Para ti ha dejado de ser frecuente y ya no sucede a menudo.
Has aceptado probar otras prácticas porque apreciaste que en la variación está el gusto.
Ya no necesitas dominar todas las situaciones ni ser la que decide cómo y cuándo, porque aprendiste que no siempre se necesita estar arriba.
Descubriste que el abandono resulta mucho más placentero de lo que imaginabas y que entregarse suele deparar deleites imprevistos y desconocidos.
Pero hay días –especialmente en otoño–, en los cuales el deseo te incita a tal punto, que necesitas volver a los viejos hábitos.

Apremiante, me tiendes boca arriba y te acuclillas sobre mí.
Si intento decir algo me silencias con un dedo cruzado sobre mis labios y me exiges que te deje hacer.
Por supuesto, yo no me niego ni me resisto.
En especial ahora, después de este verano.
Porque como regalo extra, mientras te esmeras en procurarnos la suma de todos los placeres, me obsequias con la maravillosa visión de tu bronceada piel de seda.
Foto: Cortesía & © by Alexander Feodorov