareas a punto de acabar con los nervios.
Este llegar a casa y desnudar las paredes, y abrazarme a la almohada de los sentimientos.

Esta ciudad, esta casa.
Las que miran y me acogen ahora.
A veces son de hogar, y otras me odian.
Y sólo quiero pasarme de puntillas.
Dormir como una niña tras los juegos.
Desnuda y derrotada. Y estar sola.
Nutrirme de silencios la cabeza.
Dejar la mente en blanco y descansar.
Porque esta ciudad condensada en papeles, en fiestas de guardar, en estaciones.
En vagones de metro sin paredes.
En viento de los puntos cardinales.
Alguna que otra noche me encuentra caducada.
Y esta casa, este punto pequeño que me abriga...
Protege mi silencio, desnuda mis defensas.
Y así, sin darme cuenta
cuando la noche ruge
y los grillos negros de la luna aún cantan
Te pienso y te recreo.
Esta casa me empuja.
Todavía no se acostumbra, no me acostumbro.
No sé vivir sin ti de madrugada.
Foto: Cortesía & © by Roman Tkachenko