Daniel (Dani para los amigos) es el único tío bueno con pocas neuronas con el que he estado, y eso fue hace varios años. Antes de nada, mis disculpas a todos los tíos buenos con pocas neuronas que lean esto, pero que cada palo aguante su vela, para gustos colores, o siempre hay un roto para un descosido.
Estaba una noche en una discoteca de moda muy conocida de mi ciudad, bailando con mis amigas como una loca, cuando Paula me advierte de lo que se avecinaba:
–Natalie, ten cuidado, chulo de discoteca al Sur –típico código entre amigas.
–¿A qué Sur? ¿Al tuyo o al mío?
–Joder Natalie, lo tienes detrás, apoyado en la barra, y no deja de desnudarte con la mirada –es que bailo muy bien–le quedan dos minutos para que lo tengamos entre nosotras.
Qué sabia es Paula, no falla una, al minuto y medio ya se estaba presentando, "Soy Daniel, Dani para los amigos", y a los treinta segundos de la presentación yo le estaba dando un morreo de escándalo con baile sexy de por medio para que cerrara la boquita. Si le dejo hablar treinta segundos más, hoy estaría contándoos otra historia, y esa noche me apetecía experimentar con un hombre así.

Daniel es... un bombón. El típico hombre con físico de escándalo, rasgos perfectos, impecablemente vestido y peinado, pero tiene un defecto. Un grave defecto. Tiene pocas neuronas. Muy poquitas, y no exagero. Puedo aseguraos que más allá de sus musculitos y de su ropa cara de marca hay poco más. Y os lo puedo asegurar porque después de esa noche rompí mi norma y quedé con él dos veces más.
Sí, lo sé, no tengo perdón, de hecho estoy escribiendo esto y me avergüenzo de mis actos, pero tenéis que entenderme. Yo era muy jovencita, me dejé llevar por mis instintos, y pequé. Pensé que se merecía una oportunidad, tal vez a la luz del día cambiaría. Siempre he sufrido los prejuicios de la gente en mis propias carnes y no quería comportarme como ellos. Sé que lo mejor hubiese sido huir con el primer indicio, pero aprendí la lección, y rectificar dicen que es de sabios, ¿verdad? Hoy por hoy estoy totalmente recuperada y puedo asegurar con una sonrisa que no he vuelto a caer en la tentación.
Los siguientes dos encuentros fueron francamente tristes. De cara a la galería éramos un exitazo. Él, guapísimo, con todo en su sitio, estilazo... El fallo: nunca ha ido conmigo el ir de "chica mona" y me gusta demasiado conversar, mala costumbre que tiene una. A pesar de que intentaba por todos los medios besarle para no tener que escucharle demasiado, cada vez que abría la boca mi libido bajaba de una manera brutal. Le empecé a ver incluso feo... insulso... tocar sus perfectos abdominales dejó de producirme placer e incluso el bailar rozándome con su cuerpo serrano ya no me daba morbo. Era uno más y, encima, sin tema de conversación.
En la segunda cita ya lo tenía decidido, pero el colmo fue que esa tarde me invitó a tomar un helado... en el Burger King.
Qué más puedo decir. Sobran las palabras. Una tiene una categoría, faltaría más.
Foto: “Private moments” Cortesía & © by J. P. Sousa