(Este es un caso real, literalizado, que cuenta con el permiso de la persona afectada.)
Natalia llegó a mi consulta con una sonrisa. No es lo habitual. Generalmente en una primera visita, los pacientes entran rotos, en una mezcolanza de emociones que van desde la desconfianza (?¿Un psicólogo realmente es la solución??), el temor (?¿Tendré que contárselo todo??) y la tristeza propia de mi especialidad (que son los trastornos del estado de ánimo.)
Pero ella me plantó directamente un beso en cada mejilla, se sentó antes de que yo lo hiciera en el sofá en lugar de en la silla que tengo frente a mi mesa de consulta y me preguntó con pasmosa seguridad: ?¿tienes un café??
?Claro ?contesté?. ¿Con leche?
?Sí, y si puede ser con dos azucarillos. Ah, y un cenicero. ¿No te importará si fumo, verdad?
Lo primero que pensé es que Natalia no necesitaba un psicólogo. No sólo desprendía seguridad y serenidad, si no que, además, presentaba un aspecto sano, muy lejos de la mayoría de mis pacientes deprimidas, tan desgastadas en sus vidas como en su cuerpo, arrugas de la tristeza mediante, trapos mal conjuntados, cabellos sucios, dejadez física. Ella, en cambio, vestía impecable sin ser en absoluto exagerada: un vaquero, una camisa negra, botas altas, y un bolso que se aprestó a dejar en la estantería junto al sofá.
Tras traerle un café me senté a su lado.
?¿Y bien? Tú dirás.
?¿Yo diré el qué?
?El motivo de tu visita. Cuéntame.
?Eh ?dijo medio divertida?. ¡Eso se supone que lo tienes que descubrir tú!
?Podemos hacerlo así si tú quieres. Pero te saldrá mucho más caro. Porque si he de ser yo quien indague en tu motivo de consulta, posiblemente pasemos muchas sesiones juntas. Si tú me lo explicas, en media hora podremos decidir si necesitas mis servicios o no.
Se puso algo más seria. Luego volvió a sonreír.

?Vale ?dijo?, tú ganas. He pedido una visita contigo porque creo que soy ninfómana.
?Define ?ninfómana? ?me apresté a interrumpir.
?Pues ya sabes, que follo con cualquiera. Y en cualquier situación. Por ponerte un ejemplo para que me entiendas bien: follo con mi jefe, con mi compañero, con el hermano de mi compañero, con el de contabilidad, con el nuevo? ¡Jajajajaja! ¡Tengo un lío de líos! Confundo los nombres. Y me paso tanto tiempo organizando mis citas con ellos, que no me queda tiempo para nada más. Mira, después de salir de aquí, he quedado con Manuel que es un ex mío. Hemos quedado en su casa, antes de que llegue su mujer. Y a la hora de cenar he quedado con mi jefe.
?Bueno, Natalia, ¡veo que no tienes tiempo de aburrirte! Tienes una vida sexual diversa y divertida? ¿dónde está el problema?
?Ah, ¿no tengo ningún problema? ¡Genial! Pues todo solucionado.
?Si tú eres feliz con esta situación, creo que no, que no tienes ningún problema.
?Bueno? problema, problema, no sé si será. Pero el caso es que desde hace unos meses ya no me basta con eso. Me refiero a que follo con desconocidos. Situaciones raras. Me pasó por primera vez yendo en metro, de camino al trabajo. Iba sentada y un tío me miraba y cuando iba a bajarme en mi parada me acerqué a él y le dije mi número de teléfono, así, de viva voz.
?¿Te llamó?
?No. Pero me gustó lo que había hecho. Me pareció divertido. Así que lo repetí tres o cuatro veces más, con otros hombres. En el metro, o en la sala de espera del dentista. Y uno me llamó.
?¿Qué pasó?
?Me dijo que era el chico del metro. Claro, te puedes imaginar, yo no recordaba cuál de ellos, ¡Jajajajaja! Pero le pregunté si quería follar, así, directamente. Me dijo que sí, y quedamos en un hotel. Él me preguntó cuánto cobraba y yo le dije que yo no era una puta. Se rió el muy cabrón.
?¿Fuiste al hotel?
?Sí. Ni siquiera le recordaba. Nos besamos, y follamos. Me gustó. Me preguntó si podía volver a llamarme y le dije que mejor no, que me diera su teléfono y si le necesitaba yo ya le llamaría.
?Ah, entiendo. Cubrías una necesidad.
?¡Jajajaja! ¿No lo sé? ¿Lo hacía?
?¿Qué crees tú? ¿Necesitabas acostarte con un desconocido?
?A juzgar por las veces en que he repetido, supongo que sí.
?Entonces, una vez llevada a cabo tu necesidad, ¿te sientes satisfecha?
?¿Hablamos de sexo o de emociones?
?Empecemos por el sexo.
?¡Jajajajaja! ¡Pillina!
?Dime, Natalia? ¿te sientes satisfecha sexualmente cuando terminas?
Se tornó seria de pronto, como sombría. Sorbió algo del café que le había traído, ya seguramente frío. Hizo ademán de encender un cigarrillo y después dijo:
?No. Nunca he tenido un orgasmo con esos hombres.
Entonces me di cuenta de que sí: Natalia me necesitaba.
(continuará?)
Foto: Cortesía & © by Martin Kovalik