Tus manos hacen el día entre la hierba
Tus ojos hacen el amor en pleno día
Con las sonrisas en el talle
Y tus labios en las alas
Te colocas en el lugar de las caricias
Te colocas en el lugar de los sueños.
de "L’Amour la poésie", Paul Éluard
–Tus ojos me pierden.
–¿Por eso siempre te encuentro merodeando entre mis pechos?
–Siiiii, me tiendo sobre ellos a contemplar el prado verde de tu mirada.
–Hace un momento imaginé que por ella paseabas.

–¿Lo notaste? Eso hacía hasta que tropecé, resbalé y casi me ahogo en ese profundo canal esterado de pecas.
–Ah, con razón estás tan colorado.
–No, no es por eso, sino porque me bronceé con las chispas doradas que brillan como soles diminutos en tus ojos.
–Por favor, detente. Si continúas, me vas a hacer sonrojar.
–Pues justamente para eso son los piropos.
–¿Quieres decir que su objetivo es causar tal turbación? Creía que eran para halagar.
–Yo te estoy halagando, tú me estás turbando.
–¿En serio?
–Sí, cuando me miras como lo estás haciendo ahora, me perturbas de verdad.
–¡Ja ja ja! Yo diría que más bien te masturbo.
–¿Por qué lo dices?
–Bueno, porque si te veo así, fijando mis ojos en los tuyos, y luego te toco acá... resulta bastante obvio.
Foto: Cortesía & © by Rafal Kay