Como ahora ando con tiempo y dedicado a estrenar el
nuevo Consultorio y estoy en plan-ganas-de-escribir, voy a aprovechar, que ya
vendrán épocas de sequía.
El mundo del sexo y el erotismo... interesante, ¿verdad? Mi interés por la sexualidad y las relaciones de pareja despertó temprano en mi vida. El módulo de Educación Sexual que tuve en el curso de Monitor de Tiempo Libre cuando solo tenía 19 años supuso el despertar de un interés especial por la sexología y mi primera experiencia con la formación sexológica.
Después de documentarme y leer varios libros sobre sexualidad, decidí realizar el curso de Monitor en Educación Sexual y Orientación Familiar.
Este fue mi primer título y la puerta para mi primera experiencia como ?Experto
en Sexología?: Una charla para alumnos de secundaria.
A partir de ahí todo fue muy rápido. Estudié los dos postgrados de Sexología que hacen que ya sea un Sexólogo titulado, y dediqué considerable cantidad de tiempo y esfuerzo a la creación de la página web Consultas Sexuales con gran éxito. En el año 2006 me embarqué en la aventura del Blog, con
gran aceptación y más visitas de las que me pude imaginar en el primer año de
vida. Todo esto mientras sacaba mis dos carreras de magisterio. Pero suficiente ya con los entremeses. Que estaban deliciosos, pero entremos al plato principal, esto es, nuestro primer tema de hoy.
Un profesor de educación sexual nos explicaba en clase que hay un truco muy sencillo para no sufrir con las rupturas y con los efectos negativos de las relaciones de pareja en general. Él explicaba que hay dos formas de vivir las relaciones de pareja: las relaciones "pera" y las "mandarina", y que si tu relación era "mandarina", sufrirías muy poquito ante una posible crisis o ruptura de tu relación. Ahí va la explicación:

La fruta simboliza la vida de una persona, y como bien
sabemos nuestra relación es una parte de ella. Si mi relación de pareja es
"pera", cuando mi estabilidad "parejil" se tambalee, deteriore, e incluso se
acabe, esto afectará al resto de la "fruta", vamos, que mi vida se verá
gravemente afectada, llegando a sufrir profundas depresiones y, dependiendo de
la persona, teniendo graves efectos irreversibles en mi vida.
Si mi relación de pareja es "mandarina", cada gajo simboliza un "apartado" de mi vida: amigos, familia, trabajo, hobbies, pareja... Así, mi relación de pareja será sólo un "gajo", independiente, sin que influya al resto de los gajos que componen la fruta, y en este caso, mi vida.
Cuando el gajo se vea
afectado, se deteriore, e incluso falte, el resto de los gajos estarán intactos.
Siempre sufriré por la falta de unos de los gajos, pero la fruta no se
descompondrá, faltará un gajo pero la mayor parte seguirá intacta.
Esto, que
parece sencillo, hay que trabajarlo mucho; hay que estar muy convencido de ello
y no dejarse llevar por las pautas tradicionales de relación, en donde parece
inevitable ir perdiendo "gajos" en tu vida a favor de una relación absorbente y
que excluye muchas de las cosas que antes de iniciar la relación eran
enriquecedoras para los miembros.
Por todo esto, un grito a favor de las mandarinas: ¡Peras no! ¡Mandarinas sí!