En psicología puedes elegir el tipo de terapeuta que quieras ser en función del tipo de terapia que utilices: puedes ser psicoanalista y esto quiere decir que te crees lo que dijo Freud, Melanie Klein y Ericsson. O puedes ser cognitivista y creerte lo que dijeron Beck y Ellis.
Si eres psicoanalista te crees que cualquier problema que tiene tu paciente es porque se enamoró de su madre y odiaba a su padre porque se la follaba. Y que no asume la mierda que ha vivido, que lo que ha hecho es olvidar toda esa mierda. Así que la terapia consiste en que saque su mierda y tú mientras escribes en una hoja y dices “Ahá” y “Mjmm” y también “Oh, eso es porque odias a tu padre.”
Si eres cognitivista te crees que los problemas de tu paciente son a causa de que se come la cabeza y piensa chorradas del tipo “Si este tío no me llama es porque soy un asco”. Y la terapia consiste es demostrarle que no tiene ni idea de por qué el tío no le llama y que decir que es un asco es una tontería porque será un asco para algunas cosas, pero uno no puede ser un asco todos los días de su vida, por ejemplo: si le sale rica la paella pues es un genio haciendo paella.
Los neurotransmisores son unos liquiditos que se derraman por nuestro cerebro según lo que pensemos. Si pensamos en una cucaracha asquerosa dando tumbos por la cocina, pues se accionará un neurotransmisor que provocará una sensación de asco, pero que no es que el asco lo seamos nosotros, ¿eh?
Por eso podemos hacer dos cosas que son: o manipular un poquito los neurotransmisores pensando cosas que accionen neurotransmisores que siente muy bien; o meterse un chute de Prozac que para el caso es lo mismo.
Follar mucho y bien es otra solución, pero bueno, para saber eso no hace falta ser psicólogo.
A mí no me gustan los hombres que te dicen lo que te pasa como si te hicieran un psicoanálisis y te dicen que “A ti te han hecho mucho daño” como si hubieran descubierto el mundo en exclusiva para ti. Porque vamos, para decir tal estupidez, pues es mejor que te echen un polvo y ya está.
Bueno, dos.

Os aseguro que es mil veces más eficaz una buena comidita de coño que un psicoanálisis barato.
Así que cuando a mí me dicen lo del daño y lo del necesitas mucho cariño, pues yo les digo que si con eso se creen que me voy a ir a casa reflexionando la frasecita y voy a escribir en mi blog “Hola soy Amanda y ahora lo entiendo todo, a mí me ha hecho mucho daño y necesito mucho cariño”, pues no.
Pero bueno, que si después va el polvo fantástico, que yo les escucho, asiento, que sí, que sí, que me has descubierto el mundo. ¡Oh! Qué he hecho todo este tiempo viviendo sin saber que me han hecho mucho daño, pero oye, ¿echamos ya un polvo y nos dejamos de chorradas?
No es exactamente así, pero seguro que ahora lo entiendes, ¿verdad?