Hace algo más de dos años, en el segundo correo electrónico que cruzamos –sé que no le molestará que publique un fragmento de su correo–, me decía:
“Muchas gracias por contestar mi mensaje. Ahora entiendo porque su página electrónica es tan especial: ¡realmente ponen todo su corazón para hacerla! Ese empeño se nota de inmediato, no sólo en los contenidos de la misma, sino en este hermoso gesto de responder las misivas de sus lectores.
”Tiene mucha razón al establecer esa diferencia entre erotismo y pornografía. Releyendo algunas de sus editoriales de meses anteriores, encontré una en la cual el colaborador decía que lo seduce más un cuerpo a medio vestir que uno totalmente desnudo. Sin embargo, también debemos reconocer que el límite que separa pornografía y erotismo en muchas ocasiones es tan sutil y transparente como ese velo que a veces debemos des-velar, otras rasgar y en algunos momentos hasta conservar.
”Hace unos meses comentaba con un amigo el argumento de uno de mis relatos y el me decía (creo que con cierta alarma): «¡Pero eso es casi pornográfico!» Y yo le retrucaba preguntándole dónde estaba lo pornográfico o lo «casi pornográfico», ya que este calificativo me preocupaba mucho más que el primero. Me preocupaba la posibilidad de que una idea que a mí me parecía sumamente sensual yo fuera a «echarla a perder» por la osadía de escribir un relato sobre ella.
”Muchas veces me planteo esta duda y me vienen tantas preguntas a la mente. ¿Dónde está ese límite? ¿Quién lo establece: el autor, el lector, nuestras experiencias, nuestras fantasías, nuestros tabúes? ¿Cuándo el erotismo deja de serlo para convertirse en pornográfico? ¿Cuándo un relato es erótico, «casi pornográfico» o pornográfico? ¿Por qué considero sumamente erótico el cuadro «La siesta» de Pierre Bonnard, llevándome incluso a elaborar toda una historia en torno a ella, y la misma imagen de una mujer acostada sobre una cama en la revista Playboy me deja más fría que un témpano?”
Desde entonces ha corrido agua debajo del puente y hemos intercambiado algo más de mil cartas –para mí siguen siendo cartas; virtuales, pero cartas al fin–, y ella ha publicado más de un centenar de relatos en este rincón de erotismo.
Hoy –ayer, si he de ser preciso–, ha llegado a nuestro país de visita con su buen humor, su alegría caribeña, su ilusión de conocer Buenos Aires y otras motivaciones más personales.
Cuando fui a buscarla al hotel donde se hospeda y pregunté por ella, el conserje se encogió de hombros y me señaló con un dedo un casillero donde figuraba el número del cuarto. ¿Por qué habrá hecho eso?
Bajé del ascensor recorrí el pasillo alfombrado buscando la habitación, caminando en puntillas, de puro precavido.
No me equivoqué...

Me detuve delante de la puerta abierta. Y sólo alcancé a ver unas piernas de mujer, unas de hombre y una cama con las sábanas revueltas.
Me dije que ella debía estar dedicada a “... otras motivaciones personales” y me limité a hacer mutis por el foro.
Bueno, es razonable.
Lo primero es lo primero.
Como sea, estimados lectores, queridos parientes, apreciados amigos y vecinos, les comunico oficialmente que Anamar, nuestra
querida colaboradora ha llegado de visita y haciendo uso de las vacaciones que
no se tomó directamente desde su Venezuela natal de manera que, cuando termine
con sus asuntos personales, seguramente pasará por aquí, donde la esperamos para
darle, en nombre de todos los que integramos el Voyeur Team y en el mío propio, nuestra...
¡BIENVENIDA!
Foto: Cortesía & © by José Manchado