Colección Voyeur

Domingo 18 de Noviembre de 2007
Encuesta

¡Ufa! ¡Ufa! ¡Y UFA! Hay guardias atareadas, guardias complicadas, guardias con urgencias continuas y guardias densas. Las peores, aunque parezca un contrasentido, son las guardias aburridas. Esas en las que no pasa nada. Y cuando digo “nada”, me refiero a nada de nada. Decir que son guardias tranquilas, es poco.
Así es como una se malcría, ¿ven?
Porque cuando el embole se enseñorea en una guardia, se activa la creatividad y los miembros de la comunidad hospitalaria –los de ambos sexos, claro–, se dedican a las actividades más diversas a saber: tomar café –o mate–, jugar al truco, leer una novela, dormir, recibir visitas en el dormitorio donde se supone que uno debe dormir (Je je), mirar televisión, entrar en los despachos que tienen computadoras conectadas a Internet y clavarse en el MSN, escuchar un partido de fútbol y tomar más café.
Algunas de esas actividades para pasar el tiempo resultan de lo más extravagantes y de todas las así calificadas, la más encantadora resulta, por lo general, la de inventar jueguitos.
Y dedicarse a jugarlos, claro.
Cito, a manera de ejemplo, a saber:
“Escondida con prenda”. También conocido como “Buscame... y si me encontrás...” Consiste en jugar a la escondida –sí, a esconderse, como cuando uno es chico–, y es de lo más divertido porque en el hospital hay cien mil lugares que pueden servir para desaparecer –solo o acompañado–. Lo único que diferencia a la escondida con prenda de la común, es que cuando te encuentran tenés que pagar la prenda que el grupo decida que tenés que llevar a cabo. ¡Y atenete a las consecuencias!
Otro es el llamado “Sorteo o licitación”. Consiste en que los participantes escriban papelitos con nombres de todos los compañeros/as. Esos papelitos van a una bolsa y empieza el sorteo de quién forma pareja con quién. Puede darse el caso que las parejas que se formen por sorteo no satisfagan a los miembros de la misma o haya alguien entre todos los presentes que no se sienta conforme, entonces se puede “licitar”. Depende.
A continuación viene el “touch and go” en alguna de las “cuevas” que se reservan para tales eventos. La única desventaja de este juego es que a veces provoca enemistades por esos temas de celos y otras menudencias. ¡Jua!
“La mancha desnuda” es muy divertido pero cansa. Ocurre que uno tiende a acordarse de que cuando era chico, jugar a la mancha era divertido, pero en esas épocas no se cansaba tanto... De manera que en el momento en que después de correr y reírse como locos para “hacer mancha”, hay que ver cuántos quedan tan exhaustos que al momento de la otra mancha, les cuesta horrores. A mí en particular, mucho no me gustaba, lo confieso. 
Así las cosas, una noche de jueves después de una de esas tormentas que inundaban hasta la sala de máquinas porque algún arquitecto tarambana no se había dado cuenta que había proyectado el edificio sobre la parte más baja del terreno, estábamos más aburridas que chino sin trabajo en el comedor, cuando Marité, la bioquímica bufó.
–¿Qué pasa hoy? ¿No viene nadie por la tormenta? –dijo, mostrando a las claras que estaba de pésimo humor.
–Pus mire usté ques pusible –dijo Carmen, la jefa de enfermeras de turno, gallega ella–. Es cumu en Jalicia cuandu iueve. No salen ni lush perrus.
–Juguemos a algo –intervino Claudia, la enfermera de turno de terapia intensiva.
–¿Jugar a qué? Si hoy somos casi todas mujeres. El único que anda por ahí es Rob y andá a buscarlo. Debe estar durmiendo como un angelito –objetó Marité. Lo dicho, tenía un humor de perros.
La Enana, que estaba leyendo una revista de chismes en la mesa de al lado masculló algo y sonrió. Yo le conozco esa sonrisita a La Enana.
–¿Qué dijiste? –le pregunté.
–El tamaño... ¿es o no importante? –dijo, como si se lo estuviera preguntando a sí misma.
–Bueno... más de quince centímetros es pene... menos de trece, una pena –acotó Claudia.
–¡Vein-ti-trés-cen-ti-me-tros! –silabeó La Enana–. ¡Madre mía!
–Bueh... está más o menos bien... normalito –opinó Marité.
–¿Nurmalitu? ¿Nurmalitu? –preguntó Carmen, con los ojos desorbitados–. En mi pueblu anduve liada cun un chaval que le dicían “El Asnu” y cun sus dieciochu te pudías pasar una semana puniéndute pañus fríos. ¡Una polla da la hostia, la del chaval!
–Acá dice –aclaró La Enana, señalando la revista–, que la media en Zambia es de veintidós centímetros.
–¿Adónde hay que firmar para pedir un traslado a Zambia? –preguntó Marité, dejando bien en claro que en materia de gustos, ella los Extra Large. 
–Bueno... diecisiete, dieciocho... Yo no voy a discriminar por un centímetro más o un centímetro menos –dijo Claudia.
–Lu impurtante nu es tener una polla cumu ladunburro sinu cúmu la usa el tío –consideró necesario aclarar Carmen–. Cun que encaje e dé cushquillitas...
–¿Qué les parece una encuesta? –dijo La Enana, sacando de la galera una de sus originales ideas–. Mi cuaderno de notas... necesito mi cuaderno de notas para llevar el registro.

Y con el cuaderno de notas en ristre enfiló hacia la guardia, acompañada de todas nosotras que escuchábamos con atención cuando hablaba de medidas, porcentajes, grosores y consistencias. Porque, según decía, el tamaño estaba en relación inversamente proporcional a la capacidad de erección.
–¿No es un cuerpo cavernoso que funciona sobre la base de la mayor afluencia de sangre? –preguntó–. Pues bien, en ese caso, es más difícil llenar trece centímetros que veintidós. Y es más probable que una de trece esté durante más tiempo dura que una de esas que meten miedo.
–El tamaño importa, Enana... pero el del cerebro –dije, haciéndome la graciosa.
–Dejá de decir boludeces, bebé –me contestó La Enana, sin levantar los ojos de la revista.
–Mirá, a mí, en esos momentos, que sea Einstein mucho no me importa, te soy sincera –intervino Marité, revelándonos su costado más guarro.
–Yo los prefiero suaves... –se había sumado Paula, de radiología, que tenía cara de “nena buena”, pero que se las traía, se las traía–. Para grandes, me compro un “amigo de plástico” en un sex shop y listo.
–Acá dice que el tamaño puede calcularse por el de las manos –informó La Enana, golpeando con el índice la revista que había estado leyendo.
–A mí me dijeron que era por el tamaño de los pies –retrucó Marité–. Pero no. Me parece que es pura estadística contable... Porque conocí a uno que calzaba cuarenta y cuatro y... ¡Uf! ¡Me llevé un chasco!
–La nariz... la nariz no falla –opinó Claudia–. Si es narigón seguro, pero seguro que te hace conocer el verdadero significado de la palabra “orgasmo”.
–Clau, no me digas eso, que Cyrano de Bergerac es un personaje –le dije.
Y así siguieron las especulaciones acerca de que los más musculosos son los mejores amantes. Que los pelados son casi una fija y que los que tienen el dedo medio mucho más largo que los otros no fallan y esas cosas, ya saben.
La Enana Maldita sugirió que hiciéramos la encuesta con los pacientes que cayeran, y que con esos registros en mano, íbamos a poder sacar conclusiones.
–Nada mejor que empezar por las mujeres –dijo, lanzada como de costumbre–. Yo empiezo –Y se metió en el consultorio de la guardia donde esperaba una señora de unos treinta y pico que había llegado por una caída.
–Señora... –se mandó La Enana–. A ver... dígame...
–Bueno, fue una torpeza... no me di cuenta que la escalera estaba...
–No, no, no. ¿De qué escalera me habla?
–Es que me caí de una escalera...
–Eso lo vemos después, ahora dígame: para usted, el tamaño del pene ¿tiene importancia o no?
La señora se quedó patitiesa y las mejillas se le tiñeron de rojo tomate.
–¡Doctora! ¿Qué me pregunta?
–Vamos, vamos... ¿Me va a decir que es virgen? –le espetó La Enana, sin más.
–Bueno... yo... sí, la verdad es que soy virgen, porque cuando era adolescente mi papá era muy severo, ¿vio? Y me espantaba a todos los novios y el tiempo fue pasando...
La Enana se quedó como de piedra. Yo empecé a buscar la palanca para que me tragara la tierra, pero no la encontraba. Carmen murmuró algo así como “¡Juder!” y salió.
Dejamos a la señorita soltera e impoluta hablando sola, con una enfermera que no entendía qué pasaba, mientras La Enana iba a las puteadas porque de todas las mujeres de este mundo justo a ella tenía que tocarle una virgen.
Y que pase el que sigue: un señor entradito en años, aunque con ese encanto que tienen los maduritos.
–Te toca a vos –le dijo La Enana a Paula, entrando en Radiología, donde esperaba el señor de edad interesante.
–Buenas noches, quítese la ropa –le dijo Paula al señor.
–¿La ropa?
–Sí... la ropa, ¿no escuchó?
–Pe... pe... pero doctora, ¿toda la ropa?
–¡Que sí! Vamos, vamos, no me haga perder tiempo...
El pobre debía estar muerto de vergüenza, parado delante de un grupo de mujeres que por más ambo y bata que llevaran, eran mujeres.
–No sea vergonzoso, hombre, que son todas residentes... –le dijo Paula–. A ver, déme la orden –estiró la mano y el hombre le entregó la orden que tenía para la radiografía.
–Mirale los pies... la tiene chica –especuló Marité, en una primera evaluación rápida.
–No, no, tiene el dedo medio muy largo... para mí que el señor está bien desarrollado.
–¡Shhhhhhh! ¡Chicas, que no me dejan trabajar! –nos reprendió Paula.
Y el señor, obediente, se sacó la ropa nomás.
–A ver acuéstese ahí con los brazos extendidos a los costados –le indicó Paula–. Acérquense, chicas.
–¿Qué le anda pasando? –le preguntó Marité, con aire profesional, como para romper el hielo.
–Tengo migrañas... por eso el neurólogo me mandó a sacarme una radiografía –explicó el buen hombre.
Nosotras, como si nada, comprobando que el señor era “normalito”, por así decirlo, aunque creo que entre la vergüenza y el frío, se le había puesto como un caracolito, toda retraída. ¡Puishito!
–¡Se los dije! ¡No falla! –dijo Marité–. Hay que mirarle los pies y ya está. ¿Ven, ven? –señalando el caracolito retraído del pobre señor.
Yo me acerqué y eché una mirada. Más allá del hecho que el señor se sintiera turbado, traté de imaginármelo en otras circunstancias y me dije que a lo mejor podía hacer alguna que otra proeza. Al menos a mi juicio.
–Pero doctora... yo vine a una radiografía de cabeza... –dijo el pobre hombre, sin poder creer lo que escuchaba–. ¿Qué tiene que ver esto con mi dolor de cabeza?
–Con el suyo, no sé. Pero le aseguro que usted, a su edad pese a la opinión de la colega acá presente –le contestó Paula y señaló a Marité con el pulgar–, puede sacarle el dolor de cabeza a más de una. Y ahora se queda quietito ahí, que le van a hacer la placa.
Y nos fuimos, con un dato más para nuestra encuesta.
¿Ustedes creen que terminó ahí? No, no, no. Seguimos investigando durante toda la noche hasta que Claudia propuso que fuésemos al dormitorio de médicos a medírsela a Rob...
–Ni se te ocurra –le dije–. Despierto, es un encanto y te mete mano de una. Pero si llegás a interrumpirle el sueño, se le va el apasionamiento al carajo y te mata.
Naturalmente que a nuestra encuesta le faltaba lo más importante: la comprobación empírica acerca de si el tamaño está o no en relación con la satisfacción.
Fue Marité, siempre dispuesta ella –sacada, bue–, que se acordó del nuevo residente, al que habían mandado a neonatología. Revoleó los ojitos tipo "¡Eureka!"
–Ya vengo –dijo.
Estuvo ausente como dos horas y pico.
Cuando volvió, daba la impresión que vacilaba al caminar, como si le temblaran las piernas. Eso sí, se la veía relajada.
–¿Y? ¿Qué pasó? –el coro de curiosas
–Dale, contá, contá... –La Enana tirándole del faldón del ambo.
Nos miró con una dulzura casi bobalicona que yo reconocí al instante. Si había estado de mal humor, la verdad, no se le notaba.
Calza cuarenta y seis... –dijo, con una sonrisa de oreja a oreja.

 
Publicado por Ángel a las 05:00

Respuestas
18 Noviembre 2007 - 09:05
Betina
¡Ops! Viva el pene, si no existiera ninguno no estaríamos aqui ahora. Uf, me hago pis. Estaría bueno que te animes a contar "el Masturbatón" ese en el que varios compañeritos se reunieron para masturbarse entre ellos... Pero creo que eso fue otro día de lluvia!!! Un besitoo te quiero
18 Noviembre 2007 - 09:18
Poll
jajajajajaja ZZ yo cn mis 18 m conformo, pa q mas? My buenooooooo!!!!!!!!!
18 Noviembre 2007 - 09:37
Solyluna
No me quiero imaginar como se realizará la prueba de medición del pene... ¿regla en mano? ¿Quién estará presente? ¿Cómo se motivará? Toda una incógnita...No Angel me lo "acabassss de revelar"Gracias... jejjejejejeje:) Un beso con sol y con luna...
18 Noviembre 2007 - 09:45
Enviar un emailAnamar
Amiga, me has partido de la risa con tu relato de hoy. Mira que voy corriendo a la agencia a sacar pasaje para Buenos Aires porque ¡yo quiero ir a una guardia de esas contigo! ¡Aaaah, esos que calzan 46 son una delicia! ¡Y los narizones, ummmmm! Será cierto que "el tamaño no importa", amiga, pero como gusta, como gusta. Un besote dominical.
18 Noviembre 2007 - 10:43
Enviar un emailLuly
El tamaño realmente importa, para mi. disfrutar la sensación de tener algo grande estirando y llenando mi vagina. Me da placer el fisting vaginal (penetración con el puño). Nuca te había leído desde ahora me tendras placenteramente a tu lado.
18 Noviembre 2007 - 12:41
Dolores
Que bueno pasar por esta encuesta... dejáme que te ilustre un poquito más: el tamaño no importa lo que es importante es la habilidad para manejarlo... Nos "abrimos" al mundo:jajajaja Orientales: de 10 a 15,2 cm de largo y 3 cm de diámetro. Caucásicos: de 14 a 15,2 cm de largo y 3,8 cm de diámetro. Negros: de 16 a 20 cm de largo y 5 cm de diámetro. Es que este dilema es internacional... Un bezotote te quiero amiguis.. Dolo.
19 Noviembre 2007 - 00:32
Rodri
Linda la encuesta... y muy ilustrativa Dolo, esta bien instruida.. muy viajada! jajaja. excelente cuento.. un beso
19 Noviembre 2007 - 09:48
Angel
Gracias a todos los que se animaron a pasar por esta encuesta "tan pe...culiar"... Un beso y un abrazo desde mi corazón. A_______T-O-D-@-S!!!!!!!!!!!:)
19 Noviembre 2007 - 12:35
La Banda
Cheee estamos con ganas de actualizar la encuesta...nos das una "manito"????? Dale que sip?otra cosita no te reprimas despertame la próxima vez...y después me hacer dormir de nuevo...imagináte como... Un beso. Robert. Las chicas salieron a comprar reglas!!!!!
20 Noviembre 2007 - 09:37
Enviar un emailSir
Sos una princesa:) me invitás a tus guardias??? “para quemar calorías”... llevo los dados sexuales:) Chao.
20 Noviembre 2007 - 09:41
Robert Stolz
"Beautiful"...."Beautiful":) Usa mi llave cuando tengas frío, cuando te deje el cierzo en la estacada, hazle un corte de mangas al hastío, ven a verme si estás desencontrada.... Muaksssss
04 Agosto 2008 - 13:21
Enviar un emailricardo
chicas que les guste el cibersexo mi msn es robbynpark@hotmail.com solo chicas

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