A ti,
por la alegría.
Quizás se extrañen al leer el título de este post y piensen que por equivocación entraron a un sitio especializado en mascotas. O tal vez crean que en mi tiempo libre me dedico a la cría de estas aves prensoras y que voy a revelarles el secreto de cómo hacer para que hablen sin necesidad de que ustedes se lo pidan. Pero no, les aclaro que no es así y los invito a que sigan leyendo para que sepan de qué va la cosa.
Para comenzar he de contarles que los periquitos me atraen por su carácter alegre, extrovertido, juguetón y bullicioso, y que siempre me han resultado unos animalitos muy simpáticos. Sin embargo, debo reconocer que mi interés por ellos aumentó recientemente. En concreto, fue desde que, al poco tiempo de conocernos, mi nuevo e ingenioso amante me preguntó: "¿Cómo está la periquita?". A lo cual yo, ignorando a qué se refería, sólo atiné a contestarle con otra pregunta: "¿De qué periquita me hablas?".
Entre risas y bromas me explicó que en Brasil acostumbran llamar de ese modo al órgano sexual femenino y que él había adoptado la costumbre porque le parecía muy gracioso. A mí también me hizo mucha gracia, así que le seguí el juego y decidí bautizar su maravilloso pene como ?periquito?. Ahora, cada vez que conversamos por teléfono o en el Messenger, intercambiamos mensajes de correo electrónico o al celular y nos encontramos en persona, no perdemos ocasión de utilizar estos apodos.

Este amante, además de ser súper creativo, es muy generoso y tiene a bien prestarme su periquito cuando se me antoja, cuando se le antoja a él o cuando se nos antoja a los dos; aunque ?como bien aclara? lo haga sólo por unas horas y luego deba devolvérselo, bien satisfecho, después de recibir toda clase de mimos y atenciones. Gracias a su generosidad ?y a lo antojadizo que somos los dos? he tenido la oportunidad de dedicar ese tiempo al estudio de estas aves consentidas y cariñosas. Esto me ha permitido enriquecer mis conocimientos y descubrir cosas fascinantes.
Por ejemplo, en cualquier manual se puede leer que hay muchas variedades de periquitos y que si bien el tamaño promedio ronda los 18 centímetros, algunos ejemplares pueden ser más grandes y otros más pequeños. Así como también existen unos más gordos y otros más flacos. Pero, para que no caigamos en el asunto de los tamaños y las dimensiones que levanta mucha roncha, déjenme decirles que una de las actividades más interesante es observar su proceso de crecimiento.
Les confieso que quedo extasiada al contemplar ?in situ y desde una posición privilegiada? la forma en que el soberbio periquito de mi amante se yergue, sacude su cuerpo, se esponja, crece y empina la cabeza hacia mí a la menor provocación. ¿Tienen presentes a los dulces pajaritos verdes cuando una se acerca a ellos y les dice ?Trúa, periquito, dame un besito?? Pues, para mi delicia y la de su dueño, éste hace lo mismo. ¡Ah, y ni les cuento lo que es capaz de hacer por un besito!
Toda la literatura que he consultado coincide en que el juego es muy importante para estos animalitos y en la necesidad de que tengan una compañera bien dispuesta, que les permitan dar rienda suelta a su imaginación y piquen su curiosidad. Aun así, todavía me causa una gran perplejidad cuando el periquito se mete dentro de la periquita, frota su copete contra ella, se estira, se contrae, vuelve a esponjarse y se va poniendo rígido a medida que aumenta de tamaño.
Es entonces cuando empieza lo que en Venezuela llamamos ?una verdadera periquera?; es decir, la algarabía total y absoluta. Aquello se convierte en un enredo de picos, plumas y colas, alas extendidas, patitas que se piden y patitas que se dan, besitos que vienen y besitos que van, ojos con las pupilas agrandadas a punto de desorbitarse, cuerpos que se tensan en posiciones casi inverosímiles y suspiros acompañados de unos gritos de alegría que dejan sordo ?y envidioso? a cualquiera que los escuche.
Al final del alboroto, la periquita le ofrece su pecho al periquito para que se acurruque allí y ella seguir haciéndole mimos, arrumacos y cuanta caricia se le pase por la cabeza. Porque sabe que muy pronto el periquito se habrá recuperado y comenzarán todo de nuevo. Sólo que antes de continuar, el muy goloso no le pedirá galletitas, sino esos bombones de chocolate italianos que lo vuelven loco y lo hacen delirar.
¿No les parecen adorables los periquitos? Yo, a este en particular, ¡lo adoro! y no lo cambio por ningún loro, papagayo, guacamaya o similar.
Foto: Cortesía & © by Ivone Redmann