Colección Voyeur

Viernes 18 de Abril de 2008
Si no vas a hacerlo...

...no digas que lo harás
A todos nos ha pasado alguna vez (o más de alguna) aquello de decir lo que no se piensa, producto de la rabia, la impotencia, la tristeza o la ansiedad.
No, no estoy hablando de decirle a tu mejor amiga que su bebé es divino cuando en realidad te parece un petardo (el bebé, no tu amiga.)
Si no de todas aquellas veces en que pocos segundos después de haber dicho algo, nos hemos arrepentido de ello.
Esto no tendría mayor trascendencia si no fueran más que palabras dichas en circunstancias de gran intensidad o emoción, de las que puedes desdecirte con la más que razonable excusa de estar bajo la presión de dicha circunstancia.
Vamos, que le dices a tu novio que en la cama es un asco cuando estás enzarzada con él en una discusión absurda y basta con decir unos segundos más tarde que en realidad no pensabas nada de eso (y si lo piensas, se lo dices igual, o te vas a quedar sin novio).
Pero lo que sí toma trascendencia es cuando ese tipo de afirmaciones, sean producto de lo que sean, tienen forma de acción.
En fácil y claro: decir que vas a hacer algo, cuando en realidad no estás pensando en hacerlo, o no vas a ser capaz de hacerlo, es materia prima para el descrédito y pasar a entrar en un ciclo parecido al del cuento de Pedro y el Lobo. Y las consecuencias de ello son devastadoras emocionalmente. Tanto que a veces bastaría con grabarse esa máxima del “Si no vas a hacerlo, no lo digas” a fuego en nuestras neuronas para vivir con una más que aceptable tranquilidad.
Dos ejemplos. Uno que hasta puede producir cierta gracia, con el que fácilmente nos sentiremos identificados la mayoría de nosotros. Otro que no hace gracia alguna.
Mi amiga Laurita lleva tres meses en una relación nueva. La relación empezó con una especie de acoso y derribo por parte del muchacho en cuestión, llamémosle Adrián. Adrián se instaló en el piso vacío desde hacía dos años frente al piso de Laurita, recién separada y aun traumatizada por un abandono mal llevado. Durante varios meses, Adrián utilizó todo tipo de estrategias para arrancarle a Laurita una cita (en realidad, unos cuantos orgasmos.) Y Laurita sorteó sus embistes con suma elegancia, utilizando desde el “No estoy todavía preparada” hasta el más radical “mira tío que no voy a salir contigo y punto” (“reondo” que diría el amigo de Titobeno.)
Pero las flores, los “Es que no entiendes que me estoy enamorando de ti”, y muchos “Dame una oportunidad Laurita” acabaron por ablandar el corazón roto de mi amiga.

En resumen: cita, cena, copa, polvazo. Las dos primeras semanas, ella vivió una especie de sueño romántico. Vivía en rosa y hablaba en verso, sonaban boleros y milongas a partes iguales, bulerías y serenatas de Bach. Tanto era así, que el pisito recién estrenado de Adrián se convirtió en el centro de las quejas de toda la comunidad debido a los orgasmos de Laurita a todas horas, los descorches de botellas de cava, la Bossanova de madrugada, y los miles de besos sonoros en el umbral de la puerta.
De pronto, todo empezó a cambiar. Lento, pero implacable. Adrián pasó de llamar a diario a hacerlo cada tres o cuatro días. De tomar café juntos al despertar, a quedar para cenar algún sábado. De visita obligada al vecino, al vecino lleva tres días sin aparecer. Y Laurita empezó a pasarlo mal.
A preguntarse por qué habían cambiado las cosas. A buscar en qué había fallado. A llorar porque Adrián no contestaba a sus sms. A odiarse un poquito. A volverse a romper el corazón.
Así que, desconsolada, Laurita decidió que aquella no era manera de iniciar una relación, que los llantos por sus inseguridades descompensaban los pocos momentos en que Adrián pasaba a verla para decirle que no podían salir esa noche porque se iba con unos amigos, y le daba un simple beso en los labios.
Tomó el teléfono, y envalentonada, le dijo a Adrián más o menos lo siguiente: “No estoy contenta con esta relación, Adrián, y lo mejor es que no volvamos a acostarnos nunca más. Podemos ser amigos. Pero no me llames para echar un polvo porque la respuesta va a ser que no”.
¡Ole por mi amiga Laurita!
Dos días después de aquella llamada, Adrián tentó su suerte. La llamó para tomar un café. Ella accedió. Al café le siguió una invitación a cenar. La copa. Y polvazo.
Vuelta a empezar. A día de hoy Laurita ha repetido la llamada del “Nunca volveremos a acostarnos” doce veces. Y ha echado los doce polvos que a Adrián le ha dado la real gana.
Y es que el descrédito de la primera vez, cuando Adrián supo que Laurita no iba a cumplir con su “amenaza”, le ha dado a Adrián la confianza suficiente para no hacerle ni caso en sus afirmaciones. Así que para él, Laurita es Pedro diciendo “Que viene el lobo, que viene el lobo” y él es el populacho que se mofa de ello.
El segundo ejemplo, como he dicho, no tiene gracia alguna. Es que cada vez que una mujer maltratada le dice a su maltratador que nunca volverá con él, y sin embargo le vuelve a perdonar y a abrir la puerta, le está dando, en realidad, las alas que él necesita para seguir volando sobre ella destrozándole la vida.

 
Publicado por Amanda a las 05:00

Respuestas
18 Abril 2008 - 06:52
Enviar un emailAngel
Post reflexivo (casi un dump mental) ;-) Cuantas veces cometemos los errores y somos un poco Laurita. Muchas veces llegamos al arrepentimiento y otras,muy pocas volvemos a dar una oportunidad con miedo a volvernos a equivocar pero descubrimos que algunos casos esos errores, si hay Amor se pueden remediar... Ambiguo tu post de hoy con ese toque de Divan que sólo puede darle una Genia como vos. http://www.youtube.com/watch?v=L91PjD6Iowg&feature=related Un beso. Angel.
18 Abril 2008 - 08:02
Enviar un emailVero
Amanda: Acabo de leer el comentario de mi amiga Angel y coincido con ella, es un post que nos lleva a la Reflexión, y a leerlo varias veces... Si, es verdad, me ha pasado, me identifico con Laurita...he vuelto a perdonar y he vuelto a re-comenzar una relación. Pienso que el haber pasado por situaciones asi, nos hace crecer interiormente y nos hace ver que en relaciones futuras, siempre tenemos que SUMAR, y que tiene que haber AMOR, es la clave y una de las bases de una relación sólida(y del sentirnos bien con nosotras mismas). Como siempre Angelito nos deslumbras con esos videos que nos invitas a ver(ayer volvi a escuchar Persiana Americana y a asomarme por tu balcón ,lleno de brisas Marinas). Gracias Amanda por este post, tan acertado como real, ya que es un tema siempre vigente. Un besote a las dos. Y muy buenas vibras desde este maravilloso día rosarino!!!!Vero
18 Abril 2008 - 18:21
Miguel Angel Cheru@
Vero: tu amiga siempre está en ese detalle de adornarnos la vida ya sea con un post...con ese gesto generoso de dejar el Buenos Dias y ese PRESENTE PERMANENTE... Nos llena de historias de colores, de música...siempre nos hace regalitos pero nunca permiten que le regalen nada :-(... Un beso a las tres y pq no a Laurita? Miguel Angel
18 Abril 2008 - 18:25
Enviar un emailAngel
Corro el Divan con permiso de la Genia. Me trepo por la Persiana Americana de Vero...y la veo radiante, llena de fuerzas!!! Que alegría que ya te sientas mejor... Un bezote, querida amiga Rosarina que traspase la NUBE DE HUMO:-) De ésta amiga, Sampedrina... P/D: respirá un poquito por mi balcón sobre el mar... Yo hago eso...jajajjajajja Angel.

Tamaño de letra
Sindicación
Publicaciones
Publicidad
 
 
Categorías
Enlaces