Cuando me entrego a ti lo hago intentando que emane de mi toda mi fuerza, procurando que toda la humedad que se desliza entre mis muslos la percibas como el fruto del éxtasis que me provoca simplemente el hecho de pensarte. Si me alimento en tus labios es porque justo eso es lo que más deseo en el mundo, si reposo en tu pecho es que no encontré otro lugar más dulce en el que reposar.

Cada contracción es la grandeza del deseo que inspiras en mi, cada espasmo involuntario es una hermosa manera de sentir como mujer el placer devastador que se impone cuando tu sexo y el mío se unen.
Puedo ser gata si quieres y deslizarme sibilina entre tus sabanas, ser ramera y enloquecerte cuando la concupiscencia de mis caderas te asaltan, gitana que se bate por quien la goza, hembra libidinosa que cede su piel a todos según tu voluntad y la suya propia.
No obstante cuando nuestra intransigencia topa de frente puedo odiarte con la misma intensidad con que te amo.
Foto: Cortesía & © by José Manchado