Sin tu mirada yo soy como fogón
que sin leña no se atiza.
Mi llano, el amor y tú, Reyna Lucero
Vuelve a enviarme un mensaje al celular preguntando: ?¿Qué haces esta noche??, para responderte de nuevo: ?Encontrarme contigo, perderme en ti? o cualquier otra salida que se me ocurra.
Vuelve a levantarte de tu butaca, cruza el piano bar envuelto en la penumbra y ven a mi encuentro para que nos abracemos por primera vez después de las mil y una noches de expectativa.
Vuelve a embrujarme con tu voz, a deleitarme con tu conversación salpicada de comentarios inteligentes, a hacerme sonrojar con el brillo de tus ojos pícaros clavados en los míos y a recorrerme con tu mirada de fuego.
Vuelve a estirar tu mano y a preguntarme: ?¿Te vienes conmigo?? y repite esa alegre carcajada cuando una vez más te conteste: ?Sí, me voy contigo hasta ese pueblito, allá en la frontera, al que quisieras llevarme?.
Vuelve a sorprenderme con la suavidad de tus labios hermosos, porque jamás hubiese imaginado que tú ?que para mí eres el epítome del hombre recio? besaras con tanta delicadeza y dulzura.
Vuelve a tomarme entre tus brazos y con tus arrumacos apasionados transfórmame otra vez en melcocha suavecita para seguir derritiéndome por el continente de tu pecho varonil.
Vuelve a meter tu mano en mi escote y acaricia mis senos así como lo hiciste esa primera noche, consciente de mi entrega absoluta a ti, porque si antes me gustabas, al conocerte me regustaste como nunca.
Vuelve a sentir cómo te palpo por encima de la camisa y el pantalón, que me pego a ti queriendo fundirme en tu carne, grabarme tu olor o aprenderme tu sabor, y mi confusión al no saber por dónde empeza.
Vuelve a bajar el cierre de tus jeans para ofrecerme esos veintidós centímetros de carne erecta y pronuncia aquella frase que se me quedó grabada en la memoria: ?Mira, lo que tanto querías?.
Vuelve a darme la mano para que me levante del piso, en el cual me hinqué de rodillas para ver con mis propios ojos ?y probar con mi propia boca, claro? el objeto de mis deseos.
Vuelve a desnudarte y a brindarme tu cuerpo para que me adueñe de él y por fin te prodigue todos esos chupones, lengüetazos, mordiscos y caricias que acumulamos durante los años de espera.
Vuelve a invitarme a tu cama, a montarte sobre mí con el mismo entusiasmo que cabalgas por tus valles queridos y a sumergirte en lo más profundo de estas hondonadas que deseabas hacer tuyas.
Vuelve a ponerme en cuatro patas, a darme una sabrosa nalgada y a multiplicar tus dedos dentro de mí, mientras me embistes haciendo gala de tus destrezas de buen amante.
Vuelve a arrodillarte a mi lado justo en el momento del clímax y ofréndame la humedad de tu simiente para que se derrame por mis labios hasta llenarme por completo.
Vuelve a tumbarte a mi lado, a darme más besos, a acariciar mi piel tersa después del sexo, a jugar con mi cabello desparramado por la almohada y a comentar con un suspiro: ?Muy bueno el primero?.
Vuelve a acercar tu boca a mi oreja, con esa voz ronca que me subyuga pídeme: ?Dame una mamadita rica? y disfruta de mi boca cerrándose en torno a tu sexo, de mi lengua lamiéndolo, del fondo de mi garganta rozándolo.
Vuelve a empezar el segundo round que las ganas acumuladas en todo este tiempo son muchas y, cuando ya no podamos más del cansancio, acostémonos a recuperar el aliento.

¡Vuelve! Tan solo eso te pido, ¡vuelve! De celebrar tu regreso... me encargo yo.
Foto: ?Rendida? Cortesía & © by Alvaro Rioseco