Colección Voyeur

Domingo 23 de Marzo de 2008
El simulacro

Hoy se me dio por recordar aquel día en que dos de los residentes más nuevitos y bonitos que habían llegado en la última remesa salida de la facultad de medicina, fueron convocados –e invitados por La Enana Maldita y yo–, a realizar un simulacro de salvataje.
“Seeeeeeeeeee”, me parece escuchar la voz de los descreídos. Para que sepan, un simulacro de salvataje es parte de la práctica hospitalaria puesto que implica conocer cómo actuar en situaciones límite en conjunto y colaborando con los paramédicos, la policía y los bomberos. Así que el gestito y la suposición, se los guardan, ¿eh?
En esa oportunidad, el lugar elegido por las autoridades era la zona del puerto de Tigre, y aunque la designada por el director a hacer de guía a los bombonazos era La Enana, la noche anterior me dijo, antes de irme:
–Mañana a las siete, tenemos picnic en el Tigre con los dos residentes nuevos, nena. Te paso a buscar. Quién te dice... a lo mejor la pasamos bien y les podemos enseñar algo.
Y pasó, nomás, a la mañana siguiente, en su auto y con los dos residentes. Uno alto y el otro bajito. El alto, rubio y tan hermoso como uno de esos atletas de los griegos. El bajito más tirando a morochito, no tan monono pero de complexión sólida, si me entienden lo que quiero decir. El alto rubio y lindo, charlatán, desenfadado y bromista. El bajito, morocho y sólido más calladito.
Subí al auto y allá fuimos, bien tempranito en esa mañana de primavera tardía o verano temprano, rumbo al puerto de Tigre, en el Delta.
La Enana, en gustos musicales, es –¿cómo decirlo?–, ¿monotemática? Cuando le da por un intérprete lo escucha y lo escucha y lo escucha hasta el hartazgo. El de ella y el de todos los que estamos cerca de ella.
Por aquellos tiempos, su preferido era Arjona. Y no sólo lo escuchaba, sino que además, hacía play-back y lo cantaba... bueno, más que cantarlo, lo desafinaba.
Porque mi amiga es así: cuando algo se le monta entre ceja y ceja, su lema es “¡Adelante con los faroles y que se jodan los rezagados!”. Chiquita como es, nadie se imagina que en ese cuerpito menudo, casi de nenita adolescente, se esconde un carácter de sargento de infantería y una determinación que –hay que decirlo–, a veces se transforma en empecinamiento. La Enana Maldita, por ejemplo, detesta que le digan lo que tiene que hacer casi tanto como odia que le sugieras algo cuando está de malas. Y es tan incapaz de reconocer que se equivoca como, al que se encarga de calcular los números del Índice de Precios al Consumidor,  asumir que no tienen nada que ver con la realidad de tan “dibujados” que están.
Pero volvamos a esa mañana en la que íbamos rumbo al Tigre, ella conduciendo el auto y yo entreteniéndome en cortarle el audio del reproductor de CD con el comando, de manera que quedaba cantando sola, desafinando a más y mejor:

“Tu reputa...ciooooón son las primeras /
seeeeeeeis letras de esa palabra. /
Llevarteeeee a la cama era más fácil que respirar. /
Tu teléfono es de total dominio popularrrr, /
y tu colchón tiene más huellassssss /
que una playa en pleno verano. /”

Cuando se daba cuenta que había estado a grito pelado, ponía cara de traste. Porque si algo le molesta a La Enana Maldita es hacer el ridículo o quedar expuesta, especialmente esa mañana en la que hacía de transportista de los dos bombones nuevitos y con poco uso –al menos eso parecía–, que se divertían a lo pavote en el asiento trasero.
–Beti, por favor, dejá escuchar la canción... –dijo el bombón alto y rubio.
Y yo, vuelta a darle al comando, con lo que Arjona seguía cantando y La Enana vuelta al play-back a voz en cuello:

“Has hechoooo el amor más veces que mi abuela /
y aúuuun no acabas ni la escuela. /
Y aúuuun sabiendo que no eres el mejor partido, /
dime quien puede contra Cupidooooo... /”

Y yo vuelta a cortar el audio.
–¿Por qué no dejás el comando tranquilo, nena? –volvió a insistir, cuando miró por el espejito retrovisor (es mentira que las mujeres sólo lo usamos para retocarnos el maquillaje), y vio que los residentes se desternillaban de risa.
–Yo puedo más que Cupido, doctora –el rubio alto, que volvió a meter su bocadillo. Y así todo el viaje, yo jugando con el comando, los bombonazos a las carcajadas y La Enana Maldita aniquilando al pobre Arjona.
–Bueeeeeeeeeeno... Llegamos –dijo, al fin, maniobrando para estacionar el coche.
–¡Por fin! –otra vez el alto y rubio, que ni se imaginaba que estaba jugando con fuego.
–¿Qué pasa, nene? ¿Manejo mal?
–Para ser mujer, excelente –le contestó el residente, con cierto tufillo a ironía.
–Yo me reservo el derecho de opinión –acoté yo.
–Mejor, porque de lo contrario me parece que vas a tener que volver caminando –me contestó el carilindo, guiñándole un ojo al otro residente que no dijo ni una palabra.
–No le hagas caso –dije–. A veces no es así la doctora. Ocurre que últimamente, desde que se divorció, no le llega agua al tanque... –comenté, y ahora fue ella la que me hizo un guiño.
Los bebotes residentes sonrieron, pero no sabían cuál era el verdadero sentido de mi comentario. Nosotras sí.
–Bueno vamos a buscar al grupo de rescate –dijo La Enana, cerrando las puertas del auto y encabezando la marcha con los residentes detrás, como perritos falderos. Le gusta tener el mando, a mi amiga. Y el control de las situaciones. Y cuando no puede, se enfurruña y en esos momentos es mejor ponerse a prudencial distancia.
Eso porque La Enana es como los perfumes franceses: todo lo bueno viene en frasco chico... Claro que dicen que los venenos también.
Uno la mira, con esas manos de dedos finos de pianista, esos piecitos delgaditos y chiquitos, esas piernitas bien formadas y finas, su cabello siempre prolijito cortado a ras de los hombros y con reflejos y ese cuerpo menudito como de nena púber, y lo que menos se imagina es que eligió ser traumatóloga, que es capaz de dar vuelta en la cama a alguien que pesa dos veces más que ella y que en otras actividades más gratificantes, tiene una vitalidad y una resistencia, que le daría envidia a más de una corista.
Con el carácter, es lo mismo, mi amiga. Jovial, bromista, dueña de una hermosa sonrisa y de unos ojitos chispeantes y pícaros y de una risa contagiosa, sólo alguien muy perspicaz es capaz de advertir que “buscarle la lengua” a mi amiga puede resultar una de las experiencias más perturbadoras y riesgosas de la existencia del ser humano.
–¿Adónde es Beti? –preguntó el residente rubio y alto.
–Allá –dijo La Enana, señalando una humareda que subía desde atrás de un galpón–. ¿Tenés cataratas, ciego? Empezaron con el simulacro de incendio y no nos esperaron... ¡Grrrr! ¡Ufa! –gruñó, apurando el paso.
–¿Estás segura? –insistió el bombonazo, que estaba empezando a transformarse en un plomazo con tanta pregunta.
–¡Sí, che! ¡Dale, ponete el guardapolvo y metete en la escena! –le ordenó La Enana Maldita, con cara de pocos amigos. –¡Mirá que sos pesado!
–Ya va, ya va... ¿Y qué hago? –quiso saber el residente, a quien en la facultad nunca le habían explicado que cosas así, suceden.
–¿Qué vas a hacer, nene? ¿Ir a preguntar qué pasa? ¡Lo que hay que hacer en un incendio cuando los bomberos sacan a la gente! –gruñó La Enana, poniéndose el guardapolvo arriba del ambo.
–Este pendejo me está haciendo perrrderrr la paciennnncia –me dijo por lo bajo, masticando las palabras.
–Doctora... ¿Está segura? –dijo el residente bajito, morocho y de complexión sólida.
–¡Uf! En un simulacro de salvataje hay que asistir a los bomberos, preparándose para cuando salgan con alguien rescatado y atenderlo ¡Meterse! ¿Entendiste? ¡Eso es lo que hay que hacer! –le dijo, exasperada.
–¿Y qué hago entonces? –preguntó el rubio, que parecía tener problemas de comprensión.
–¡Seguí al bombero y metete en el incendio! –dijo La Enana Maldita, señalando el lugar donde el humo era más denso y crepitaban las llamas.
Por un momento pensé que para simulacro, era demasiado. Les aseguro que el escenario parecía producido por los de Polka Producciones, con Adrián Suar a la cabeza, que se delira por las explosiones y los incendios.
–¡Todos afueraaaaa! –gritaba un bombero, con la cara toda tiznada.
–¡Dale, dale! –le dijo Beti al residente rubio, alentándolo–. ¡Metete que es como una película!
–Oiga, doctora, ¿por qué no se aleja de acá? Mire que en ese depósito hay bidones con solventes y pueden estallar en cualquier momento –dijo una voz detrás de mí. Cuando me di vuelta, me encontré frente a frente con uno de los bomberos.

Más precisamente con el más atractivo de los bomberos que hubiera imaginado encontrarme en toda mi existencia. No llevaba chaqueta, estaba con el torso desnudo y sólo tenía puesto un arnés.
–Sí, sí, está bien... –le contesté, como quien no quiere la cosa.
–¡Dale, metete! –le gritaba La Enana al residente rubio y alto–. ¿Y vos? ¿Vos qué esperás? –le dijo al residente morocho y bajito.
–¡Ya voy, ya voy! –contestó él, no muy convencido.
–¡Sí, dale de una vez!
Y allá fueron los dos residentes nuevitos, a hacer su papel de “médicos en situación de crisis”, con la expresión de quien no está del todo seguro de lo que está haciendo.
–¡Eh, doctor! –gritó el bombero del tórax descubierto, que sin querer me rozó las tetas con el codo–. ¡No puede pasar! ¡Es peligroso!
–¡Estamos haciendo el salvataje! –gritó el rubio alto, haciendo bocina con las manos y siguió caminando.
–¡No! ¡No hay heridos! ¡Y es peligroso!
–¡Pero nos dijo la doctora que tenemos que meternos! –le contestó el morocho bajito.
–¡Vamos, sigan, sigan! –insistía La Enana, con el entusiasmo de quienes tienen la certidumbre que están cumpliendo con su deber.
Por supuesto, los dos residentes siguieron caminando hacia la humareda y las llamas.
En ese momento algo no me cerró del todo. De pronto toda aquella situación se me hizo demasiado real como para ser un simulacro.
Entonces lo encaré al bomberazo ese que tenía al lado y le dije:
–Perdone... oficial, pero a nosotros nos mandaron de la dirección del hospital para el simulacro...
–¿Qué simulacro? ¡Ningún simulacro, doctora! ¡Estamos tratando de apagar el incendio del negocio de muebles de mimbre y adentro hay por lo menos diez bidones de solvente y barniz!
–Pero... nos dijeron que... acá... –balbuceé.
–Vamos, sea buena y salga –me dijo, sin brusquedad, aunque me di cuenta que era una orden.
Así que corrí hasta donde estaba La Enana Maldita que seguía alentando a los dos residentes a voz en cuello para que siguieran.
–¡Beti! ¡Tienen que volver! –le grité.
–¡Dejá de joder! –me contestó, y empezó a toser, porque el humo ya llegaba hasta nosotros–. ¡Tienen que aprender cómo hacer un salvataje!
–¡Pero no es un..! –estaba por decir, cuando de pronto: ¡BUM! ¡TRA-BUM! ¡TRACK-BUUUUM!
Deben haber explotado los bidones de los que me había hablado el “bomberazo”.
–¡Chicos! –volví a gritar, cuando los vi aparecer envueltos en humo, tosiendo, tapándose la boca y la nariz con el guardapolvo, arrastrados por dos bomberos.
El alto rubio tenía el pelo como si le hubieran metido la cabeza sobre la hornalla de la cocina.
–Dejalos... están simulando una asfixia –arguyó La Enana, que daba saltitos, entusiasmada por el realismo de los acontecimientos. –Mirá: si hasta parece que se están ahogando de verdad...
–No, tarada –le grité en el oído, porque entre la batahola y el entusiasmo, no escuchaba.
–¿No qué?
–No es un simulacro... es un incendio de verdad y ¡se están asfixiando!
–¿Qué-qu-e-qué-quéeeeeee? –cacareó La Enana.
–¡Que hay que sacarlos de ahí!
–¡Uyyyyyyyy! ¡Qué metida de pata! –dijo, agarrándose la cabeza con las dos manos–. ¡Chicos vuelvan, vuelvan! ¡Chicos! –salió corriendo a buscarlos.

Volvimos en silencio. Ni siquiera con música de Arjona.
En el asiento de atrás, el residente alto, rubio, carilindo y locuaz, parecía haber perdido su sentido del humor y seguía mojándose la cabeza con un paño blanco que humedecía en un baldecito lleno de agua con cubitos que compramos en una estación de servicio. El bajito, morocho y sólido miraba por la ventanilla, abstraído, quizás meditando acerca de tan excitante experiencia o imaginando de cuántas maneras diferentes podía eliminar a La Enana Maldita.

Una semana después cuando ya todo el hospital estaba en silencio –y viene a cuento–, entré sin golpear al dormitorio de médicos con intenciones de dormir un rato y cuando abrí la puerta me quedé como esa mujer de la Biblia que se dio vuelta y quedó hecha una estatua: ahí estaba La Enana, en la cama, chiquita como era, menudita, delgadita, casi etérea, y descalza... toda descalza, sentada a caballito sobre el residente alto, rubio y lindo, moviéndose como una odalisca con una habilidad sorprendente y con un fervor envidiable, al mismo tiempo que con una de esas manitos de dedos largos y finos, lo tenía bien agarrado al residente bajito, morocho y sólido... (¡Dios mío! ¡Qué sólido había resultado!) y le hacía algo que, a juzgar por la expresión de éxtasis que se le dibujaba en la cara, debía ser muy placentero... para ambos.
De tan consustanciados que estaban en esos menesteres, la única que advirtió mi presencia, fue ella.
Yo, que la conozco, interpreté que me decía con la mirada: “¿Qué hacés ahí parada, nena? ¡Entrá o andate, pero cerrá esa puerta de una vez!”
Entonces reaccioné y cerré casi sin hacer ruido y sin poder evitar escuchar los gemidos de gata de mi amiga, La Enana Maldita quien, solidaria como era, estaría haciéndoles un desagravio a los dos residentes bombonazos por las vicisitudes que habían tenido que pasar. ¡Mirá vos!
¿No les dije que La Enana Maldita es como los perfumes franceses? Chiquita, sensual, persistente y rendidora.

PD: Por si les picó el bichito de la curiosidad, sí, es cierto, lo admito. Una semana después del “simulacro”, nos encontramos con mi “bomberazo”, a jugar al “salvataje” en uno de esos lugares de la Panamericana llenos de espejos y con colchón de agua... (Je Je). Fue la primera vez que aprendí a jugar tanto y tan rico, con la manguera de un bombero...

Todos los derechos reservados © 2008 by Voyeur®

Foto: Cortesía & © by González Fotógrafos

 
Publicado por Ángel a las 05:00

Respuestas
23 Marzo 2008 - 16:26
miguelcheru@
Primero: FELICES PASCUAS!!! Y te dejo de regalo virtual UN HUEVO RELLENO DE NUEVAS ILUSIONES Y ESPERANZAS!!! Segundo: JAJAJAJAJAJJAJAJJAJEJEJEJJEJEJEJIJIIJIJIJIIJIIJIJOJOOJOJOJOJOJOOJJJUUJUJUUJUJUJUUJUJUJUJUJUUJUJUUJUJU!!!!!!!!!!!!!!!!!! Tercero: el post está etiquetado como Genialidad, Originalidad y esa cuota de humor :) a la que nos tenés acostumbrados.... Voy a invitar a una productora para que te lea y asì ver si podemos llevar esto más allá de las "tablas"... Un beso, bello Angel de Mujer. P/D: ¿Simón te lee? no veo que te deje ningún comentarios ;) Miguel Angel.
23 Marzo 2008 - 19:34
Betina
Felices Pascuas:la casa está en orden...jajajjjajajja Holaaaaaaa Simoncito, Ka toy... Holaaaaaaa Angelito, que lindo es volver a encontrarlos... Cheru: buscá una productora que yo busco un "boga" que me defienda de este Angelito por mostrar mis "desnudeces"... jajajjajjajajjajja. Olvidaste contar si estaba "depiladita o no".... Un beso. Felices Pascuas de resurección ....YO TAMBIEN RESUCITÉ.... PARA LAS PASCUAS COMO TENÍA QUE SER.. LOS QUIEROOOOOOOOO!!!!!! Beti.
24 Marzo 2008 - 20:18
Vero
Angelito querida: Una palabra define lo que acabo de leer: M-A-G-I-S-T-R-A-L!!!!!! Hasta la imagen de ese Angel de Fuego, acompaña al relato. Eso si...Angel, Beti... inviten al próximo simulacro... jajajajaja!!!! Amiguis, te envio desde aquí, un aluvión de Buenas Vibras.Cuidate mucho.Vero
25 Marzo 2008 - 11:30
La Banda
Ahora entiendo porque estaban siempre anotadas en las listas de simulacros!!! Beti: te gustan los emparedados, las ensaimadas, los panqueques y las tortillass..jajjajajaj...que paladar!!! Las ensaimadas son de Angelito, su especialidad y de ese pueblo que la vio nacer a orillas del Paraná. Que privilegio el tuyo... Y que mejor que un bombero para enseñarte a tirar bien la manguera!!! Un beso, te queremos... Tirá una ensaimada.. La Banda
27 Marzo 2008 - 15:03
Miguel Angel Cheru@
Tengo el premio para este post en particular... UNA SORTIJA DE CORAL PIEL DE ÁNGEL... Un beso... Miguel Angel
28 Marzo 2008 - 06:53
Enviar un emailAngel
Beti y la Banda nada más que agregar...los quiero Mucho...Vero = y te tendremos presente para el próximo simulacro... Será a bordo de un Ferry... Sólo varía los invitados son la Agencia Marina y Guardacostas... Vero te esperamos muy pronto en: VIAMONTE Y COSTANERA SUR-DARSE :-) FERRY LINEAS ARGENTINAS S.A. Para invitarte a una nueva TrAvE...sIa:-) :0) :=) Un beso a todos. Angel.
28 Marzo 2008 - 17:58
Vero
¿Un ferry?....Grande Amiguisssssssss.....si es tan emocionante como tu post, no lo dudes, alli voy a estar!!!!!!jajajjajaja... Mis mejores vibras para vos!!!!!Un besote.Vero

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