Colección Voyeur

Viernes 14 de Septiembre de 2007
Qué lástima

Sábado de boda. Me colocan en una mesa rodeada de parejas. Sin solteros a la vista. A falta de pan, buenas son tortas: me agencio en plan egoísta la botella de Protos Reserva.
–Uy... ¿no me dirás que quieres un poco? Si está de malo...
–No, no, es igual –me dice una pija muy pija que me han colocado en la silla de al lado (me apuesto mentalmente dos copas más a que se llama Pitita).
–Y ¿cómo te llamas?
–Paqui.
¡Coño! Me beberé tres copas más, por juzgar antes de tiempo. El marido de Paqui se sirve un copazo a punto de manchar la mantelería fina de lino blanco.
–¿Me pones un poquito, cielo? –dice Paqui-toda-melosa.
–No, no, que a ti te sienta mal el vino.
–Toma, hija, compartamos el mío.
Le sirvo otra copa digna de un alcohólico cualquiera. Paqui sonríe. El camarero pregunta cómo querremos el filete:
–Muy hecho –dice Paqui.
–Anda, no digas tonterías –interrumpe el marido–. ¡El filete se come "vuelta y vuelta"... "saignant", que dicen en Pagíii! Si es que no te enteras.
Me cae bien Paqui. Aunque sólo sea por compensar el odio que estoy empezando a cultivar por el maridito-Pagíiii de los cojones.
–¿Y vienes sola? –me pregunta ella, súuuper indiscreta, como corresponde a las pijas en una boda.
–Sí, estoy divorciada.
–Uy, lo siento.
–Yo no. –contesto
–Debe ser dura la soledad –se inmiscuye el marido–. ¡Qué triste llegar a casa y estar solo! ¡Paqui, coño, hija, qué te has manchado! ¡Cago-en-la!
–No te preocupes, cielo, esto se va con agua... Oye, Amanda, ¿y hace mucho que te divorciaste?
–No me acuerdo -digo mientras me sirvo la última copa de Protos. Paqui, tía... ¿le pillamos la botella a tu marido?
–¿Qué dices? Se cogerá un rebote.
–Pues nos vamos a la cocina y nos cepillamos al camarero rubio a cambio de dos Protos Reserva.
–Uy... qué cosas dices. Cielo... ¿me das un pitillo?
–Aquí no se puede fumar. ¿No te has enterao aun de la entrada de la Ley antitabaco?
–Toma, fuma –le digo mientras me enciendo un cigarrillo.
Al segundo y medio de la conversación que empieza a aburrirme (“¿Y tú a quién conoces... al novio o a la novia?”), suena mi móvil. Es Emilio.
–¡Hola guapísima! ¿Qué haces?
–Estoy en un bodorrio manteniendo una conversación esperpéntica.
–¿Te rescato?
–Te lo imploro.
Emilio aparece cuando ya he abandonado la idea de seguir mirando cómo bailan un pasodoble trece parejas que superan ampliamente los sesenta y unas doscientas más que creen que el pasodoble es un hip-hop moderno. Me apalanco con él en la barra libre (¡bendita barra!) y le presento a Paqui, que está de lo más solita tomándose un cubata.
–Emilio, esta es Paqui.
“Pus-Pus" (sonido de besitos mejilleros muy pijos)
Aparece el marido desde la otra punta, cuál bestia encelada.
–¿Y este quién es?
–Soy Emilio, el chico de Amanda
¿El chico? ¿Ha dicho el chico? Me bebo de un sorbo el vodka que me acabo de servir. Todo hay que decirlo: Emilio está que te cagas con su pantalón de pinzas negro y camisa blanca de cuello abotonado estilo Mao.
Paqui y el marido inician una trifulca. Pierdo la noción de lo que dicen sus labios justo cuando los míos se encuentran con los de Emilio. Me pego un lote adolescente mientras suena “carnaval, carnaval” en pleno mes de octubre.
Me río con Emilio.
–Me gustas, Amanda. No te imaginas cuánto me gustas...
–¿Me sigues besando, a ver si me entero?
–Me voy a poner cachondo en plena boda de la que no conozco a los novios.
–Es igual... yo tampoco.
Me pega otro morreo de escándalo. Por el rabillo del ojo veo a Paqui que se va al lavabo sobresaltada. Yo a lo mío.
A las cinco de la mañana sigo enganchada en un morreo perenne mientras recibo dos mensajes de Cristóbal: “Estaba pensando en ti, princesita. Te quiero”. Nos echan de la boda y me voy a casa con Emilio tan ricamente.

Mientras me subo a su moto, Emilio me toma de las piernas protegiéndome, coloca su casco y me dice: “No te imaginas lo feliz que me estás haciendo hoy”. Enciende la moto y volamos por mi ciudad, sintiendo el aire húmedo de la madrugada sobre mi rostro, agarrada al cuerpo escandalosamente americano de Emilio.
Llegamos a su casa y me desnuda lenta, pausadamente, besando cada uno de mis rincones, descubriéndome algunos nuevos, deleitándose en mis sensaciones. Y me hace el amor acariciando mi rostro, enrollándose en mi cabello, llevándome al cielo entre neblinas alcohólicas y luces de amaneceres.
Nos fumamos un cigarrillo a medias. Mi móvil vuelve a sonar. Es un mensaje de Cristóbal. Lo leo en el lavabo: “Quisiera estar contigo, despertar a tu lado todos los días, quisiera no haberte conocido nunca, porque ahora que te conozco sé que sólo puedo ser feliz junto a ti”.
Vuelvo a la cama y Emilio me hace el amor una segunda vez. Me quedo dormida abrazada a su pecho mientras oigo la lluvia que hace las de banda sonora a este maravilloso instante.
Me acuerdo de pronto de cómo me despedí de Paqui, en la boda:
–Bueno, pues encantada.
–Sí, me marcho ya. Mi marido va cocido, así que me toca coger a mí el coche.
–Bah, no te preocupes... mañana resaca y pasado está el chico como nuevo.
–¿Y tú? ¿Te vas con tu chico a dormir?
–No es mi chico... pero sí, me voy a follar un ratito.
–¡Jo, hija! Qué lástima. ¡Esos rollos horribles de una noche y si te he visto no me acuerdo! Menos mal que yo ya estoy casada y no tengo que pasar por eso...
Y miro a Emilio, y me acuerdo de Cristóbal, y me recreo en sus palabras escritas y pienso, “Qué lástima, ¿verdad?”, mientras visualizo a Paqui llevando a rastras a su marido descamisado y con la corbata colgada a modo de diadema sobre la cabeza.
Si esto es lástima, querida... quisiera provocar lástima muchos años más. 

Foto: “Fashion 31” Cortesía & © by Narcis Virgiliu

 
Publicado por Amanda a las 05:00

Respuestas
14 Septiembre 2007 - 08:49
Angel
Si esto es lástima, querida... quisiera provocar lástima muchos años más... Me encanta tu lástima...te propongo que la compartas conmigo...jejejjejejjeje Un beso "Genia"
14 Septiembre 2007 - 18:02
Enviar un emailAída-México
Amanda, te escribo solo para felicitarte, realmente siempre tus escritos son tan buenos que tienes mi admiración, de verdad FELICIDADES!! y que nunca dejes de hacerlo.
15 Septiembre 2007 - 11:56
Dolores
Leí este relato dos veces.Mi pregunta es: ¿Quién debe tener lástima a quién? Un abrazo .

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