Colección Voyeur

Lunes 17 de Diciembre de 2007
Alma en pena

Cada vez que me dices “Puta”
se hace tu cerebro más pequeño.

Malo, Bebé

Era mala. Por eso, en vista de su incapacidad para crear algo digno, con estúpido afán se esforzaba en tratar de destruir lo que aquellas personas –blancos de sus ataques- construían día a día con amor. Esas interminables horas que pasaba diariamente sentada frente al computador –esculcando la vida ajena, revisando armarios en busca de esqueletos inexistentes y leyendo viejos archivos– bien hubiese podido dedicarlas a intentar escribir, si es que sus arremetidas se debían a la envidia que le causaban posts, relatos y poemas publicados en un blog hecho con esmero.
Acusaba a los demás de mentir y utilizar seudónimos, cuando ella misma tenía tanto que esconder que cada día inventaba un nuevo apodo tras el cual ocultar su ruindad. Porque sin duda hasta su nombre le resultaba revulsivo y se apropiaba de características de las cuales carecía –como la bondad– o se autodenominaba como ese otro ángel que hubiese querido ser.
Al hacerlo creía que sabía jugar con las palabras; no obstante, el nombre detrás del cual más se escudaba era Alma, que –al recomponer las letras, como en un anagrama– decía justamente lo que era, es y será: m-a-l-a.
Era tan mala como un espectro vagando por oscuros pasillos o amparado a la sombra de portales desvencijados creyendo espantar a quienes pasaran por ahí. Sin embargo, sus gritos fantasmales no causaban miedo sino un hondo pesar a quienes los escuchaban, porque aquellos lamentos sólo hablaban de su infinita e irremediable soledad.
¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que alguien la besara, le susurrara una terneza o tan siquiera le dijera un piropo al pasar? ¿Daría hasta lo que no tenía porque alguien la abrazara y la hiciera sentir viva aunque fuera sólo una vez? ¿Ansiaba el continente de un pecho masculino sobre el cual reposar su putrefacta cabeza? ¿Cómo hacer con la calentura que le provocaban esas historias eróticas que devoraba como una posesa si no tenía nadie que la apagara?
Pues en todo esto había algo muy cierto: como buena amargada que era, sus acusaciones contra Ángel, Simón y Anamar eran producto de todo aquello que en sus fantasías ella imaginaba que éstos hacían y ella tanto hubiera querido probar, pero no se atrevía. No lo hacía porque la culpa, el miedo y la mezquindad no se lo permitían. Entonces intentaba separar con sus mentiras a unos seres que se amaban, ya que en su reseco corazón no había espacio alguno para la generosidad. Y al saberse ignorada arremetía contra la otra, cubriéndola de rasgos que anhelaba para sí misma.
Era mala pero no tenía la inteligencia suficiente para ser perversa. De allí que cuando no se atrevía a hablar por boca propia se inventara aliados, espías, colegas y compinches, aunque declamaba –de la boca para afuera–, que no le gustaba la complicidad. O que pretendiera insultar lanzando epítetos que resbalaban a quienes iban dirigidos, porque –aunque a ella le pareciera insólito­– habrá quienes prefieran que las llamen “puta”, porque disfrutan de la vida, la comida, la bebida y el sexo, a ser “señoras de cuello blanco”, constipadas e insatisfechas, anhelantes de un buen revolcón.
¿Acaso no sabía que las relaciones sexuales –sí, incluso esas cibernéticas que tanto parecían obsesionarla y en las cuales obviamente era una experta– cuando son consensuadas entre dos adultos son asunto de las personas involucradas en ellas y que inmiscuirse en la vida de los demás es un delito penado por la ley? No, ¡qué iba a saberlo! La ponzoña que llevaba dentro de sí no la dejaba ver ni oír y mucho menos hablar, se limitaba a sembrar cizaña e intentar causar la mayor destrucción posible.
Ni cuenta se daba de que sus aguijones malsanos eran extirpados de un manotazo y que la herían únicamente a ella.
Respiraba celosa por la herida al criticar relatos que habría deseado escribir, al enviar saludos desde países que seguramente soñaba visitar o al negarles a los demás títulos universitarios que hubiese querido tener. Sabía que sus contendientes estaban muy por encima de ella tanto en calidad humana como en cultura y no le quedó más remedio que arrastrarse entre las aguas infectas de la calumnia y la mentira. De haber sido inteligente, hoy estaríamos de tú a tú; pero optó por la vía fácil. Reptar, como las alimañas.

Era mala. O al menos pretendía serlo…
Porque es justo reconocer que –canalla al fin–, como mala era pésima.
Y cuando sucumbió ahogada en su propio veneno –después de desearnos tantas veces la muerte a quienes ella misma eligió como enemigos gratuitos y víctimas de su vileza–, terminó siendo un alma en pena, como todos los infames.
Hoy lunes, día de las ánimas, prendamos una vela por ella.

Foto: Cortesía & © by José Manchado

 
Publicado por Anamar a las 05:00

Respuestas
17 Diciembre 2007 - 08:54
Angel
Mi querida y dulce amiga:En este mundo cada vez mas grande y poderoso, está creciendo también la soledad. El peligro de volvernos números, cosas, siglas,botones,es enorme. Que imporante es llegar a casa y desvestirnos de las técnicas, del Mercado de valores, del mercado de los objetos y buscar los verdaderos VALORES, los de la vida. Esos valores que nos hacen mejores personas. Mi dulce, en esta semana de rencocilación te propongo un ejercicio que solo pueden hacer las ALMAS SANAS... Pensemos que perdonar es lo más grande del fuerte y la venganza es la señal primitiva del débil. Las ALMAS ENFERMAS: están contaminadas con Insatisfacciones y de venganza. Este tipo de almas no se dan cuenta que el que humilla o despercia a un ser humano, TARDE O TEMPRANO... sufrirá las mismas humillaciones o desprecios MULTIPLICADOS. Me gustaría en esta Navidad dejarle a esta ALMA ENFERMA, la posibilidad de que intente revertir su actitud. Prestarle los anteojos de Dios:y enseñarle que nunca es tarde para pedir perdón,decir que amas, decir que extrañas, decir que nececesitas,decir que quieres ser amigo... Cuando veo esa imágen y leo tu post no puedo dejar de DISOCIAR ...imaginar a esta (mujer-hombre) tejiendo en la oscuridad de su alma las telarañas donde ella misma/o queda atrapada. Que importante sería que pueda leernos antes de partir. En esta fecha tan especial nada mejor que recordar algunas palabras desde mi corazón de Angel Mateo 5:38-45, dice: "Oísteis que se dijo: ójo por ojo y diente por diente.' Pero Yo os digo: No resistáis al malo. Si alguien te pega en la mejilla derecha, ponle también la otra. Y al que quiera ponerte pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa. Y al que te obligue a llevar una carga por una milla, ve con él dos. Oísteis que se dijo: ámarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. ' Pero Yo os digo: Amad a vuestros enemigos y orad por los que os ultrajan y persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los Cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos." ALMA ENFERMA:En esta Navidad dáte la posibilidad de regalarte un amigo,siento que se te está anestesiando el corazón... Anamar démosle la posibilidad que limpie su alma, borrando el patrón de energía negativa que la habita.... Te quiero. Por siempre, tu amiga. Angel.
17 Diciembre 2007 - 14:58
La Banda
Anamar cuando entré y vi esta imágen pensé que no era VOYEUR...me sorprendío. Lo que puede la MALDAD. TRANQUI AMIGA TODO PASA. Angel"mi jalea de Angel"... leerte es un bálsamo para cualquier alma descarrilada. Un beso a las dos. La banda.
17 Diciembre 2007 - 19:29
Enviar un emailVero
Anamar: La imagen me dio escalofrios...realmente pobre alma en pena.La vida siempre nos cruza alguna que otra vez con personas así.Anamar, Angel sigan brillando como lo vienen haciendo en Voyeur.Besitos.... y muy buenas vibras!

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