Llevo unos días con un molesto dolor en la muñeca derecha y en el dorso de la mano.
Me resulta complicado teclear informes, teclear post, teclear el teléfono móvil, teclear incluso el teléfono fijo.
Me pregunto si me he roto la muñeca, pero me da a mí que no, así que empiezo a revisar mi enciclopedia de Medicina Casera tratando de dar con un diagnóstico en base a autoexploración un tanto cutre.
Nada. Es evidente que no soy médico.
Me planteo acercarme al hospital: idea... [continúa]
Celos, sí lo confieso, me estremecía al pensarte tan cercana a él.
Cuando me hablaba de ti en mí se sacudía todo, que si tu suavidad inigualable, tu inocencia, lo dulce que era recostar en ti su cabeza, tu ternura…
Me sentía envidiosa.
Me moría por dentro.
Llegué a odiarte.
Deberías de haberlo escuchado, que si tu noble figura, que siempre obediente, que nunca altanera, que si era especial deslizar sus manos en esa madeja que te envolvía. “Ella es mi chica” decía, “siempre... [continúa]
El sol ya bosteza en el horizonte de la carretera,
Y llegando en el coche la ciudad se va apagando.
Entro despacio, dejo los bultos.
Caliento el ambiente, enciendo las velas.
Me voy desnudando, respiro, me calmo, descanso...

El olor de mi casa de nuevo.
El temblor de las telas que caen al suelo.
Y las velas guardando la estancia.
Y el calor calentando mi cuerpo.
Y la cama esperando mis piernas.
Y tú deseando mis besos...
Foto: Cortesía & © by Rainer Gillessen
(De algunos casos, no tengo solución)
Hoy os quiero hablar de Sandro.
Llegó a mi consulta derivado por José Antonio, mi jefe en el hospital, adjunto a un mail en donde decía “Hay algo muy extraño en él. Pero yo no puedo ayudarle.”
Era un hombre de cuarenta y pocos, correcto en sus formas, de aspecto pulido pero distando de ser atractivo. Serio, apocado, poco hablador.
Se sentó delante de mí y a mi requerimiento de “Bien, cuéntame qué te sucede”... [continúa]
Parafraseando a Sabina
Esta boca es mía para buscar la tuya y encenderla a besos.
Para soplarte un beso en la distancia o plantártelo en los labios.
Para susurrarte, gritarte o tan solo decirte cuánto te deseo.
Para relamerme los labios cuando desnudas tu pecho.
Para acercarla a tu oído, sacar la lengua y recorrer muy despacio el pabellón de tu oreja.
Para desplazarla por tu cuello y sentir como te estremeces.

Para que se convierta en volcán de pasión o en oasis de ternura.
Para sembrar diminutas flores por toda tu piel y luego regarlas con la humedad de mi saliva.
Para cerrarse en torno a tu sexo y chuparlo hasta que pidas clemencia.
Para que te derrames en ella.
Esta boca es mía y ¡cuánto gozo cuando la haces tuya!
Es sabido que en el proceso de comunicación, un emisor envía un mensaje al receptor, y si ambos concuerdan en el entendimiento y la interpretación de lo que se dice en el mensaje y poseen los mismos códigos, lo que dice el emisor es comprendido por el receptor y así se produce la retroalimentación –los especialistas le dicen feed-back– y todos tan contentos porque nos ponemos de acuerdo.
Si se da el caso que el emisor habla en un idioma diferente al del receptor y éste no lo... [continúa]
Dicen que las noches de Eclipse de Luna provocan desatinos, alimentan las más extravagantes fantasías y encienden todas nuestras pasiones.
Desde el fondo de los tiempos llegan las leyendas de ancestrales hechiceros que en la antigüedad hicieron dioses de los astros. Ellos prevenían acerca de que en noches así y como por extraño sortilegio, todos los ensueños se volvían realidad porque los dioses desplegaban todos sus poderes, dejándonos a merced de fuerzas desconocidas que incitan a la... [continúa]
Llamaste para decirme que te había surgido una reunión inesperada en mi ciudad y que, si tenía tiempo, si quería, podíamos compartir momentos.
Que saldrías tarde de la reunión, que quizás podríamos vernos a partir de las diez de la noche.
Que te quedarías a dormir, porque al día siguiente temprano, había otra reunión urgente.
Que era precipitado y hasta descontrolado, que entenderías si no podía acudir.
Pero a las nueve de la noche, me dijiste que ya estabas libre, y que... [continúa]
Aras con tus labios mi boca mientras sin tregua siembras sobre mi extenso campo tu simiente dorada y me labran tus manos.
Esencia y principio que los besos maduran, tiembla la tierra fértil en ganas y se yerguen las cumbres mientras palpas mi camino enterrado y lo ahondas a golpe de deseo mancebo.

Será festín mi cuerpo, manjar de los humanos, mientras floto uncida por tu espiga de trigo.
Aliméntame. ¡Oh! Extremo que mece mi ternura, cava en lo más profundo, cultiva mis deslices, deslízate todo en mí.
Inhalando la vida sembremos con placer el tiempo que nos queda, cultivemos la tierra árida y reguémosla para obtener el fruto más lascivo.
Foto: Cortesía & © by Tarasov
La tarde pasa lenta, la noche escondida... me llega acompañada de lucecitas suaves.
De juegos en la alfombra, de risas por los suelos...
Qué buenas son las tardes tan oscuras...

Y cuando todo pasa, metida ya en la cama sumida en los recuerdos, desnuda deshojando...
Todo pasa...
Todo pasa...
Todo pasa...
Y todo queda (como decía el poeta).
Foto: Cortesía & © by Forrest Gump
Llevo una temporada de cierta actividad (lamentablemente, no muy sexual.) Desde que desapareció mi ya oficialmente ex chico nuevo, y a la espera de que surjan mejores oportunidades, me he dedicado a filtrear con algunos machotes, cuestión de seguir tomándole el pulso a esto de la inter relación (que no es lo mismo que relación inter: a mí me va lo autóctono.)
El caso es que he conocido a tres tíos, tres, de cierto interés. Los tres viven convenientemente a más de... [continúa]
Te digo “Amor” y tú piensas en corazoncitos rosados, sin reparar en las flechas que los atraviesan.
Te digo “Amor” y a tu mente vienen las rosas, pero te empeñas en no reconocer que hasta la más bella tiene espinas.
Te digo “Amor” y a ti te suena a Cupido, ¿acaso sabes que es hijo de Venus y Marte, los dioses del amor y de la guerra?
Te digo “Amor” e inmediatamente te pones en puntas de pie para tocar el Cielo, poco te importa que para ello debas abandonar la Tierra.
Te digo... [continúa]
Arrástrame hasta ti,
toma todo el aire que puedas
y sumérgete conmigo
en este mar de pasiones una vez más...
Vamos, ven... arrástrame. Sabes bien que puedo sumergirme en las aguas de este mar que tanto amo, donde se confunden mis ojos con el color del agua.
Sé que me estás aguardando en la orilla. Te adivino. Te presiento. Huelo tu perfume... voy a tu encuentro.
Salgo del agua con mis pechos húmedos, salpicados de luz de luna en cada gotita,... [continúa]
No lo niego, bien sabes que tu piel blanca y tan suave como la seda, es como un imán para mis sentidos. Así te conocí, así me gusta, así la disfruto con el más leve roce de mis dedos.
Pero este verano algo ha sucedido.
Decidiste cambiar, atreverte a tantas cosas que nunca antes habías hecho y, entre todas ella, a disfrutar del sol.
Los resultados, están a la vista, mujer bonita.

Ese bronceado caribe que has tomado contrasta de maravillas con tu cabello de miel, con tus ojos verdemar, con esa malla que usas a menudo... y con tus atributos.
¿Te lo habían dicho?
Foto: Cortesía & © by Kazuo Okubo
Si alguien dijera que los mails, chats o sms que compartimos Cristóbal y yo son el doble de apasionados que mis escritos... se quedaría muy corto.
Y es que en una relación en la que el teléfono no está siempre encendido, y la distancia complica más, si cabe, nuestros encuentros, las palabras lo cimientan todo.
Por eso tengo la bonita costumbre de ser en extremo delicada en la elección de cada una de mis palabras para Cristóbal.
Por poner un ejemplo, yo nunca... [continúa]
Me gustan esas nalgas de adonis que andan trasteando en mi cocina.
Me gusta que mi muso pregunte si quiero carne, porque si quiero carne, pero su carne, su aroma, su textura y sus jugos... Y no precisamente en la cocina.
Y es que el muso, y ese, su cuerpo inocente y puro me hacen hervir la sangre, me abarquillan, me acaramelan y me derriten mientras voy macerándome en sus ojos.
Ese apetito extraordinario de ese hombre en mi cocina, no importa cuan sádico o feroz sea,... [continúa]
Serpentean las luces del invierno, empapan las ventanas con sus gotas, y millones de focos anuncian a la noche...
Allá donde el deseo y calor nos alimenta, donde las sábanas mueven, atan y acarician.
Allá es donde te espero, escondida entre telas, tumbada en la alfombra, caliente de fuego de hoguera, mirando las sombras de las paredes blancas.

Y entrando en la penumbra, desnudando tu cuerpo, tu sonrisa se mece cuando me ves atenta mientras escribo un cuento del que tú, sólo tú sospechabas el argumento.
¿Y si cierras los ojos... y te lo leo?
Foto: Cortesía & © by Sebastián Vera
(Final, añadido e inciso)
(Empezando por el inciso: Entre este post y el anterior hubo uno que duró un suspiro. Que nadie se haga preguntas extrañas: sólo atiende al hecho de que no deseaba ser leída por algunas personas.)
Y sigamos con Natalia...
Hasta la siguiente sesión, me estuve planteando dónde estaba realmente el problema en Natalia, y si realmente existía. Llevada por mis propios prejuicios y a pesar de que personalmente no me escandalicé... [continúa]
Te espero
en la última hora de la tarde
con el deseo de dejarte destrenzar
mis cabellos en el aire.
Orietta Lozano
El gozo de darme un baño largo, con la espuma flotando, envuelta en el vapor mientras se van empañando las paredes del baño; de vestirme especialmente para ti, poniéndome tan solo un sostén de blonda negra y liguero a juego; de echarme unas gotas de tu perfume preferido... [continúa]
Me acosté con los jeans viejos y rotos que te gustan, para convocar a mis fantasías, que llegaron en medio de la noche y sin aviso previo.

Me desperté, húmeda y transpirada, a esa hora imprecisa de la madrugada en que está permitido cualquier desatino. Estaba excitada y no podía conseguir dar sosiego a mi deseo...
Mis manos, sin control, comenzaron a recorrer cada tramo... [continúa]
Otra vez, como lo he hecho todos estos años, he ido a esperarte en medio de la noche en la playa más lejana y solitaria.
Sentado en la arena, percibiendo el aroma salobre del frío viento marino estuve un largo rato, subyugado por el espectáculo maravilloso de las aguas reflejando la pálida luz de las estrellas. De las crestas de las olas rompiendo en la orilla con ese rumor singular e inconfundible que sólo podemos escuchar frente al mar, cuando la noche amortigua cualquier otro... [continúa]
Me sorprendió esta conversación, quizás porque Cristóbal no la tuvo conmigo.
Hace no tanto, una mujer despertó su interés. El interés no es propiedad de nadie. Y es propiedad de todos. Si alguna mujer pudo atrapar a Cristóbal fuera de mis deseos, no seré yo quien la censure, ni a ella, ni a él. No pregunté cómo era, ni porqué. Me limité a escuchar lo que él eligió contarme de esa mujer.
Durante algunas noches, se dedicaron a jugar al fabuloso juego de la seducción. Ese, en que todos... [continúa]
Ayer caí en la cuenta que después de casi cuatro años, se transformaron en un símbolo.
Cuando no está en su escritorio, los anteojos suelen estar ahí, encima de uno de los libros que está leyendo o en el cual está trabajando.

Se me hizo un hábito ver esos anteojos de marco fino de carey sobre la mesa atiborrada de papeles, certificados de registro, pruebas de galeras... [continúa]
Me apetece una copa de vino tinto, abordarlo con la vista, el olfato y el gusto… Observando su cuerpo y su textura, inhalándolo profundamente y percibiendo sus aromas, impregnando con él toda mi lengua, aspirando una pequeña cantidad de aire y degustándolo en mi boca, memorizando las sensaciones que percibo… Llenándome, sintiéndolo…

No obstante ansió más una gota de vino en tus... [continúa]
La realidad de dos está en sus tardes.
En las que tras un café se cambian besos y entre abrazos y pieles que se tocan se dan el alma entera sobre almohadas.
Y orgullosos y llenos de vicio entre los pliegues, descansando entre bocas y embistes saben que hay mucha gente que se muere sin sentir lo que ellos sienten.

Y se agarran de nuevo el uno al otro, y entre lenguas y roces se alimentan y sacan a la tarde un par de horas y se ríen del tiempo y la rutina.
La realidad de dos se queda en eso: en la cama deshecha las velas consumidas.
En esperar paciente al otro día en soñar con sus sexos y recordar los besos y sus risas.
Hasta otro día amor. Hasta ese día.
Foto: Cortesía & © by canalblog
Durante las dos sesiones que siguieron, Natalia se dedicó a contarme con extrema precisión cada uno de los encuentros “con desconocidos” que había vivido en los últimos meses.
Existía una especie de línea emocional increíblemente precisa entre éstos y los bautizados “líos”, que al día de hoy soy incapaz de recordar. Creo que ella misma se hacía, efectivamente, un lío con ellos. A veces hablaba de Manuel o David o Ernesto o Javi entremezclando anécdotas que correspondían a uno y... [continúa]
Baby, I got sick this morning
A sea was storming inside of me
Baby, I think I'm capsizing
The waves are rising and rising
"Sexual Healing", Marvin Gaye
Pensé que aquel sería un Carnaval sin sobresaltos y que me pasaría los cuatro días de asueto tranquila en casa. Como me quedaba sola, prometí que aprovecharía para dormir hasta la hora que se me antojara, leer un libro cuya lectura había ido posponiendo, ver varias películas que tenía... [continúa]
Sepan disculpar, pero decidí tomarme un recreo y estoy
muy ocupada en asuntos de lo más importantes.

Nos elegimos una vez más.
Estamos deleitándonos con la sublime y máxima unión de cuerpo y espíritu.
Se ruega no molestar.
Gracias.
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Foto: Cortesía & © by Newmedia.
Pienso y me digo que quizás se trate del efecto del aire salobre y fresco de la noche, las caminatas por la playa, o por el sortilegio de una sirena.
Porque cuando estás cerca de tu mar se disparan todas tus fantasías.
Entonces, a veces, se te da por jugar y vestirte de marinera.

Es cuando se te ocurre ponerte esas camisetas de red que me producen vértigo.
Va de suyo que terminas por conseguir aquello que te habías propuesto...
Foto: Cortesía & © by Stefan Gesell
Hay dos cosas en Emilio que no entiendo.
La primera es por qué eligió, de entre todas las fascinantes especialidades que brinda la carrera de medicina, la de traumatología. Aunque entiendo que las posibilidades de éxito son muy superiores a las que pueda tener, por ejemplo, mi querido jefe José Antonio como psiquiatra, si te dedicas a observar el instrumental que Emilio tiene en quirófano, bien podrías pensar que ejerce de carpintero, yesista o soldador. Sólo imaginarme las burradas que... [continúa]
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