Colección Voyeur

Viernes 26 de Octubre de 2007
Sexo, del malo

No sirve de mucho todo eso de la liberación sexual de la mujer si los hombres se benefician de ella pero siguen sin hacernos caso. Algunos, algunos.
Como en todo, en la cama los hay buenos, muy buenos, regulares, malos y malísimos, no pretendo generalizar.
Pero si nos concentramos en los regulares tirando a malos malísimos, se da la circunstancia de que están encantados con mujeres activas, de iniciativas tomadas, siempre en beneficio propio.
Ejemplo: aquí el típico tío machote con pollón en ristre encantado de que ella se ponga a cabalgarle y a susurrarle al oído “Métemela hasta el fondo, encanto” y el tío pensando “Joder, que machote estoy hecho, que me tiro a la churri esta en plan Rocco” y claro, pedazo de orgasmo masculino pero y ella, ¿qué?

Estaría bien hacer un mitad-mitad, ahora nos dedicamos a ti, y te hacemos una buena mamadita hasta el final, de esas que te gustan, mirándote a los ojos mientras disfrutamos de tu placer, y ahora nos dedicamos a mí, y me haces lo mismo (bueno, no me mires si te resulta demasiado complicado) pero no me dejes en un preambulito de esos para luego acabar en penetración y otro orgasmo pa’ti, que ya llevamos dos tuyos y cero míos y digo yo que la igualdad sexual no va a ser eso.
El sexo es egoísta, sin duda. Pero en la entrega tenemos que ser todos conscientes, hombres y mujeres, que regalamos el placer al otro y no pasa nada por no obtener el propio, ya que si acordamos empatar en esto del partido sexual, pues tú uno y yo otro, yo te doy y tú me das.
No es tan complicado.
Lo complicado es encontrar a hombres capaces de entender este simple concepto: si tú te corres, yo también.
Como nosotras no somos todas de orgasmo fácil (algunas incluso son complicadas), podemos echarle un par de tetas al tema, llevarnos a la cama un buen anillo vibrador para estimularnos, mantener un espacio suficiente para utilizar bien nuestras manos al mismo tiempo, exigir (sí, sí, he dicho “exigir”) que el precalentamiento clásico sea un fin en sí mismo, en definitiva, no conformarse con menos que un placer compartido.
Por eso yo creo que los buenos amantes masculinos son aquellos que atienden nuestras peticiones sin poner cara de “Joder, ¿ahora? Pero si yo lo que quiero es dormir” como el novio de una amiga que tras correrse con ella la primera noche la abrazó, le besó en los labios y le dijo “Y ahora, preciosa, nos vamos a dedicar a ti.”
Ni que decir tiene que mi amiga lleva una sonrisa perenne y se le ha ido toda la mala leche esa que se gastaba antes de conocerle.
Y que el resto nos morimos de envidia.
Y eso que me consta que muchas de las del “resto” somos de las que pedimos. Otra cosa es que ellos, a pesar de que así debiera ser, nos hagan caso.
Yo mantengo la teoría de que cuando nos recostamos sobre un hombre buscando carantoñas lo que estamos buscando no es conversación, ni amor, ni cariñitos, si no un buen orgasmo que en demasiadas ocasiones nos quedamos sin tener porque él ya ha terminado y lo que le presta es, como mucho, echarse una siesta o ponerse a ver el partido de turno…

Foto: Cortesía & © by Pedro Nossol

 
Publicado por Amanda a las 05:00

Respuestas
26 Octubre 2007 - 15:30
Enviar un emailAngel
Estaría bien hacer un mitad-mitad... Para mi el sexo malo es mejor "dejarlo pasar"... Un beso.

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