Colección Voyeur

Martes 22 de Abril de 2008
La Primera Vez que... (II)

–Buenos días, princesa. Perdona si te ha despertado mi llamada.
–No te preocupes, me acosté con el sabor de tu cuerpo y me despierto con tu voz y con más ganas de ti... ¿Sabes que tengo dolores en zonas de mi cuerpo que nunca antes había sentido? Cada uno de esas punzadas me hace recordar lo mucho que te deseo, y me encanta.
–Eres increíble Natalie, activas todos y cada uno de mis sentidos. Me tienes loco, loco de pasión, loco por besarte a todas horas. No te aparto de mi mente ni un instante, de hecho ahora mismo estoy en el hospital con Esther y me encantaría mandar todo al carajo y correr a tus brazos. Te follaría ahora mismo... dime que tú también lo quieres.
–Sabes que sí, no pienso en otra cosa... ¿Ella está bien?
–Tranquila, no es grave. Me llamó esta mañana porque se ha torcido un tobillo –suspira resignado–. No aguanto más, esta relación no tiene ningún sentido. Se acabó.
–¿Estás seguro? Sabes que yo nunca te he pedido que lo hagas... Si das el paso debe ser por ti.
–¿Tú no estarías conmigo?
–Víctor, me encantas, pero no estoy enamorada de ti, y tú tampoco lo estás de mí. Lo pasamos muy bien juntos, disfrutamos cada segundo, y nos une algo mucho más íntimo que el sexo. Una relación seria sólo complicaría las cosas. Además, iniciar un romance basado en una infidelidad sería un error.
–Lo sé, preciosa, pero yo sí que estaría contigo...
Cuando Víctor me abordó en plena calle con premeditación y alevosía, tenía pareja. No vivían juntos, pero ella solía quedarse varias noches a la semana en su casa. La relación entre ambos llevaba un año estancada y al poco tiempo de comenzar las relaciones sexuales entre nosotros, Víctor, después de la conversación anterior mantenida conmigo, decidió dar el paso y rompieron.
Al principio sólo coqueteábamos, salíamos a cenar, a tomar una copa, al cine... en esos encuentros hablábamos mucho, de todo, lo que nos dio la oportunidad de conocernos muy bien y adentrarnos en el apasionante juego de la seducción.

Nos excitábamos y provocábamos el deseo mutuamente con gestos, miradas, sonrisas... Víctor jugaba muy bien, era muy sutil.
Cuando la tensión sexual empezó a desbordarnos fue muy sincero conmigo respecto a su pareja. No me importó su situación porque no estaba enamorada de él. Si lo hubiese estado creo que no hubiese sido capaz de seguir viéndole. En el amor me gusta dar y que me lo den todo, no creo en las medias tintas. En el sexo también, por supuesto, y Víctor era casi tan activo y complaciente como yo.
Siempre me trató con mucho respeto, la diferencia de edad entre nosotros le encendía, pero al mismo tiempo le imponía.
Yo fui marcando el ritmo a mi antojo, disfrutando del deseo que me transmitían sus ojos, sus gestos y cada una de sus palabras. Me apasionaba sentirle tan entregado a cada una de mis caricias y de mis besos, tan esclavo de mi lengua traviesa... sus suspiros le delataban, sus manos revelaban las ganas contenidas, magreándome sin medir las fuerzas... manoseando, sobando y lamiendo cada centímetro de mi piel.
Sí, yo también le deseaba. Me volví adicta a sus labios, a la destreza de su lengua, a cada uno de sus dedos, expertos como pocos, al sonido de su voz entrecortada susurrando mi nombre y a todas y cada una de sus palabras malsonantes mientras me penetraba hasta lo más hondo.
Me enganché a la maestría y al saber hacer de su sexo, a la perfección de su forma, de su tamaño, de su grosor, de su olor y mucho más de su sabor. Me entregué a él sin límites, igual que una esclava lo hace a su amo, a cambio de que me utilizase, de que experimentase conmigo a su antojo y me diese mucho placer.
La relación entre ambos se volvió obsesiva, incluso peligrosa. Yo siempre quería más y él siempre estaba dispuesto a dármelo. Más sexo, más veces, más placer, más orgasmos, más peligro, más morbo, más de todo.
Nos escribíamos cientos de mensajes, mensajes muy calientes, él desde el trabajo y yo desde la facultad. Por las noches, estando su novia con él en casa, me llamaba por teléfono desde el cuarto de baño. Conversaciones de todo menos románticas: “Dime qué llevas puesto”. “No dejo de pensar en tu precioso culito”. "Te deseo ahora, sin ropa interior en mi coche”.
Al principio siempre me hacía la cohibida, pero terminaba dejándome llevar por el peligro y el morbo de la situación. Normalmente estas llamadas culminaban con ambos follando como locos en su coche, enfrente de su casa, cuando su novia se decidía a irse a dormir.
Nuestros juegos duraron casi un año. Un año con experiencias de todo tipo, con las que aprendí muchísimo: del sexo, de las relaciones sin amor y, sobre todo, de mi misma. Ambos sabíamos que todo terminaría cuando uno de los dos se enamorase de otra persona, y fui yo la que dio ese paso al conocer a D. Ya se sabe, cuando el amor te dice ven, lo mejor es dejarlo todo, máxime si el buen sexo viene incluido en el pack.
Han pasado varios años, pero de vez en cuando Víctor me sigue sorprendiendo con algún mensaje a mi móvil de este estilo: “Estás guapísima con ese nuevo corte de pelo” o “Me encantan el bolso y las gafas de sol que llevabas esta tarde”.
Otras veces, simplemente me manda un beso.
Cosas del destino, aunque ambos seguimos viviendo en el mismo lugar, no hemos vuelto a coincidir. Sin embargo, por lo que me da a entender, de alguna manera él sigue observándome...
...de la misma forma que hace años, cuando era una colegiala.

Foto: Cortesía & © by Martin Kovalik

 

 
Publicado por Natalie a las 05:00

Respuestas
22 Abril 2008 - 06:51
Enviar un emailAngel
Natalie: me gustó esta parte II, sigues siendo prometedora... Cosas del destino, aunque ambos seguimos viviendo en el mismo lugar, no hemos vuelto a coincidir. Sin embargo, por lo que me da a entender, de alguna manera él sigue observándome... ...de la misma forma que hace años, cuando era una colegiala.... Me llevas a recordar... Un beso, Angel.
22 Abril 2008 - 09:51
Enviar un emailVero
Natalie: En esta mañana, en la que espio a través de la cerradura y me imagino la escena de este post...me fue muy grato leerte!!!. Elegi quedarme con estas palabras:''...me acosté con el sabor de tu cuerpo y me despierto con tu voz y con más ganas de ti''......''Sin embargo, por lo que me da a entender, de alguna manera él sigue observándome...''. Te envio Energizantes vibras rosarinas ''ahumadas''!!!!(Angelito me entiende, jajajaja).Besitos para todos.Vero

Tamaño de letra
Sindicación
Publicaciones
Publicidad
 
 
Categorías
Enlaces