Colección Voyeur

Viernes 15 de Febrero de 2008
Epístolas

Si alguien dijera que los mails, chats o sms que compartimos Cristóbal y yo son el doble de apasionados que mis escritos... se quedaría muy corto.
Y es que en una relación en la que el teléfono no está siempre encendido, y la distancia complica más, si cabe, nuestros encuentros, las palabras lo cimientan todo.
Por eso tengo la bonita costumbre de ser en extremo delicada en la elección de cada una de mis palabras para Cristóbal.
Por poner un ejemplo, yo nunca escribo:
“Hola cariño, te echo de menos. Espero verte pronto. Estaba pensando en ti. Un beso. Amanda”.
Yo escribo:
“Mi amor querido, te estaba pensando y al hacerlo he recordado que lo maravilloso de echarte de menos tanto es saber que pronto estaré entre tus brazos, otra vez, para que tú y yo nos vayamos construyendo... con besos. Te quiero mi vida, eres mi gran amor. Tu Amanda.”
Sí, ya sé... un poco cursi. Cristóbal opina lo mismo. Pero está tan habituado y tan alimentado con mails como este que todas sus inseguridades se despiertan cuando lo escrito roza lo normal:
“Hola. Por aquí todo bien. Un besito.”
Creo que Cristóbal no se sentiría ni la mitad de inseguro respecto a mi amor por él si encontrara unos calzoncillos bajo mi cama, vello púbico moreno en la bañera o un condón usado en el retrete, como recibiendo un mail así.

Y cuando sucede, que son pocas veces, todas a causa del estrés, falta de tiempo o, incluso, falta de inspiración, Cristóbal reacciona en consecuencia y trasluce el hombre rancio que hay en él a base de responder con palabras aun más indiferentes:
“Me alegro. Otro besito para ti.”
Así que, cada vez que le escribo, que es a diario, trato de demostrarle que yo tengo razón y mi amor es infinito y todo lo puede.
Se asienta entre nosotros, desde hace cuatro años, una especie de código en donde hemos de recordarnos a cada palabra que esto es real, intenso e inmenso. El día que las palabras fallan, cualquiera de los dos corre a rebuscar en sus miedos y teme que, dos mails más allá, exista una despedida.
Claro que Cristóbal y yo, entre cursilería romántica y palabrería rosa, le echamos algo de humor al tema añadiendo algo así como “PD: me estoy imaginando tu polla en mi boca ahora mismo y me acabo de poner muy cachonda, cielito”.
Así como el gran temor de Cristóbal es que yo deje de dar sentido a su vida con palabras, el mío es olvidar, alguna vez, que tengo que recordarle que le amo, especialmente si no hay excusa alguna para ese olvido (ni estrés, ni tiempo, ni falta de inspiración.)

 
Publicado por Amanda a las 05:00

Respuestas
15 Febrero 2008 - 10:00
Angel
Amanda:me llegò...Se asienta entre nosotros, desde hace cuatro años, una especie de código en donde hemos de recordarnos a cada palabra que esto es real, intenso e inmenso... Seguramente es porque me identifico... Un beso, Genia. Angel.
15 Febrero 2008 - 18:51
Vero
Amanda: Fue muy gratificante leer EPÍSTOLAS. Besitos y BUENAS vibras!!!!.Vero

Tamaño de letra
Sindicación
Publicaciones
Publicidad
 
 
Categorías
Enlaces