–Buenos días, me llamo Amanda y soy Amante...
–¡Hola Amanda!
–¡Ánimo Amanda!
–¡Te queremos, Amanda!
–La última vez que consumé, que consumí, que consumé, bueno, no sé coño, que follé con él, fue hace cinco meses. Desde entonces estoy limpia.
–¡Bravo Amanda!
–¡Ole Amanda, bien por ti, valiente!
–Ha sido un camino difícil hasta llegar aquí, y todavía me falta otro largo camino que recorrer. Echo de menos todos los días ese sabor, el de su polla entre mi boca, joder, perdón, se me escapó, me refiero al de su calor sobre mi piel.
"He estado varias veces al borde del precipicio a punto de tirármelo, digo, de tirarme por él. Pero he sido fuerte y vencido la tentación.
"Desde entonces mi vida es un puto coñazo. Me aburro solemnemente. No más llamadas de madrugada estando él escondido en el garaje de casa, con el morbo que me daba a mí saber que su mujer estaba durmiendo y él mientras lanzándome «Te quiero» y «Te quiero follar» desde allí.
"No más escapadas a hoteles, con lo mona que me estaba quedando mi colección de potecitos de esos de gel y champú que nunca sabes cuál es la diferencia entre el gel y el champú porque son iguales y te dejan igual de reseca la piel que el cabello.
"Tampoco he vuelto a beber vinos caros en restaurantes de lujo acompañada de su metro noventa y dos y sus cincuenta y dos años de experiencia sexual, esa sí que era de lujo. Ni gastado doscientos euros al mes en mensajitos, muchos menos que el alcalde de Puebla del Río, por cierto, que se gastó seis mil euros en mandárselos a su novia desde el teléfono pagado por el ayuntamiento, ese tío sí que era un fenómeno.

"En estos cinco meses no ha habido más polvos salvajes con muchos besos y muchos mordiscos, y muchos «Cabrón, cómo me pones» y sus correspondientes «Hija de puta qué placer me das». Ni mails archirománticos y archiguarros a partes iguales.
"Me he quitado de todo eso. Y sé que vosotros podéis hacer lo mismo".
–¡Así se habla, Amanda!
–Pero, coño, no seáis gilipollas y mantened el amor y la convicción, la pasión y la serenidad, el placer y la diversión de ser amantes de hombres y mujeres casados, que se vive de maravilla y no engorda nada, leñe.
–Amanda, sal del púlpito.
–No no no. Sed amantes, sed infieles, sed muy guarros.
–¡Seguridad! ¡Que la echen ya!
–Viva el libre albedrío, viva lo prohibido, vivan los cuernos
… y se llevaron a Amanda a la fuerza mientras ella seguía gritando “Consumid, consumad, consumid.”
Foto: Cortesía & © by Michael Avran