No sé si estoy curada, me empeño en estarlo, pero cuando nadie mira te sigo pensando. Y ya no pienso en ti como antes.
No.
Te siento dentro de mis entrañas, me muero por arrancarte un gemido. Y es que miro mi cama deshecha, y deseo deshacerla contigo.
Porque es que ya no me basta una embestida, ya no me basta mordisco. Ya no bastan cinco besos, ya no basta una mirada. Ya no me basta.
Y ahora mismo, tal como escribo, se me llena el corazón y el alma de una rabia que no concibo, que no persigo y que me llena, y me lastima, y quisiera en este instante agarrarte con mis manos, devorar lo más profundo, dañarte con el sonido de este latido que sigue creciendo y se hace más fuerte, y se hace más rápido y que sé te gustaría volver a probar, volver a comer y saborear.

No quiero más que desarmarte, provocarte, odiarte, follarte, comerte, matarte de la locura. Y esta noche la ternura que un día me inspiraste se rompe a jirones, porque lo que hoy deseo no es amarte. Ya no te amo. Me he convertido en tu sombra cruel, vengativa, bebería tu sangre y la haría mía.
Esta noche será la última noche. Pero quiero pasarla contigo.