Antes de empezar a hablar de “la primera vez”, unas preguntillas para la reflexión:
¿La primera vez de qué?
¿Por qué se llama “primera vez” a la primera ocasión en la que el pene entra en la vagina?
¿Por qué no se denomina así a la primera vez que tenemos un orgasmo con la “ayuda” de otra persona? ¿O por qué no cuando nos masturba por primera vez otra persona? ¿Y por qué no la primera vez que practicamos el sexo oral?
¿Una chica ginerasta, que nunca haya tenido ni vaya a tener ningún encuentro con un hombre, será virgen toda su vida? ¿Morirá virgen, aunque a lo largo de su vida tenga sexo con infinidad de mujeres?

Coloquialmente, “la primera vez” o “perder la virginidad”, “ser desflorada” o como se le quiera llamar, hace referencia a la primera vez que el pene de un hombre entra en la vagina de una mujer.
La primera vez no tiene nada que ver con el himen, ni con sangrar, ni mucho menos con el dolor. La rotura del himen no tiene nada que ver con perder la virginidad; a muchas chicas se les rompe el himen con ciertos deportes, golpes bruscos, masturbándose... e incluso pueden nacer sin él.
Otras chicas tienen un himen tan resistente y flexible, que lo mantienen incluso después de haber mantenido relaciones y haber sido penetradas durante el coito.
Se ha escuchado decir tantas veces que: “La primera vez siempre duele, la segunda menos, y con el tiempo ya no duele nada”, que el cuento parece haberse transformado en verdad universal.
¡Mentira! ¡Una falacia! Tan falso como un billete de tres dólares.
Esta frase no tiene el menor sentido y ningún asidero. El sentido común nos dice si algo duele la primera vez, por pura lógica la segunda vez dolerá más, ¿o no? Pongamos por caso: Le pego un cabezazo a la pared y me duele... ¿El segundo cabezazo que pegue me dolerá menos? ¡No! ¿Y el tercero? ¡Que no, hombre! Que lo más probable es que además de dolerte cada golpe, luego te dolerán los chichones que te han quedado.
Esta “primera vez” a la que nos estamos refiriendo, no sólo no tiene que doler, sino que además tiene que ser agradable y satisfactoria.
Si no lo es, algo se está haciendo mal. Y no hablo de pequeños trucos, sino de errores mucho más graves y básicos sin lugar a dudas.
En el próximo post daré las claves para que la primera vez nunca duela.
Ni la segunda vez, ni la tercera... Que se trata de dar los primeros pasos en eso de disfrutar del sexo, y no de inmolarse en el altar de los Dioses de la Desfloración.