Colección Voyeur

Viernes 14 de Diciembre de 2007
Hotel

No sé si os he contado que a pocos metros de mi casa hay un hotel clandestino.
Quién no sepa que lo es, nunca pensaría que ese edificio grisáceo alberga las pasiones prohibidas de mi ciudad, los polvos rápidos a mediodía, los orgasmos gay que aún no han salido del armario, o el alivio imprescindible de los jóvenes adultos enamorados, hartos de amarse en coches encaramados a colinas nocturnas con vistas a la ciudad.
Muchos hablan de este hotel en concreto (en mi ciudad hay al menos dos más para estos fines) porque tuvo un punto máximo de popularidad por allá los ochenta, cuando se convirtió en el emblema sexual de la liberación: “Miren, aquí en la ciudad, tenemos hasta un hotel clandestino, para que los que no pueden follar debido a la vergüenza social que durante años los regímenes reprimidos y represores se han encargado de meternos a conciencia, puedan hacerlo cuando quieran y con discreción, oiga, sin dar razones a nadie.”
Pero pocos lo conocen.
Especialmente entre los de mi generación. El sexo ya no es un tabú que ocultar: al ejecutivo que se folla a su secretaria le da igual que le vean la cara en la recepción del NH de turno, o encontrarse con el Director Financiero de la mano de la becaria nueva, se saludan y se sonríen, hasta se guiñan con complicidad el ojo izquierdo. El gay se casa con su novio de toda la vida y pasea con orgullo (orgullo gay) su estrenado mandato de ciudadano de primera, como todos. Los jóvenes adultos tienen la comprensión de sus padres, que fin de semana sí y fin de semana quizás, prefieren irse a la casita de la playa para dejar su hogar a disposición del placer joven y enamorado.

Y el hotel queda como un acceso innecesario, emblema de otros problemas, de otras generaciones que nos parecen, sólo veinte años después, lejanas.
A veces tomo café en el bar que hay justo enfrente. No soy de esas antiguas usuarias, pero conozco el hotel. Una vez llevé a Enrique para que viera lo diferente que era hacer el amor allí, como si se tratara de una atracción: “Verás, ahora se cerrará la cortina tras el coche. Y luego llamamos al timbre y vendrá un señor que nos cantará, como en un restaurante, las habitaciones que hay en el menú. ¿Cama redonda? ¿Jacuzzi? ¿Decoración temática?” A esas habitaciones clandestinas les dejé yo constancia del morbo entre los dos, y del amor que sentía por una de mis primeras parejas, a quien amé varias veces allí porque ni mis padres ni los suyos eran de los de irse a la casita de la playa.
Me distraigo, café en mano, viendo salir a los coches desde la parte trasera del hotel. Mujeres de edad avanzada junto a jovencitos. Hombres maduros con coches espectaculares y casi niñas en el asiento del copiloto. Parejas sin nada que destacar que se besan justo cuando el incómodo semáforo tras la salida del hotel, se pone en rojo. Dos mujeres mayores de cuarenta años. Dos hombres mayores de cincuenta. Una parejita joven en un destartalado Opel Corsa. Un cantante y una presentadora de televisión. Un hombre de color que mira con picardía a una rubia espectacular que conduce primorosamente.
Todos ellos colaboran en engrosar la lista de los amores prohibidos del siglo XXI.
Y todos tienen en común algo que me fascina, que me recuerda a ese primer amor, a Enrique, a veces a Cristóbal a quien nunca he tenido la necesidad de invitar a esa aventura clandestina: una maravillosa sonrisa cómplice.
Ese hotel es la intimidad con esa primera “I” en mayúscula: la intimidad de quienes se quieren, se desean, se ofrecen el uno al otro, escondidos del mundo, únicos, como en un círculo en que ninguno de nosotros, la sociedad, forma parte. Como si en aquella hora que pagan a ochenta euros sólo existiese en el mundo una cama, unos suspiros y una pasión prohibida.

Foto: “La Habitación del deseo” Cortesía & © by Añoño para ojodigital.

 
Publicado por Amanda a las 05:00

Respuestas
14 Diciembre 2007 - 06:47
Angel
Me encantó pasar por este HOTEL...me gustaría recorrer los de Osaka, capital mundial de los hoteles temáticos del amor... Ej:Towers Hotel, Gang Snowman (una estancia presidida por crucifijo negro con esposas en el lugar donde tradicionalmente se ubican los pies y las manos) En este mes pediría Little Chapel Christmas en cuyo lobby tienen permanentemente un piano tocando villancicos y en donde al entrar (en los hoteles del amor no hace falta registrarse) - diferentes a nosotros-te facilitan un par de pijamas con Papá Noel Y a disfrutar "que no hay muchas NOCHES BUENAS" JAJJAJJAJA Un beso. Angel

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