Colección Voyeur

Martes 13 de Mayo de 2008
Desenterrando recuerdos

Le conocí un verano cuando tenía quince años. Él era algunos años mayor y coincidimos en el mismo hotel, ambos con nuestras respectivas familias. Supe que mi vida cambiaría radicalmente en el momento en que nuestras miradas se cruzaron una noche. Yo por aquel entonces ya llamaba la atención de los chicos jóvenes. De los chicos jóvenes y de los no tan jóvenes.
Nunca había conocido a nadie como él. Espontáneo, muy locuaz, todo un caballero, con las ideas muy claras. Con él fue la primera vez que sufrí en mis propias carnes el embrujo que puede tener un chico que sepa cómo decir las cosas. Aquella misma noche, después de asegurarme que mi hermano dormía, salí de la habitación para reunirme con él en la piscina. Nunca antes había hecho nada parecido y supe que estaba totalmente entregada a él. Una vez allí un beso, mi primer beso deseado... ya había besado a algún chico antes, de hecho "en teoría" yo estaba saliendo con uno de los chicos de mi grupo de amistades, un chico mayor que yo al que detestaba besar porque fumaba y con el que estaba básicamente "por estar". Cosas de la edad, supongo.
Buscábamos cualquier momento para estar juntos. Fingía delante de mis padres que me encontraba mal para no tener que ir a la playa con ellos y quedarme en el hotel. Nos veíamos en su habitación, en la mía, nos lo montábamos en la playa, rebozándonos por la arena, por la noche, en las hamacas de la piscina, en el mar... Con él descubrí el deseo, el placer de tocar y de que te toquen, aunque no llegamos a hacer el amor.
Me encantaba cuando, por ejemplo, en los momentos en los que yo estaba con mi familia, se tumbaba en una hamaca, justo enfrente de mí, al otro lado de la piscina, para observarme. Entonces yo me daba la vuelta, poniéndome boca abajo, me quitaba la parte de arriba del bikini, y me colocaba inocente y estratégicamente la parte de abajo para tomar el sol, dejando a la vista mis encantos. Evidentemente, el encuentro posterior era puro fuego.

La noche antes de marcharme me hizo unas fotografías, intercambio de números de teléfono y planes para volver a vernos, ya que ambos somos de la misma ciudad. Sentía que le quería, era mi primer amor, y no deseaba marcharme. Esa noche, en mi habitación, no dejé de llorar.
Por la mañana vino a despedirme. Un beso y un “¡Te quiero!”, que me salió del alma. Él me dijo que también me quería, aunque yo sabía que no era cierto.
A partir de ahí, nada bueno. Creo que ha sido la persona que más daño me ha hecho y por la que más he llorado. Yo era una niña enamorada y él estaba en la edad de hacer locuras y no rendir cuentas a nadie. Aún hoy le sigo considerando un inmaduro, a pesar de que han pasado muchos años.
Solía llamarme una o dos veces al año, como si nada hubiese pasado, y yo siempre acudía a la cita que me proponía, esperando que algún día cambiase.
Evidentemente, no cambió. Pasábamos unos meses juntos y de la noche a la mañana, cuando se sentía agobiado por sus sentimientos, desaparecía. Lo curioso es que jamás le exigí nada. Nunca pido nada que sepa que no me van a dar.
Los años fueron pasando y yo madurando con ellos. Tuvimos nuestro momento e hicimos el amor, incluso estuvimos saliendo juntos una temporada, pero no salió bien, no podía salir bien.
El verano pasado me llamó. Sólo me dijo tres palabras "Tengo que verte". Llevábamos cuatro años sin hablar, desde que empecé mi relación con D. Supuse lo que quería y no me negué. Cuatro años atrás yo también necesité tener una conversación con él.
Es curioso pero, a pesar de todo el daño, no le guardo ningún rencor, más bien al contrario. Un día, hace cuatro años, le miré a los ojos y sentí que ya no quedaba nada. Nada de nada. Aquel día pude por fin dar carpetazo y continuar con mi vida sin mirar atrás. Imaginé que tal vez, en parte, él necesitaría algo parecido.
Seguía exactamente igual que siempre. Arrebatador, mucho más interesante, pero con la misma sonrisa y la misma forma de decir las cosas que me llevó de cabeza años atrás. Muy locuaz, como siempre, y yo muy callada, escuchando, como siempre que estoy con él. Creo que es el único hombre que conozco con el que me quedo sin palabras. O, tal vez, ya no tenga nada que decir, después de tantos años.
"Sigues igual de preciosa que siempre, Natalie. Te conozco desde que eras una niña y todavía hoy sigue dándome un vuelco el corazón cada vez que te veo. Sabes que eres la mujer de mi vida. Nunca te he merecido, eres demasiado buena para mí, y siento de verdad haberla fastidiado tantas veces. Nunca me lo perdonaré, y ahora sé que es demasiado tarde para ti. Solamente quería asegurarme que ya no hay esperanza para nosotros".
Evidentemente no la había. Hacía muchos años que esa posibilidad desapareció. Como intuía, él había conocido a alguien especial y se estaba planteando, por primera vez en su vida, iniciar una relación seria. Le dije que seguía feliz con mi pareja, aunque lo cierto es que la relación ya estaba en las últimas, y que él sabía que hacía mucho tiempo que la niña enamorada de él creció y dejó de estarlo.
Me sonrió, como siempre, y me cogió la mano.
"Gracias, preciosa. Lo sabía, pero necesitaba verte y que me lo dijeses por última vez mirándome a los ojos".
Una despedida fría, pero cordial. Algunas bromas y risas para relajar el ambiente, "Si alguna vez te planteas serle infiel a tu novio tienes mi número". "Recuerda la promesa que me hiciste hace años, si al cumplir los treinta estás soltera, te casarás conmigo".
Un beso en la mejilla, un abrazo y un sobre para que lo abriese cuando él se hubiese ido.
Me alejé muy aliviada, con la sensación de que ésa sería la última vez que nos veríamos.
Esa misma noche, en casa, abrí el sobre. En él, tres fotografías. Las fotografías que me hizo la última noche de aquel verano hace tantos años.
Sonreí.

Foto: Cortesía & © by Martin Kovalik

 
Publicado por Natalie a las 05:00

Respuestas
13 Mayo 2008 - 06:47
Enviar un emailAngel
Natalie: mi querida compañera de Blog, me sentí tan identificada con este post en particular. Viví una ralación tóxica cómo esa durante años y cuando logré darme cuenta lo confundida que estaba sentí ese alivio de dejar la mochila de costado y comenzar una nueva vida.Llené mis pulmones de aire puro y le aposté al amor nuevamente. "él sabía que hacía mucho tiempo que la niña enamorada de él creció y dejó de estarlo"...sigo recordando y alegrándome de esa decisión, ese producto final del proceso mental-cognitivo... Un beso Dulce y que tengas una hermosa semana!!!!!!!! Vero:primis...cuidate mucho yo tambien te kero...Besisss Angel
13 Mayo 2008 - 09:04
Yo
Qué importante es Angelito darte cuenta que " una persona " no tiene nada para aportarte " solamente toxicidad ". Yo
19 Mayo 2008 - 09:37
Enviar un emailVero
Natalie: Al igual que Angelito también me siento identificada con este post....Es muy importante sentir que ''sumamos'' en una relación(sea esta de la índole que sea,me refiero a relación de pareja, amistad o laboral). ''Desenterrando recuerdos'' nos lleva a la reflexión.Buenas vibras para vos!!...PD/Angelito gracias por tu dulzura, también te kero, amiguissss!!!

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