Para que sigas
descubriéndome.
Hoy no necesitas un mapa detallado de mi cuerpo que te muestre las colinas por donde te gusta deslizar labios, lengua y dedos, dejando a tu paso una selva de poros húmedos y erizados. Hoy no necesitas un plano para encontrar las hondonadas en las cuales te aventuras, explorando con detenimiento y maravillándote con cada nuevo descubrimiento; o las hendiduras que, entregada y voluptuosa abro para ti con generosidad para que las conquistes a placer.
Hoy no tienes que echar mano a manuales de sexo tántrico para prolongar nuestro éxtasis por horas con deliciosos masajes, delicadas esencias y dedicación mutua. Tampoco debes sorprenderme con una nueva postura del Kamasutra ni hablarme del Tao del amor o del Ananga Ranga. Y por favor no demores en susurrarme palabras apasionadas al oído.
Hoy sólo tienes que concentrarte aquí…

Posa tus bellos labios carnosos aquí y bésame un largo rato, despacio, suavemente, como tan bien lo sabes hacer. Así, mi amor, sí. Óyeme suspirar, gemir, tragar grueso y pedirte más, siempre más, mientras aparto mis largos cabellos para que no te estorben. Cuando sientas que me estremezco temblando como una hoja en el viento, rodéame con tus brazos fuertes, pero no apartes tu boca de mi nuca.
Mueve tu lengua aquí, rápido, con más fuerza, sin titubeos. Escucha mis súplicas y continúa. Percibe la palpitación que se acumula en mi cerviz doblada. Nota cómo se va formando una cascada de estremecimientos, para luego precipitarse veloz a lo largo de mi columna vertebral, bifurcarse en mis caderas y volver a unirse en el centro de mi ser.
Adivina ese momento en que quiero que hinques tus dientes aquí, entonces subyúgame, porque hoy quiero rendirme a ti.