Te espero
en la última hora de la tarde
con el deseo de dejarte destrenzar
mis cabellos en el aire.
Orietta Lozano
El gozo de darme un baño largo, con la espuma flotando, envuelta en el vapor mientras se van empañando las paredes del baño; de vestirme especialmente para ti, poniéndome tan solo un sostén de blonda negra y liguero a juego; de echarme unas gotas de tu perfume preferido en esos lugares donde deseo que se concentren tus besos; y de recogerme el cabello en una trenza para regalarte la dicha de soltarlo.
La satisfacción de atreverme a descorchar a solas una de las botellas de Chateaux Montchenot de esa cosecha de hace tantos años que guardas en la bodega con tanto celo y cuidado, a la espera de una ocasión especial, con la excusa de que no habrá mejor motivo de celebración que estas ganas de querer hacerte el amor con pasión y sin apuros, en una fiesta para los sentidos.
El éxtasis de servirme la primera copa para quedarme durante varios minutos contemplando el color rubí intenso, percibiendo el aroma húmedo y sensual, dejando que los taninos me cosquillen la nariz y recordando tus palabras: ?Es gustoso al paladar, aterciopelado, como una caricia?, mientras anhelo las tuyas y repaso las mías.
La delicia de preparar todo como si fuera un escenario, colocando la botella y nuestras dos copas sobre la mesa, calculando la iluminación precisa para resaltar justo lo necesario, estudiando el reflejo de todo el conjunto sobre el vidrio reluciente y parándome de espaldas a esperar que llegues, para que me encuentres aquí y así.
El disfrute de la espera, recreando una y otra vez las distintas maneras en que podrías reaccionar; anticipando una respuesta basándome en lo que conozco de ti y esperando incluso lo inesperado por aquello que ignoro; anhelando tus labios, tus manos, tus brazos, tu cuerpo; deseándote con cada fibra de mi ser.
La complacencia del placer.
Foto: ?Wine? Cortesía & © by Massimo Innocenti