Ángel...
Sí, está bien... no digo nada. Tienes mi compromiso, puedes contar con ello. Después de todo este tiempo que llevamos compartiendo historia, ya lo sabes.
¿Te diste cuenta cuánto hace que se cruzaron nuestros caminos? ¿Pensaste en todo lo que pasó en nuestras vidas desde entonces?
Sí, sí, lo sé. No todos los momentos fueron gratos, es cierto. Pero es que así es la vida. Nadie nos firmó una póliza de garantía de felicidad, al menos que yo sepa.
No recuerdo a nadie que me haya asegurado que todo iba a marchar de parabienes y que sería infalible y que todo lo que haría en mi vida sería lo correcto, lo que debe ser. Porque, humanos a fin de cuentas, a veces hacemos lo que debemos, muy pocas veces hacemos lo que queremos y la mayor parte del tiempo hacemos lo que podemos.
Lo que sí me aseguró alguien, hace mucho tiempo, es que cuando no supiera qué hacer, cuando tuviera que tomar una decisión que pudiera afectarme en lo profundo y además pudiera dañar a otro, escuchara siempre a mi corazón, porque ese... ese no engaña.
Se nos acaba de escurrir otro año entre los dedos, es cierto. Pero veámoslo desde otro punto de vista: hemos pasado juntos un nuevo año y nos espera el que viene, vaya uno a saber con qué sorpresas. Porque cada día, mujer-ángel, trae la expectativa de vivirlo intensamente, de que nos sorprenda, de que nos podamos cruzar en el camino con seres amigables, que nos tiendan la mano y a los que, a su vez, podamos ayudar.
Está bien, tranquila, no digo nada... Esto no sale de aquí. Es entre tú y yo, que es lo que cuenta, porque sólo tú y yo sabemos qué es habernos esforzado en buscar y darnos mutuamente lo mejor que tenemos, el haber crecido, aprendido y abierto el corazón al otro, y mirándonos a los ojos decirnos ?Te quiero?.
Es habernos hecho el amor con ternura, con pasión, con el apremio vehemente que sólo conocen los amantes, dejando en libertad al primitivo que llevamos adentro desde el fondo de los tiempos.
Miro hacia atrás y recuerdo la primera vez que mis manos entraron en contacto con tu piel de seda. Creo escuchar los gemidos y percibir el latido de tu vientre y el temblor de tus muslos.

Sí, tranquila... no diré nada de todo lo que hemos vivido juntos en este año. Como tampoco se me ocurre mencionarle a nadie que cuando usas esos conjuntos de encaje blanco que dejan muy poco librado a la imaginación, vuelve a ocurrirme lo mismo que el primer día... lo único que quiero, es tocarte y poseerte hasta que los cuerpos digan basta.
No temas, no sale de aquí. Si tus besos de postre son para mí, los míos son tuyos.
Queda entre nosotros.
Foto: Cortesía & © by Maxirelax