Colección Voyeur

Domingo 18 de Mayo de 2008
Nuestra pediatra

Sho quero que me atenda Flod –escuché que decía el chiquitín, sentado en uno de los bancos de la sala de espera al lado del papá.
Y es que Florencia, nuestra pediatra, es una dulce. Quizás por eso todos –sus pequeños pacientes incluidos–, la llamamos Flor.
Es de esas mujeres delicadas y dedicadas, capaz de calmar en el acto al más asustado de los niños y de hacerle perder el miedo de “ir al doctor”. Que yo recuerde, ni siquiera los bebés lloraban cuando era ella la que los revisaba. Quizás porque cuando estás al lado de ella, te sentís seguro y te transmite su serenidad cuando te observa por arriba de los anteojos chiquitos –sólo para leer y recetar–, con esa mirada inteligente y llena de chispitas doradas que bailotean en esos ojos pardos y llenos de vida.
Lo que no quiere decir que si tiene que mostrarse firme, le vaya a temblar la mano. Pero, hasta cuando adoptaba esa actitud, uno sentía la oleada de inagotable ternura que era  capaz de dar. Buena compañera, siempre dispuesta a hacer un favor, solidaria, cariñosa y ocurrente, Flor tenía esa actitud, mezcla de genialidad y picardía, simpleza y honestidad a ultranza que sólo tienen los niños... y las personas íntegras.
Nunca la vimos tratar a un nene escatimándole esa sonrisa suya, tan llena de dientes blancos, dibujada en los labios. Más aún, cuando Flor te hacía una caricia con esas manos de médica de uñas cortas, prolijas y cuidadas, más de una vez era más efectiva que un remedio.
–A ver, muñeco... ¿Qué anda pasando? Venga conmigo que le vamos a curar las nanas –era la forma habitual de Flor, para tratar a un nene.
Sus tarjetas, personalizadas, tenían impreso un osito celeste, para los “muñecos” y uno rosa para las nenas –sus “muñecas”–, y los recetarios, al pie, llevaban una orla de dibujos de bebés, muy parecida a la que hacía coser a la chaqueta del ambo y que sólo a ella parecían quedarle bien, sin caer en la afectación o, lo que es peor, en el ridículo.

Elegante, bonita hasta con barbijo, de buen cuerpo –digamos que no es una top model , pero tampoco una flacuchina esmirriada, sino más bien corpulenta sin llegar a ser robusta–, Flor tiene un más que interesante “irse”, aunque un no tan llamativo “venir”, cosa que nunca le causó frustración, ni trauma alguno. Quizás porque es una de esas mujeres seguras de sí, que se asumen como son y “Esto es lo que hay, mi vida... y si te gusta bien y si no te gusta: taza, taza, cada uno para su casa”.
A las madres de sus “muñecos” las llamaba invariablemente “Mami” y a los padres, “Papi”.
Eso.
Papi.
¿Vieron que por lo general son las mamás los que llevan a los hijos al médico y que los papás son la excepción?
Bueno, con Flor era exactamente al revés.
Un día me di cuenta que, en la sala de espera, los nenes que esperaban ser atendidos por nuestra pediatra, casi en su totalidad, venían acompañados por sus papis. Bueno, no todos. Pero podía decirse que aquellos papis que ocupaban el lugar de la mamá, entraban en los parámetros de lo que podemos denominar “hombres atractivos”.
Por otro lado, y aunque Flor no era ni estirada ni pacata, hay que mencionar que si tenía o había tenido algún asuntito con un compañero, se lo mantenía muy bien guardado. Yo misma la vi rechazar –sin brusquedad y siempre con una palabra amable y una sonrisa–, a más de un compañero, fuera médico o residente recién salido de la facultad.
–¿Le gustarán las mujeres, che? –preguntó con su proverbial sutileza la Enana Maldita un día que estábamos tratando de dilucidar el enigma a la sacrosanta hora del almuerzo, todos reunidos alrededor de la mesa reservada para la La Banda en el comedor.
–¡Uh! ¡Dale! –dijo Kojak, golpeándose los costados de las piernas con las palmas de las manos–. ¿Por qué siempre tan mal pensada?
–Digo... porque ni un “rapidito” entre una emergencia y otra en todo este tiempo... ¿No les parece llamativo?
–Yo dormí dos o tres veces con ella en el cuarto de médicos y lo más que hizo fue decirme “Que descanses” –intervino Olgui.
–No tiene ni pinta ni actitud de lesbi –agregué–. Pero vaya uno a saber... Lo importante es que es buena mina, mejor compañera y como profesional, es mejor que otros de los que mejor no hablar... Y que nadie se dé por aludido en esta mesa.
–Muy cierto, muy cierto –me dijo Kojak, apuntándome con un dedo y sacudiéndolo casi delante de mi cara–. Yo, que tengo olfato, les aseguro que a Flor la tortilla no le cabe.
–¿Vos lo comprobaste? ¿Eh, eh? –le preguntó la Enana, con algo de sorna en el tonito.
–Que lo intenté, lo intenté, lo admito. Pero nada, che –admitió Kojak–. Tampoco se enojó ni se dio por ofendida. La verdad, nunca antes una mina me dijo que no con tanta clase y sin que me sintiera un pavote por rebotar.
Y así es como se va pasando el tiempo en el hospital.
Después de un tiempo, dejamos de especular acerca de las preferencias sexuales de nuestra pediatra y de su vida sentimental, hasta que una mañana (sin querer, lo juro) escuché que Flor estaba hablando con uno de los “papis”, a quien había acompañado hasta la puerta de la sala.
–Esta es mi tarjeta personal, usted y yo tenemos que hablar... llámeme y le digo a qué hora pasa por acá –le dijo.
–Pero doctora... ¿pasa algo? –la voz del hombre–. ¿Tengo que traer al nene..?
–¡Pero no! ¿Qué dice? El nene está muy bien... –le contestó Flor–. Pero hágame caso: llámeme y le digo cuándo venir, ¿sí?
El “papi” (que a decir verdad tenía un aspecto muy saludable... casi un bombonazo), se ruborizó.
–La llamo –le dijo, y se fue rapidito, llevando a su hijo de la mano.
Cuando Flor se dio vuelta para volver al consultorio, casi me lleva por delante.
Ella también se ruborizó. Me acuerdo de su expresión: la de un chico sorprendido con la mano dentro de la lata de golosinas antes de la hora de la comida.
–Hola, Flor –le dije, guiñándole un ojo–. Tranquila... que soy como los tres monos sabios: ni escucho, ni veo, ni hablo.
Pero Flor, nuestra querida pediatra, no se quedó tranquila.
Así que dos días después, estaba yo sola en el comedor con el café tardío de la colación y sin galletitas Express (después de la experiencia del laxante mezclado con bicarbonato, me olvidé de las Express por mucho tiempo), cuando entró y se vino derechito hasta la mesa.
–Hola, Nena.
–Hola, Flor... ¿Todo bien?
–¿Puedo? –preguntó, señalando la silla.
–Claro, dale. ¿Te pido un café?
Se sentó y me miró a los ojos.
–No quiero café. Quiero hablar con vos porque el otro día... –empezó a decir.
–No tenés nada que explicarme, Flor. Te dije que era como los tres monitos –la interrumpí.
–Sí, ya sé. Y porque lo sé, es que siento la necesidad de explicarte algo.
–Bueno, dale...
–Todos tenemos un punto débil, ¿viste? –dijo, después de meditar un instante.
–Ajá. –asentí–. Somos humanos, al fin y al cabo.
–Bueno, mi punto débil son los “papis” –me dijo, turbada.
–No jodas.
–No, es cierto. ¿Sabés por qué elegí pediatría cuando terminé la facultad?
–Ni idea.
–Porque siempre tuve fantasías con los papis de los nenes.
–Todos tenemos fantasías –le contesté.
–Lo mío es casi patológico –me dijo–. Estoy tratándolo en mi análisis... –estaba empezando a tomar carrera para empezar con más explicaciones.
–Flor... –la interrumpí otra vez.
–¿Qué?
–Mirá: a mí, lo que me importa –y creo que en eso coincidimos todos los que trabajamos con vos–, es que sos una excelente profesional y una compañera de trabajo macanuda. Y creo que sos una mujer con todas las letras y en mayúsculas y ni yo ni nadie acá, tenemos derecho a abrir juicios sobre tu persona. Primero, porque no te lo merecés. Segundo, porque tu vida es tu vida, y no tenés que andar justificando nada. Y además porque quien más, quien menos, acá todos tenemos nuestros asuntos. Así que, dulce, no tenés nada que explicarme. La vida ya es bastante complicada como para tener que estar rindiéndole cuenta de nuestros actos a todo el mundo –le largué, de una.
Se quedó mirándome un momento que se me hizo muy largo. Aunque, la verdad, no sé si me miraba a mí o miraba a través de mí.
Después se paró, se acercó y me dio un beso en la frente.
–Gracias, Nena –me dijo, con los ojos llenos de humedad.
Metió las manos en los bolsillos del ambo y se dio vuelta para irse.
–Flor –la llamé.
–¿Sí?
–¿Puedo preguntarte algo?
–Claro.
–¿Vos sos de Leo?
–Sí, ¿por qué? –me contestó, sorprendida.
–Por nada, por nada... Simple curiosidad –le contesté.
“¡Tenía que ser de Leo!”, pensé.
–No, dale... ¿por qué lo preguntás? –insistió.
–Porque yo también soy de Leo, corazón.
Se le iluminó la cara, a nuestra pediatra, y me regaló una sonrisa toda para mí, llena de esos dientes blancos y perfectos que tiene.
–Ah... claro –dijo–. Chaucito.
–Chaucito, Flor.

“Y el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra” –dicen que dijo Ese Buen Hombre, hace más de dos mil años, protegiendo con su cuerpo, a María Magdalena.

 
Publicado por Ángel a las 05:00

Respuestas
18 Mayo 2008 - 10:20
Enviar un emailBetina
"Leo" tu post y me te siento muy identificada... Criando y Creando :: niños felices, padres felices y todos muy seguros y felices... jajjajajajajjaja... llamé al doc a casa (ayuda medica)le llaman ahora pero ayyy dios la letra de los médicos cuando leo las indicaciones no se entendia bien el nombre de la medicacion tampoco.. Pero debajo de la firma decía muy clarito y casiiii con letra gótica... -"Papi"... si te queda alguna duda "llamame" Flor... jajjajajjajaja gauchita la leonina como toda leonina o cómo casi todas.... jajjajajajajajaj. Un besoleoncita Tu amiguisss que te adora Beti.
18 Mayo 2008 - 10:39
Enviar un emailAngel
Llega a la guardia una señora con su hijito Facundo y la Doc,"Flor" la atiende con mala onda . Mientras Mercedes la enfermera susurra por lo bajo ... por esta pelotudes venís a consultar a una guardia llena de gente (y adonde mierda va a ir) -Le dije que tiene catarro el bb... -sra va a estar todo el invierno así(no joder)agregó Mercedes. ¿le suspendió la medicación y el ibuprofeno y las nebulizaciones, en definitiva todo lo contrario que le había dicho a su marido :=( -Pero... -Que pase el que sigue -ahh sra(le aclara Flor) -todo esto lo podría haber solucionado Si venía el "Papi" le respondió la pediatra, la señora le preguntó ¿para que? - Sra Ingenua ¿ud se piensa que la Doc quiere ver a Facundo? jajjajajajajajajajajajjaa Un beso Betinuchi...cómo nos divierte recordar...
18 Mayo 2008 - 10:47
Yo
Yo quiero TU LIBRO...me gusta leer estas historias de lo que pasa dentro de un hospital. Lo que muestran y lo que ocultan. Éste libro va a tener mucha tela para cortar. La valentía de mostrarnos un RX de lo cotidiano. Mostrar la Clínica de la vulnerabilidad. Felicitaciones Mujer Angel... Nunca tuve la posibilidad de acceder a unos relatos vividos de excelente calidad y calidez profesional. Un beso Yo
18 Mayo 2008 - 10:55
Yo
Yo quiero TU LIBRO...me gusta leer estas historias de lo que pasa dentro de un hospital. Lo que muestran y lo que ocultan. Éste libro va a tener mucha tela para cortar. La valentía de mostrarnos un RX de lo cotidiano. Mostrar la Clínica de la vulnerabilidad. Felicitaciones Mujer Angel... Nunca tuve la posibilidad de acceder a unos relatos vividos de excelente calidad y calidez profesional. Un beso Yo
18 Mayo 2008 - 12:37
Miguel Angel Cheru@
Me deleita leerte los domingos.Me dan ganas de seguirte e ir por " mas "... Las mujeres de leo nadie mejor que Angel para describirlas cómo la muestra en este post: Las mujeres nacidas bajo el signo , tienen normalmente una naturaleza refinada, casi de realeza. Las actividades relativas a la beneficencia, los donativos, o el voluntarismo, surgen naturalmente en ellas... Una mujer de Leo tiene la fuerza suficiente, tanto mental como emocional para ponerse el manto de líder. Son fogosas y apasionadas. Son muy sinceras y fieles a sus parejas.. ME GUSTAN LAS MUJERES DE LEO... Un beso. Miguel Angel.
18 Mayo 2008 - 20:23
Enviar un emailVero
Angelito,leoncita querida ... Qué post!!! me hiciste pasar por diferentes emociones y eso me gustó! ...Buenísimo que La Banda siempre este presente!!!.... En honor a la verdad, algunas historias de consultorio he tenido(aclaro que desde el lugar de paciente)...jajjajaa... Coincido entre otras cosas con el final, hablando metafóricamente...''todos tenemos un muerto escondido en el placard''...jjajjjajaja. Bezote y buenas vibras, amiguisss!!!.Te kero. Vero
19 Mayo 2008 - 07:03
Enviar un emailAngel
¿UN MUERTO EN EL PLACARD???? Vero yo creo que es hora de que lo saques..jajajjajajajjaaj A menudo he escuchado esta frase. En general habla de los secretos que todos guardamos. Realmente, espero que ése sea el sentido...sino...estaría rodeada de personas que conviven con gente muerta... jajajajajjajja. Un beso Reina.Te quiero y cuidate. Angel
19 Mayo 2008 - 07:17
Enviar un emailVero
jajjajajjaja Angelito, primita!!!!! jajjajajaja .... Sí, hacia referencia a los secretos o cosas muyyyyyy íntimas ..... jajajajaja...no te preocupes, soy de abrir los placares y ventilarlos, no vaya a ser que......jajajajjajaa. Besotes Genia y excelentes vibras !!!!!.Vero
20 Mayo 2008 - 09:56
La Banda
juassssssssssssssss juassssssssss me gusta que no te resistas a Vomitar...juasssss FLORVIOLE...tiene lo mismo que tenes vos ese Angel que nos gusta que nos cuide al "nene/nena" y despues...llevartela a la mesita de luz para que nos acompañe de noche o mejor toda la noche...Como todo Angelito... Tranqui maestro el Angel es suyo...tire alguna plumita..juasssssssssssss juassssssss Un bezote Reina... Te queremossss y te lo recordamosss La Banda

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