Colección Voyeur

Viernes 28 de Septiembre de 2007
¡Vamos a divertirnos!

Cristóbal tiene la bonita costumbre de reunirse una vez al año con sus compañeros de facultad. Llevan años haciéndolo y en cada una de esas cenas se repiten las mismas situaciones: preguntas del tipo “¿Te has casado?” y “¿Has tenido otro hijo?” han ido evolucionando hacia “¿Aun sigues casado?” y “¿En qué carrera ha entrado el mayor?”. Después de ponerse al día, los cinco machotes cincuentones se van a tomar unas copas e intentan repetir las técnicas de seducción de hace veinticinco años con resultados, parece ser, nefastos.
Se ríen, se emborrachan, hablan de tetas y culos, piropean a las chicas que pasan por delante (“a esta le hacía yo un favor” y “eso sí que son unas buenas delanteras”) y acaban todos durmiendo la mona abrazados a su mujercitas que, generalmente, les sueltan un rapapolvo acerca de la hora de regreso.
Como tocaba reunión y yo estaba aburrida en mi fin de semana, le dije a Cristóbal que iba a verle. Me preguntó que si me había vuelto loca. Le dije que sí. Me dijo que “bueno, vale”. Y reservé un hotel de cuyo nombre y categoría prefiero no acordarme (para alegría de mi cartera que se resintió apenas nada).

A las doce y media de la noche me coloqué (minifalda, botas altas de cuero, top ajustado y cara de no haber roto un plato mediante), en la barra del bar al que acudirían los cinco maduritos.
La entrada fue espectacular. Ni uno solo dejó de bloquear miradas en mi escote que era básicamente de lo que se trataba. Cristóbal con media sonrisa pero disimulando fantásticamente, y yo pidiéndome un vodka con naranja y mirando compulsivamente el reloj de mi móvil... momento en que aprovechaba para mandarle un corto mensaje: “¿estoy lo suficientemente atractiva, tesoro?”.
Diez minutos más tarde, estando todos sentados alrededor de una mesa, Cristóbal entra en acción:
–Le voy a entrar a esa “chati”.
–¿La rubia?
–Si tú vas, yo también.
–No hay cojones.
–¡Pero si es una cría! Esa te espanta en cinco segundos.
–¡Qué dices! Llevo diez minutos observándola y no para de mirar el móvil. A esa la han dejado colgada. Seguro que está deseando que le entre alguien para paliar su despecho.
–Dos segundos. Te dura dos segundos la conversación.
Cristóbal que se levanta en sus vaqueros y camisa blanca y que se acerca. Los otros cuatro mirando medio divertidos, medio curiosos.
–¿Tienes fuego, nena?
–No seas tonto... para soltarme una frase así, tienes que llevar ya el cigarrillo en la mano.
–Joder, tienes razón. Bueno, tú di que sí, que estos no paran de mirar.
–Ah, no... te lo curras como todos, a ver si piensas que te lo voy a poner tan fácil.
–¿Estudias o trabajas?
–Teniendo en cuenta mi edad, eso casi lo considero un piropo.
–Entonces... ¿follo esta noche o no?
–Yo diría que sí... pero si quieres quedar como un fenómeno delante de tus amigos, invítame a una copa y hazme reír con alguna chorrada.
–¿Te cuento un chiste malo de los míos?
Me da un ataque de jaja-jaja. Los amigos cuchicheando. Se levanta uno de ellos y se acerca:
–Oye, tú ni caso a este... que a todas les dice lo mismo.
–Precisamente le estaba contando que tardarías dos minutos en levantarte y decir exactamente eso.
–¿En serio? –Pregunta el amigo.
–En serio – contesto.
Tras las debidas presentaciones (“Yo me llamo Cristóbal”, “Yo soy Amanda”, “Pues yo me llamo Nico”) nos liamos los tres en una conversación de esas típicas de ligoteo con Nico atacando a la yugular y Cristóbal soltando ocurrencias. Trato de abstraerme de la situación e imaginar que es real y me reafirmo en que, sin duda, me hubiera enrollado con Cristóbal aunque fuera la primera que nos viéramos.
Los otros tres amigos se unieron a nosotros cerca de las dos de la mañana, uno de ellos para comentar que se tenía que marchar, y los otros dos para preguntarme si tenía alguna amiga. Les explico con cara de penita que me acaba de dejar mi novio colgada y charlamos un rato todos juntos.
Me piropean, me dicen que “mi novio” es gilipollas por dejarme colgada, el tal Nico me rodea con su brazo y me pregunta si quiero acompañarles a otro bar, yo digo que no, Cristóbal dice que él se queda, Nico dice que entonces él también y los otros dos se marchan a los dos y media.
Sobre las tres y con una borrachera interesante, Nico se retira viendo que la conversación se está monopolizando entre Cristóbal y yo que no dejamos de hablar de mil cosas que ya hemos hablado mil veces mientras me toca disimuladamente el culo.
A las tres y media nos vamos a mi cutre hotel y nos dedicamos a amarnos para despedirnos con un “te quiero, eres única” que redondeó una noche perfecta.
Al día siguiente, de regreso a mi ciudad, recibo un mensaje:
“Hola chati. Me encantó conocerte ayer. Si vuelves por aquí, llámame, wapetona. PD: qué tetas más grandes tienes, jodida.”

Foto: Cortesía & © by Narcis Virgiliu

 
Publicado por Amanda a las 05:00

Respuestas
30 Septiembre 2007 - 18:24
Angel
¡Vamos a divertirnos! VAMOS QUE TE ACOMPAÑO... Muy bueno, EXCELENTE. Te dejo un regalo: http://www.yatv.com/usuario/2007-04/laurapb23/videos/erotica-madonna.html Perdón por la demora...es que aún me estoy recuperando de una "MARATON" shhhhhhhhhhhhhh mejor lo cuento en un pos, con ayuda de Simón...jajajjajjajajajjajja Un beso"Genia"

Tamaño de letra
Sindicación
Publicaciones
Publicidad
 
 
Categorías
Enlaces