Colección Voyeur

Viernes 12 de Octubre de 2007
Imagina...

Acudes a un clásico evento social. Una fiesta, una cena, un compromiso lúdico laboral, unas copas con unos amigos, no importa.
Buen ambiente, buena música, buen apetito o mejores vinos. Conversación en línea y chicas en línea también. Te presentan a Amanda.
Al principio no puedes dejar de imaginar esos labios en tu polla, tiene un efecto sexy, sensual, algo que invita irremediablemente al sexo. Luego la charla es amena: es divertida, dobla tus ironías, apuesta fuerte, es atrevida, quizás incluso inteligente. Hablas con ella de ese amigo común.
No sabes cómo te has plantado en la clásica conversación sexo-hombres-sexo-mujeres.
Te excita.
No tienes compromiso ni pareja, ni ganas de dormir solo esta noche. Ella te hace sentir un machote, se ríe en todas tus bromas, no sabes si las entiende, pero se ríe, y te mira, coquetea, te seduce. Y te gusta.
El beso llega de pronto, no te lo esperabas pero lo deseabas. Te dice: “Bueno, y si tan bonitos son mis labios… ¿por qué no los pruebas?”
Te tiene un rato más a la espera, no sabes cuánto va a tardar en meterse en tu cama. Hasta que casi de madrugada, cuando llevas dos copas (has obviado la tercera, no quieres que la cosa no salga bien), ella te propone que le invites a conocer tus sábanas.
–Apuesto que son marrones –dice. Te ríes, tú sabes que son blancas.
Llevas seis meses sin follar, seis. Estás tan encendido que no sabes si vas a llegar con tu erección intacta al pasillo.

En el umbral, ella ya se ha lanzado, ni siquiera ha pedido permiso, te mete mano entre el vaquero, te roza la polla, juega con ella a través de tus calzoncillos y entonces te desnuda entero.
Le pides que se estire en tu sofá, subes falda, bajas bragas, pero ella se lanza de nuevo a tu polla, empieza a comérsela, joder, qué bien, te encanta, vas a correrte en cualquier momento, pero no, cuando estás a punto te dice que quiere que se la metas, bueno, mejor, preservativo rápido, y se coloca sobre ti, se mueve un poquito arriba otro abajo, delante, detrás. (Uffff, estás a punto…) Y entonces escuchas como te dice “¡Me corro, cariño!” y ¡Pumm!, un orgasmo ensordecedor.
Ahora es la tuya, piensas. Pero ella de pronto y sin avisar, se retira de ti. Te besa en los labios.
–Voy al lavabo, perdona.
Tarda un ratito, intuyes se está limpiando. Sigues erecto, pero se te ha bajado un poco porque tarda mucho. Parece que oyes sus pasos, vuelve.
Tu turno.
Pero ella se enciende un cigarrillo a tu lado, te dice:
–Has estado muy bien –bueno, sí, pero ¿y yo qué? Así que la besas un poco, cuestión de motivarla. Le besas los pechos, los brazos, te meriendas su hombro izquierdo, sientes que ella se excita de nuevo. ¡Ummm qué ganas de volver a metérsela! Entonces te dice: “Cómeme”.
Bueno, vale. Abres sus piernas y empiezas a comerle el clítoris que sabe tan rico, estás muy cachondo y según los suspiros de ella, está a punto para volver a follar.
Vas a levantar tu cabeza pero ella de pronto la sujeta, se pone a marcar un ritmo, presiona, te dice “¡Sigue, sigue, me voy a correr otra vez!” y ¡Zass! Orgasmo que hace temblar las paredes. Está satisfecha, qué bien, ahora si que te toca a ti, se la vas a meter hasta el fondo, tienes una ganas de correrte impresionantes, estás tan a punto.
Pero ella se levanta de nuevo, ¿adónde va? Aparece con otro cigarro, te vuelve a besar en los labios y te dice “Qué bueno eres comiéndome el coñito.” Bueno, necesita su tiempo, es normal, la cogerás por sorpresa en medio minuto, que se fume el cigarro, que le vas a pedir que te la coma hasta el final ella a ti.
Fuma en silencio y de pronto:
–Bueno, cariño, me tengo que ir –dice
–¿Por qué? ¿Dónde vas?
–Oh, a mi casa. Lo hemos pasado bien, y de verdad que me pareces encantador, pero no quiero ninguna relación seria ahora mismo. No te lo tomes a mal, si quieres podemos ir a tomar café algún día, e incluso repetir si a los dos nos apetece.
–Ya, ya. Bueno, vale.
–Dame tu teléfono, te llamaré.
Le das tu número, aun desconcertado. Se viste en medio minuto, mientas lo hace te sonríe. No te jode, tan satisfecha que se va la tía.
Al marcharse le acompañas a la puerta, por cortesía. Te besa en la boca.
–¡Mmm..! Guapo, que eres un dios en la cama –dice, y se va.
Y te quedas solo, sin orgasmo, sin mamada y sin posibilidad alguna de volver a ver a Amanda.
¿Jode, verdad?
Pues así lo vivimos las mujeres, lamentablemente, la mayoría de las veces.

Foto: Cortesía & © by Dominique Lafort

 
Publicado por Amanda a las 05:00

Respuestas
12 Octubre 2007 - 15:16
Enviar un emailleo
es una pena que asi sea, tu texto vale mas que el resentimiento final, tampoco se puede generalizar. o qué más excitante que sentir acabar una mujer...?
12 Octubre 2007 - 17:10
Enviar un emailloquita
hola!!.. debo decir que es de los mejores textos que has publicado.. por mas que a algunos hombres les duela.. no son taaan genios en la cama.. y mas de una vez te dejar con terribles ganas... asique esta bueno que alguna vez le toque a ellos, no??? saludos!!
12 Octubre 2007 - 18:27
Angel
Muy bueno este relato Amanda... Llegar es importante, pero cuando de sexo se trata "en este caso" hay que llegar primero y saber llegar.... uno de los miembros de la pareja alcanza el clímax y si el otro se queda a mitad de camino o incluso en la línea de largada....será cuestiòn de que se quede mirando el techo... Un beso.

Tamaño de letra
Sindicación
Publicaciones
Publicidad
 
 
Categorías
Enlaces