–No logro sentirlo –dijo en un susurro Lumi, esa enfermera gaucha que siempre estaba dispuesta a ayudar.
Ahora ella era quien me pedía ayuda.
Mientras compartíamos unos mates en la sala de traumatología.
Estaba contándome que tenía serios problemas con su pareja. Que no tenían sexo.
–Creo que ya no me quiere. Que todo terminó entre nosotros.
Mi amiga sentía que su relación estaba terminada así que luego de escucharla atentamente decidí hacerle algunas sugerencias.
–Lumi ¿escuchaste alguna vez hablar de los masajes eróticos?
–Ajá.
–¿No te parece que sería algo que deberías probar antes de sentir que todo está terminado? –Lumi se me quedó mirando.
–Mmm... Pero... no tengo ni idea de cómo son ni cómo se hacen...
–Tranquila, vas a ver que no es nada difícil y sí muy grato tanto el hacerlos como el recibirlos..
Así que recurrí a mi experiencia personal. Hablo de algunas técnicas que hacen que mi hombre ronronee como un gatito.
Le expliqué que si en el masaje en general el objetivo es eliminar tensión muscular o reeducar el cuerpo que, por esfuerzos físicos, psicológicos o sociales se ha desequilibrado, en los masajes eróticos se trata de desequilibrar a la persona para que el deseo se manifieste de manera natural, no forzada. El masaje erótico es como ir por más en la búsqueda de placer y cuando la cotidianeidad empieza a socavar el deseo, a reavivarlo.
Si el masaje en general se da sobre el músculo, el masaje erótico se da sobre las terminaciones nerviosas de la piel, para que estimule los sentidos. Porque son los sentidos los que despiertan el deseo. Hay que concentrarse en esas terminaciones nerviosas que son las que muy pocos tienen en cuenta pasado un tiempo y, por lo general, las que consiguen que se nos erice la piel.
Uno de los objetivos principales del masaje erótico es que nos da la oportunidad de descubrir qué es lo que le prodiga placer a tu pareja. Al descubrirlo, y estimularlo, se consigue provocar un acercamiento a través de la excitación.
Recuerdo que cuando le contaba todo esto a mi compañera Lumi, me escuchaba con atención y le había cambiado el semblante.
–¿Me seguís? –le pregunté.
–Sí amiguis... –así nos llamábamos cariñosamente.
–El masaje erótico tiene la peculiaridad de tener una suerte de triple dimensión, ¿comprendés? Es el preámbulo ideal para la búsqueda del placer. Y con el placer, te apuesto doble contra sencillo que tener un orgasmo, te va a ser poco. Y a él también
–¿Los hombres tienen orgasmos?
–Sólo los que aprendieron a reconocerlo y hacen el amor sin represiones ni tabúes y disfrutan del sexo, Lumi.
–Entonces es una terapia sexual en sí misma ¿verdad?
A estas alturas Lumi ya era se había transformado en una discípula muuuuy interesada en saber más. En ese momento me imaginé que con algunas lecciones, podía llegar a ser una “colega” más.
–¿Sigo?
–Sí, por favor.

–Como te estaba diciendo el masaje, la caricia en la piel con las manos, es una de las formas más bellas de demostrarnos mutuamente lo que nos queremos, pero también es una forma excelente de despertar el sexo o de bajar las barreras de la vergüenza y de cortar con ese círculo vicioso del “dejo que me la meta, me muevo un poco, me quejo otro poquito y cuando acaba, nos damos vuelta y nos dormimos”. Y para el hombre deja de ser meterla, bombearte un poco, llenarte y chau picho, a dormir que mañana hay que madrugar. Sirve para excitarse, para tomarse su tiempo, para jugar... ¿No te acordás cuando el sexo era como el juego es para los chicos?
–¡Ay, sí! Como cuando empezamos...
–Y es que el masaje ayuda a crear un espacio de intimidad y a re-conocer el cuerpo de nuestra pareja. Ese que con el tiempo nos resulta aburrido de tan familiar. Porque, Lumi... el problema no sólo lo tiene él, tenés que ser consciente de esto. El problema también lo tenés vos. ¿A cuánto estás de que empiece a dolerte la cabeza demasiado a menudo?
–A veces... –dijo Lumi y bajó los ojos, avergonzada.
–¿Ves? Una por lo general le echa la culpa al hombre, porque empieza a sentirse no deseada y cuando una se siente así, lo que sigue es que se siente fea y rechazada... Nada de eso. Los masajes nos dan la oportunidad de concentrarnos únicamente en el placer. En recibirlo y en darlo. Porque el dar placer es, en sí, un placer.
–¡Guau! Creo que ya quiero aprender cómo hacerlos. Sólo de pensar en esa terapia, me mojo.
–Y hay un nivel más profundo... el masaje tántrico, que nos relaja física y emocionalmente. A mí, a la hora del sexo, me provoca un sentimiento de profundo bienestar... no sé, me siento diferente y anhelo entregarme.
–¿Me enseñás, entonces?
Ese mismo día empecé a enseñarle esas técnicas enriquecedoras y placenteras. Para mí, habían sido casi un milagro. Me acuerdo que descubrí una manera diferente y mucho más intensa de sentir la sexualidad y de liberar mis sensaciones y sentimientos.
Después de hablar durante más de una hora y de enseñarle qué hacer y cómo hacerlo, le dije que primero se asegurara que nadie los molestara y que fuera paciente y encontrara el día en que tuvieran todo el tiempo del mundo para ellos.
–Bueno Lumi ahora solo te falta un detalle: te presto una de mis chaquetas de ambo, bien cortita y cuando sea el momento, le podés agregar un toque juguetón a la cosa y te disfrazás de kinesióloga... a los hombres esos jueguitos de fantasías los pueden.
–¿Cómo me dijiste que se llama esta técnica? –me preguntó.
–Touch for Healt, que quiere decir “Tocar para sanar”. Dale, animate y vas a ver cómo se mejora tu pareja...
Ese día Lumi se fue llevándose mi chaqueta en la cartera.
Una semana después, una mañana pregunté por ella y me dijeron que había pedido licencia desde el jueves hasta el martes.
Y yo me imaginé cuál era la razón.
También pensé que es bueno que el conocimiento se propague, como dijo alguien.
Foto: Cortesía & © by Julia Ardón