Colección Voyeur

Domingo 14 de Octubre de 2007
Objeto Sexual

Lo confieso: entre todas las cosas de este mundo posiblemente la que más me gusta es el hombre. El hombre como Ser, como prodigio de la creación. Creo que a esta altura de mi vida puedo decirlo con total propiedad y no me cabe duda de ello. Sin embargo, si bien me gusta el hombre, no me gustan todos los hombres. Y no tiene que ver ni con su aspecto, ni con su estatura, su edad, el color de su piel, su condición social y menos aún con su patrimonio, con lo que tiene o deja de tener.
Me gusta el hombre-hombre. El Hombre, así, con mayúsculas. Ese Hombre que me hace “plin” y me deja patitiesa, boquiabierta, pasmada, aturdida. Ese Hombre que consigue que una se quede absorta, encandilada, caliente y medio turulata, sin poder pensar en otra cosa que tenerlo en los brazos, hacerle mimitos y comérselo todo.
Y en esa actitud soy consecuente y escrupulosa y lo he sido en mi vida desde que empecé a tener relaciones con esos magníficos especimenes del género humano que están en este mundo para hacernos felices a las mujeres... Bueno, por lo menos a las que saben apreciarlos. ¿Me dirán que soy machista? Como quieran. No puedo ni quiero evitarlo. Pis y caca. Y como decía el cuento de Jaimito: “Mi gatito es mío y me lo cojo cuando quiero”.
Sin embargo, también es cierto que hay hombres a los que definitivamente, no entiendo ni  voy a entender nunca.
O.S. era uno de esos hombres.
Bueno, no se llamaba O.S . Se llamaba Jorge –¡Bueh! No “se llamaba”, se llama porque hasta donde sé, todavía está vivito y coleando–, y era cirujano especializado en gastroenterología. Algún ocurrente le había puesto ese apodo porque ya se sabe cómo es la cosa en el ambiente hospitalario. Todo se sabe, todos sabemos que todos saben que todos sabemos, así que no es cuestión de hacerse el puritano ni de ofenderse por cualquier nimiedad, ni de dejar pagando a un compañero delante de las autoridades o escandalizándose porque la pediatra –pongamos por caso–, casada, con hijos grandes y con algunos años pasados los cuarenta, se lleva de vez en cuando al nuevo residente a la habitación de médicos a enseñarle un poco de fisiología humana. (Je, je).
Y al que se le ocurre violar esos códigos no escritos pero tácitamente respetados, así le va. Si uno tuvo y tiene sus trampitas, no debe mandar al frente a un compañero –ni por celos profesionales ni por lo que fuere–, el día en el que se ausentó por dos horitas, y tuvo la desdicha que justo en ese momento al director se le ocurriese preguntar por él. En casos así, aflora la solidaridad del “hoy-por-ti-mañana-por-mí” y todos nos cubrimos a todos. Y el que no respeta esta regla, después que no se queje. No es conveniente escupir para arriba ni hacer pis con viento en contra, como decía mi abuela.
Pero, me estoy yendo por las ramas. Hablaba del cirujano. O.S. era alto, rubio, de ojos claros, elegante, casado con una mujer hermosa, con un muy buen pasar económico, respetable, padre de familia, con una trayectoria profesional impecable y con un magnetismo especial que atraía a las mujeres. Es por eso que nunca llegué entenderlo.
En el ambiente nadie se horroriza si pasa un compañero por atrás y te apoya un poquito y una siente que debajo del ambo hay algo duro y que no se trata de que la tela esté demasiado almidonada. Son cosas que pasan.
Pero O.S. se pasaba de la raya.
No es que te rozara el culo haciéndose el distraído. ¡Qué va! El muy guarango te metía la mano. Y si lo tenías de frente no se conformaba con espiarte el escote del ambo. De ninguna manera. Te metía una mano y te agarraba una teta sin pedir permiso.
En mi manera de ver O.S. era –es, porque no creo que haya cambiado–, un verdadero sexópata y yo fui durante un tiempo una de sus presas más codiciadas porque cuando lo conocí recién me había recibido e ingresado al hospital. Así que lo tenía detrás de mí toda vez que me lo cruzaba diciéndome cosas y metiendo mano en cuanto lugar podía y, en especial, tocándome las tetas. ¡Uf! ¡Me tenía repodrida!
Por suerte Batman –era bastante “guardabosques”, si tengo que decir la verdad–, de puro celoso me puso al tanto de los poderes hechizantes y seductores de O.S. y me aleccionó para que ni se me ocurriese quedarme a solas con él ni en la morgue del hospital.
Un mediodía, cuando estábamos eligiendo los platos para el almuerzo en el autoservicio del comedor para médicos se me acercó por atrás, me apoyó algo duro –que también se sentía e-nor-me– justo entre los cachetes de la cola (creo que si no hubiese tenido el ambo y el guardapolvo arriba quedaba ensartada como el pollo que me estaba sirviendo), y me susurró al oído...
–¿Sabés que sos mi objeto sexual, bebé? –sí, el mismo: O.S.
Error. Eligió el día equivocado. Ese mediodía yo estaba cansada, después de una noche muy movida y con un humor de perros, y advertida del peligro potencial que corría, me di vuelta, lo enfrenté y le pregunté en un tono de voz lo suficientemente alto como para que escucharan todos:
–¿Sabe que usted también es un objeto sexual para mí, doctor?
–¿Ah, sí? –preguntó, con esa sonrisa llena de dientes perfectos, haciéndose el cancherito pero desconcertado por mi respuesta.
–Sí –dije, y agregué, levantando aún más la voz y silabeando, para que no le quedaran dudas: –Es-un-fo-rro.
Santo remedio. Desde entonces, no me jodió más. Creo que ese día el anónimo ocurrente de turno le cargó el apodo de “O.S.”
Y aunque cuando se cruzaba con alguien que lo saludaba con un: “¿Qué tal, O.S.?”, se ponía verde, siguió dedicándose a apretarse a las residentes, a las enfermeras, a las mucamas, a las administrativas y a las médicas que se le pusieran por delante. También se sabía que no se salvaban ni las pacientes, y que eran pocas las que podían resistirse a sus encantos, que los tenía (no seamos injustos), porque se corría la voz que O.S. a la hora de hacer ñaca-ñaca, era una máquina, una especie de “Terminator” sexual que cuando por fin te dejaba, parecía que te habías acostado con toda la tripulación de un barco de marineros senegaleses después de pasarse seis meses embarcados.
También se decía que lo que más le gustaba, lo que lo perdía y lo alucinaba, era hacerte la cola. El sexo anal, se entiende. ¡Ah, no! Nonononono, no gracias. Yo, paso. No es que me haga la “gata flora” y diga “de esta agua no he de beber”, pero la colita, sólo para sentarse por lo menos hasta cuando yo decida lo contrario.
Bueno, así transcurrían los días en el hospital hasta que una mañana me fui al comedor a tomar un café y me encontré a un grupito perteneciente a La Banda, desternillándose de risa.
–¿Qué me perdí? –pregunté, y empecé a reírme por contagio.
–¡Juassss! –La Enana Maldita, que lloraba de tanto reírse y se limpiaba las lágrimas con la manga del ambo–. No-sa-bés-lo-que-le-pa-só-a.O.S. –silabeó, y vuelta al Ja Ja Ja Ja.
No sabía, pero me contaron.
Resulta que a eso de las once de la noche anterior, había llegado a la guardia, el culo más tentador que le podría haber tocado a O.S. en toda su puta vida profesional. Bueno, aclaremos que el culo no llegó solo, sino acompañado por todo el resto de una tremenda mujer –que además de su señor culo tenía flor de tetas paradas, buena cintura, alta, teñida a lo Susana Jiménez–, que se quejaba de dolores abdominales y en la zona de la colita y entonces el doctorcito, muy solícito le señala a la señora la camilla mientras se seca la baba porque se le hace agua a la boca.
–A ver, señora... ¿Adónde le duele –dice, pasándole la mano por la pancita suavecita, piel tersa.
–Ahí, doctor –la señora, muy modosita, estirando su mano y agrega: –Y acá –señalándose los cachetes.
–Tranquila... seguro que no es nada que no tenga solución –O.S. y “bla bla bla”, mientras hacía algunas comprobaciones, porque la tenía casi en bolas a no ser por el corpiño y la bombacha –una tanga negra de encaje que entre los cachetes era apenas un hilito–, y no pensaba desperdiciarse ese bocadito, pero tenía que estar seguro que a la paciente no le pasaba nada que no tuviera solución con una buena sesión de sexo anal, y él estaba dispuesto a inmolarse en nombre de la ciencia y del juramento hipocrático.

Así que entre una cosa y otra trabó la puerta y empezó a acariciarla por aquí y por allá y ella “Apague la luz, doctor, que me da vergüenza” y él: “Dejame ver ese culo, hermosa”. Y ella: “Bueno, doctor, pero bájela un poquito”. “Bueno, pero un poquito... y sacate la bombachita”... Y ella: “No, así, córramela un poquito que me gusta con la bombachita puesta” (hay mujeres para todos los gustos) y O.S. que tenía sus ratones y ella que se los alimentaba, le corrió la bombachita y ¡Zas! La ensartó como a una gallina por la cola en menos de lo que canta un gallo.
–¡Ay, bruto!
–¿Te duele, mamita?
–Sí... la tiene muy grande, doctor...
–Pero te gusta, ¿eh?
–Sí... pero despacito, que es muy grande...
–Grande pero te entra toda... un empujoncito más.
–Pero despacito que duele...
–¡Qué te va a doler!
–Bueno... ya no tanto... ¡Oh!
–¿Querés más, mamita?
–¡Sí, más!
–¡Qué culo hermoso!
–¡Que dura la tenés!
–¡Parece un guante!
–¡Me quema! ¡Ay, dioses, me quema!
–Ahora el doctor te va a curar la quemazón, cosita...
–¡Oh! ¡Ah! ¡A-Ah-AH!
–¡Toda, toda para ese culito!
–¡Ay, ay ay ay ay ay! ¡Más!
–¡Eso, así! ¡Exprimíme!
–¿Así, papito? ¡Sí, toda, toda, toda!
–¡Uyyyyyyy! ¡Qué deliciaaaaaaaaa! –gritó O.S., sin importarle si lo escuchaban del otro lado de la puerta, en el momento de aliviarle la quemazón a la señora.
Cuando volvió la calma y se recobró la compostura, y O.S. ya se había abotonado el guardapolvo y la señora se arreglaba la pollera y se ponía las botas, llegó el momento de llenar la ficha para administración.
–A ver, vamos a tener que completar la ficha, querida... –dijo O.S.
–Ahá... –ella.
–¿Nombre y apellido?
–Carlos Andrada.
–No, el de su marido no. El suyo –la corrigió O.S.
–Soy soltera, bombón –aclaró ella, extendiéndole el documento nacional de identidad abierto en la primera página.
–¿Eh? ¿Eh? –O.S., palideció, mirando la foto del DNI, que era de un muchachote. De facciones delicadas, pero muchachote al fin.
–Soltera y sin apuro... porque habiendo tantas oportunidades de conocer hombres bien hombres como vos... ¿quién piensa en casarse? Y me llamo Carlos Andrada –dijo la “señora”–. ¿Qué otros días tenés guardia, corazón?
–¿Eh? ¿Eh? –O.S ., transpirando y con un ataque repentino de tartamudez.
–Digo, por si querés hacerme otro “tratamiento”, pero sin la bombachita... –agregó Carlos Andrada.
Que sí. Claro. Carlos Andrada: era un travesti.
Tuve que salir corriendo al baño para no hacerme pis encima de tanto reírme, y volví corriendo para enterarme del resto de la historia en la cual, como me imaginé, tenían que ver algunos miembros de La Banda que se habían complotado a pedido de las chicas y habían contratado al travesti, le habían pagado sus honorarios profesionales, le habían comido la cabeza contándole cómo la tenía de larga y dura O.S. y lo habían aleccionado para que le hiciera el numerito de la señora que va al hospital para ver a qué médico se voltea –que las hay y en cantidad, aunque les parezca mentira–, ilustrándolo acerca de cómo terminar en manos del cirujano gastroenterólogo con la ayuda de la gente de admisión que se lo sirvió en bandeja, porque en cada dependencia, por lo menos, una de las chicas se la tenía jurada.
Lo mejor del caso es que O.S. andaba siempre despotricando contra los travestis y diciendo que todos los que iban a levantárselos eran gay no asumidos, que en realidad querían ser putos pero no se atrevían y etcétera, etcétera, todo ese discurso machista y de psicóloga progre.
En esas estábamos, cuando de pronto se abrió la puerta y ¿a qué no saben quién entró al comedor? O.S. en persona, que se acercó a la mesa representando el papelito ese de que “acá no ha pasado nada”, pero con cara de sospechar que algo estaba oliendo a podrido en Dinamarca.
–Hola... –dijo–. ¿Cómo andan? –y le hizo una seña con los dedos pulgar e índice a la chica de la cocina que nos atendía: “Un café chico”.
–Nosotros bien, doctor –dijo Maru–. ¿Y usted? ¿Cómo fue la guardia?
Maru era radióloga, joven, bonita y había sido incauta y virgen de la cola hasta que cayó en manos de O.S. menos de un mes después de haber conseguido el nombramiento. La chica de la cocina, dicho sea de paso, también tenía cuentas pendientes con nuestro cirujano gastroenterólogo.
–Yo... esteee... bien, bien –contestó él, mirando a La Enana Maldita que se estaba poniendo morada, de tanto reprimir la carcajada. –¿Por qué no cuentan así nos reímos todos?
En ese momento llegó la chica de la cocina con la bandeja y con una sonrisa de oreja a oreja, que presagiaba catástrofes. No depositó el pocillo de café sobre la mesa, sino que dejó la bandeja con todo lo que traía y lo miró fijo, disfrutando del momento.
O.S. primero palideció, después se puso rojo como un tomate y acto seguido viró al verde, como el Increíble Hulk.
En la bandeja, rodeando la taza de café como una flor abierta, la bombacha negra de encaje y un papelito apoyado en el platito que decía:
Un recuerdo para vos, mi Objeto Sexual. La próxima consulta, voy sin bombachita... Carlos”.
–¡Ay, doctor! –dijo Maru, disfrutando la venganza–. ¿No era que no le gustaban “trabas”?

Después de un tiempo prudencial, O.S . renunció a su cargo en el hospital.
Dicen las malas lenguas que lo vieron una noche en el auto, solo, en la zona de los bosques de Palermo buscando vaya una a saber qué tipo de “emociones fuertes”.

Foto: Cortesía & © by Doctissimo

 
Publicado por Ángel a las 05:00

Respuestas
14 Octubre 2007 - 11:49
Laenanamaldita
jajajjajajajajajjaj SIPPPPPPPPPPPPPPPPP LOKISSSSSS.... Imposible olvidarme de aquel día .... JAJAJJAAJAJAJ RECUERDO LA CARA... Seguro que se pierde por la ZONA ROJA... Gracias a nuestro "presente"... BESISSSSSSSSSSSSSSSSS TE QUIEROOOOOOOOOOOO!!!!!!!!!!!!!!! La enana maldita..... Muackssss a Simón.
14 Octubre 2007 - 11:55
Rudy
Mujer como me gusta "tu frescura" sos tan "efervescente"ideal para una noche de verano... Con unas gotitas de Ange ou Démon... Elijo el lugar y no respondo. Perdón,Simón pensaba en voz alta... Bueno regerso a este pos jajajjajjajajjaja Es que me he divertido tanto que no se que mas agregara...ejjejejejejjejejejejejejej Solamente gracias por alegrarme este domingo en soledad. Un beso" Angel de Mujer". Estoy empezando a acostumbrarme a tus palabras... Rudy
14 Octubre 2007 - 13:33
Enviar un emailSimon Paterson
Jajajajajaja -cuando pueda parar de reírme, quizás haga algún comentario ad hoc-. Jajajajajaja... ¡Excelente! Jajajajaja
14 Octubre 2007 - 14:01
Dolores
Angelito me sigo riendo con este relato tuyo tan verídico... jajajjajajajjajajajjajajjajajaja Camina como mujer y bebe como hombre. jajjajajjajajajajjajajajjajajajajaj Si… una entiende por donde pasa el morbo. El propio y el ajeno. Besos "muñeca"... Dolores
14 Octubre 2007 - 14:14
Angel
jajjajajajjjaa ACA LES PRESENTO AL DOCTOR: http://www.youtube.com/watch?v=ho3nalfmD0U Que lo disfruten... jajjajajajajajajjajajaj mas tarde les respondo... Juro que ahora NO PUEDO... JAJAJJAJJAJAJAJAJJAJAJAJAJJAJAJA
14 Octubre 2007 - 14:19
Angel
Beti:Espero que no se enoje....jajajjajaja jajajjajajajjajajajajjajaja "ojo"...NO TE CONFUNDAS CON BATMAN... JAJAJAJAJJAJAJAJJAJAJAJAJJAJJAJAJ BESOSSSSSSSSSSSSS Disfrutá este regalito: http://www.youtube.com/watch?v=eazEa6xB_Tw&mode=related&search=
14 Octubre 2007 - 16:05
Angel
Gracias Rudy por estar siempre presente y si logro sacarte por un ratito de tu soledad... Me gratifica doblemente. Un abrazo.
14 Octubre 2007 - 16:14
Angel
Mi amado Simón...tomáte tu tiempo para hacer un comentario y disfrutá de este pos... Besosss........mi corazón. Te amo. Angel.
15 Octubre 2007 - 15:08
La banda
JUASSSSSSSSSSSSS.........JUASSSSSSSSSSSSS...JUASSSSSSSSSSSSSSSSSSS..... CHeeeeeeeeee PARÁ UN POCO CON EL TEMA DE LAS GUARDIAS....JAJJAJAJAJJAJAJJAJAJAJJAJAJA ¿Para cuando en libro? Jajajjajajajajjajajajaja espero que a los que somos protagonistas nos regales un ejemplar. JAJJAJAJAJAJJAJAJA Y TAMBIEN ACORADATE DE PONER IMAGENES. AVISAME Y "PELO LAS FOTOS" ..... LAS QUE SE PUEDEN MOSTRAR...JAJAJJAJAJJAJAJ Besos, MUJER SORPRENDENTE... Te queremos.
17 Octubre 2007 - 12:44
Quien mas...
SOS UNA DIOSA qUIEN es el osado que puede resistir miraRTE Esos ojos??????????????? Un beso que roce sutilmente tus alas. Y que te permitan seguir durmiendo placenteramente como Angel.
22 Octubre 2007 - 10:04
Angel
Holissssss mi BANDA...me gustó lo de las fotos... ¿¿¿Donde las tendran colgadas???? A que se donde....detrás de la 212... JUasssssssssssssssssss Besosssss. Los quiero. Eu.

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