Colección Voyeur

Martes 15 de Enero de 2008
Aurelia

Y fue entonces cuando estreché con usted la amistad que me honra.
Usted vivía muy cerca de mi casa y hablábamos con mucha frecuencia.
No ignoro, Sarmiento, que el motivo principal
de su frecuentación a mi hogar era mi hija Aurelia.
Como yo, ella había casado con un primo,
pero su matrimonio fue corto y desdichado;
al volver al hogar paterno yo gané
una colaboradora insustituible
.
Sarmiento y sus Fantasmas, Felix Luna

Aurelia Vélez, oficialmente amiga –y tal vez amante– de Domingo Faustino Sarmiento, era hija del jurista Dalmacio Vélez Sarsfield –el autor del Código Civil–, casado con Manuela Velásquez Piñero, su segunda esposa.
Había nacido el 8 de junio de 1836 en Buenos Aires y desde pequeña descolló por su inteligencia, que el padre estimuló y alentó otorgándole una excelente educación y enseñándole él mismo, llevándola a trabajar junto a él como secretaria desde muy joven.
Sarmiento la conoció cuando aún era una niña, a los diez años cuando empezó a frecuentar a Vélez Sarsfield antes de que regresara a Buenos Aires luego de vivir cuatro años en Montevideo.
A los diecisiete años Aurelia decidió casarse con su primo hermano Pedro Ortiz Vélez, hijo del secretario de Facundo Quiroga, pero su matrimonio no duró mucho y aunque se desconocen los motivos, alguna versión sugiere que durante una pelea, Aurelia le confesó a su marido que no lo quería, que su verdadero amor era Domingo Faustino Sarmiento y que se había casado con él para alejarse de la tentación que significaba para ella ese hombre casado, un cuarto de siglo mayor que ella.
Ya sea que su marido la regresara a la casa paterna o que fuera ella quien tomara la decisión, ya entonces estaba vinculada con Sarmiento, puesto que el matrimonio del sanjuanino con Benita Martínez Pastoriza terminó cuando ésta descubrió la correspondencia que mantenía su marido con esa muchachita de mirada dulce y espíritu apasionado, baja de estatura pero que despertó en Sarmiento una atracción inusitada, que ella correspondía.

Desunido su matrimonio, la relación con Aurelia se hizo más intensa. Bella, refinada, con excelentes relaciones, culta, versada en literatura, arte y política, aquella “chiquilina” que Sarmiento había conocido y que ya era mujer, se transformó en una relación que difícilmente se haya limitado al lazo espiritual que los unió hasta la muerte del prócer, pese a que se opina que nunca pudo concretarse en lo físico y Sarmiento nunca admitió que ese vínculo hubiera sido algo más que una cálida amistad.
Claro que Sarmiento a veces pecaba de inconsecuente, esto es, de decir una cosa y hacer otra, y está a la vista en su relación con las mujeres a lo largo de su vida. Según una carta enviada desde Chile, así opinaba acerca del matrimonio:
No creo yo en la duración del amor, que se apaga con la posesión. Yo definiría esta pasión así: un deseo para satisfacerse. Parta Ud. Desde ahora del principio de que no se amarán siempre. Cuide Ud. Pues cultivar el aprecio de su mujer y de apreciarla por sus buenas cualidades. Oiga Ud. esto, porque es capital. Su felicidad depende de la observancia de este precepto. No abuse de los goces del amor; no traspase los límites de la decencia; no haga a su esposa perder el pudor a fuerza de presentarse a todo género de locuras. Cada nuevo goce es una ilusión perdida para siempre; cada favor nuevo de la mujer es un pedazo que se arranca al amor. Yo he agotado algunos amores y he concluido por mirar con repugnancia a mujeres apreciables que no tenían a mis ojos más defectos que haberme complacido demasiado. Los amores ilegítimos tienen eso de sabroso, que siendo la mujer más independiente aguijonea nuestros deseos con la resistencia” (1)
Aurelia debió aguijonear el deseo más allá de lo prudente, ya que se transformó en su compañera más cercana y él Solía visitarla en la casa de su amigo Dalmacio, en la calle Cangallo y en la quinta veraniega que tenía la familia Vélez Sarsfield en Once.
Estimulada por él escribió, opinó en temas delicados de la política y se encargó de la candidatura de Sarmiento a la presidencia de la república, mientras éste viajaba por los Estados Unidos con el cargo de ministro plenipotenciario, hasta que asumió su cargo el 12 de octubre de 1868.
Como sea y más allá de las pasiones, Aurelia lo siguió hasta el final, veinte años después que ella misma preparó la recepción de bienvenida al candidato triunfante que había contribuido a llevar a la primera magistratura.

Qué extraña costumbre la de desposeer de pasiones a los protagonistas de nuestra historia, presentándolos como de bronce, cuando fueron de carne y hueso.

(1) Carta enviada a Domingo S. Sarmiento, con motivo del casamiento de éste con su prima Laura. En “Páginas confidenciales de Sarmiento”, Alfredo Palcos, Editorial Elevación, Buenos Aires, 1944.

 
Publicado por Simon a las 05:00

Respuestas
15 Enero 2008 - 08:32
Angel
Cuanta verdad hay en tus palabras, mi querido Simòn: Cito:Qué extraña costumbre la de desposeer de pasiones a los protagonistas de nuestra historia, presentándolos como de bronce, cuando fueron de carne y hueso... Cuando se enterò que que pensaban erigirle un monumento en el parque de Palermo, dijo: "Ese hombre fue mi hombre. Yo lo abracé y lo besé. Apoyé mi cabeza sobre su pecho y él la sostuvo con esas manos enormes y fuertes. Compartí sus incertidumbres y sus angustias. Lo ví dudar y alegrarse. Tuvimos miedo y muchas veces lloramos juntos. Y ahora quedará hecho estatua en medio de esos árboles de los que tantas veces me habló y que yo misma lo vi plantar. No, no quiero verlo convertido en bronce..." Aurelia Vélez:fue una amante discreta pero no oculta y mucho menos vergonzante... Muakssss...
16 Enero 2008 - 06:55
Vero
Simón: Gracias por darnos a conocer esa parte más ''humana'' de las personas que fueron participes en nuestra historia. Cariños y muy buenas vibras!!!!!!

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