Colección Voyeur

Lunes 19 de Mayo de 2008
Síndrome de abstinencia

Hay algo –gota a gota–
que nos llena el vacío.
¡Hondones del deseo!
¡Qué colmo de esperanzas!

Gota a gota, Ernestina de Champourcin

Llega al apartamento sosteniendo contra su pecho y con extrema cautela la bolsa de papel marrón oscuro. Se estremece al pensar que sin querer ésta se le escurra de las manos, vaya a estrellarse contra el piso, rompiéndose las botellas que lleva dentro y derramando su contenido. Ante la terrible idea, se estremece de pies a cabeza, siente un nudo en la garganta y las lágrimas se agolpan en sus ojos.
Durante meses le fue imposible conseguir por lo menos un vaso de su bebida predilecta y ahora ¡tiene dos litros completos para ella! Claro que debió pagarle una fortuna al gerente del supermercado donde cada semana hace sus compras, sin embargo no se arrepiente en lo absoluto.
Al principio se resistió a hacerlo, pero tras tanto tiempo sin probar ni una gota del ansiado líquido, finalmente se rindió a lo inevitable y conversó en secreto con uno de los dependientes. Éste le recomendó que hablara con el gerente y ahora abraza su botín, mientras tiembla de manera incontrolable.
Debe respirar hondo para tratar de serenarse. Reúne fuerzas diciéndose a sí misma que lo peor ya quedó atrás. Superó con la cabeza en alto las miradas antipáticas de la gente en la calle, porque todo el mundo parecía saber lo que llevaba en la bolsa y la veían con una mezcla de desaprobación, envidia y rabia.
Pasó rauda entre las vecinas chismosas agrupadas a la entrada del edificio, quienes le torcieron los ojos y se quedaron cuchicheando a sus espaldas. Sorteó los obstáculos móviles que suponen los niños jugando en escaleras y pasillos, suplicando por no tropezarse con ninguno de ellos.
Por fin entra a su morada. Suspira. Va directo a la nevera, abre la puerta del congelador, extrae las botellas de la bolsa y las acuesta con delicadeza en el anaquel. Quiere que la bebida esté fresca, a la temperatura que más le gusta, para disfrutar hasta el último sorbo.
Se queda unos minutos contemplando los recipientes. Admira el brillo de la luz refulgiendo sobre el vidrio inmaculado, ansiosa por paladear de nuevo el líquido que reposa dentro. ¡Luce tan tranquilo y ella está tan impaciente!
Siente en carne propia los padecimientos de los adictos. Comprende la obsesión de éstos y se compadece de los sudores fríos, los temblores incontrolables, la tortura de la insatisfacción. Quisiera entregarse al influjo que esa especie de droga ejerce sobre ella, abandonarse por entero y dejar que, de una vez por todas, la sustancia se deslice por su garganta sedienta, mitigando tanto la sed como la urgencia de volver a degustarla.
Recuerda que se había propuesto disfrutar del momento e impedir que el acontecimiento se transformara en algo desagradable, y por eso se obliga a apartarse del objeto de sus deseos.
Atenúa las luces, busca entre los discos compactos y elige uno que le garantice el relax. ¡Ojalá surta efecto! Ansía calmarse. Camino a la sala de baño se va despojando de zapatos y ropas, pero en su cabeza persiste la imagen de las botellas en el congelador. Se recoge el cabello en un moño alto y hace girar el grifo.
Pretende darse una ducha larga, pero el agua corriendo por su piel no hace más que aumentar la ansiedad que la invade, así que corta el flujo bruscamente. Toma una toalla y a medida que se refriega con vigor para secarse, se calma.
“No, esto no puede ser un sufrimiento”, se dice al verse frente al espejo. Vuelve a respirar hondo y exclama suspirando: “Quiero disfrutarlo. Quiero que sea placentero”. Retoma sus planes de gozar a plenitud de la experiencia. Toma unos minutos para maquillarse ojos y boca, perfilándolos con cuidado y aplicando brillo a los labios. Va a su habitación y escoge un bello vestido, con unas sandalias que hacen juego.
Desea prepararse como si fuera a encontrarse con un amante, porque concibe toda la experiencia de ese modo.
Apenas termina de calzarse las sandalias, se levanta de la cama y sale corriendo hacia la cocina.
Va desnuda, sólo la cubren las ganas –ya insoportables– de tomarse un buen trago de ese líquido que tiene sobre ellos los efectos de un estupefaciente. Anhela rendirse sin restricciones al placer que le produce su reconfortante perfume penetrándole por las fosas nasales. No deja de recordar su blancura resguardada por el vidrio. Le urge sentir ese sabor abrumador explotándole en el cerebro. Sólo piensa en enloquecer de alegría al iniciar su viaje hacia el éxtasis.
Abre la compuerta del congelador, saca una de las botellas y –olvidándose de la buena educación, de que existen copas o vasos y del más mínimo recato–, se la lleva directamente a los labios. ¡Ah, la leche está fresca! Bebe, bebe, bebe. Toma un trago tras otro, sin darse un respiro.
Le resulta imposible controlar el temblor de sus manos y empina tanto el recipiente que la sustancia blancuzca se derrama por las comisuras de su boca, desciende hasta la barbilla, baña su cuello, corre por el canalillo entre los pechos, cosquillea su abdomen, le moja el sexo y va camino abajo por sus bien torneadas piernas, formando un charco en el suelo.

Coge un pequeño delantal y se cubre el pubis, porque la combinación de su aroma más íntimo con el olor lácteo la está enloqueciendo. En otros momentos ha vivido la sensual experiencia de bañar su cuerpo con leche y me ha brindado la tersura de su piel mojada, permitiendo que nuestros instintos se solacen con las evocaciones producidas por esa sustancia tan familiar y a la vez tan desconocida. Pero es evidente que en esta ocasión quiere limitarse a otras sensaciones más allá de las eróticas.
No son sus poros quienes guían las ansias de placer, sino sus papilas gustativas.
Despacha el contenido de la primera botella y de pronto, cuando está a punto de empinarse la segunda, por fin parece reparar en mi presencia. Comprende que todo este tiempo he permanecido en la sala, observándola con atención, desde la comodidad del sofá.
No he querido molestarla porque comprendí que era un momento especial para ella. Me llama, pidiéndome que me una a ella en la cocina. Me incorporo y, relamiéndome de la anticipación, voy a su encuentro, sabiendo que esta vez el desvarío será mutuo.

Nota de la autora: Este relato nace de una historia real. Nuestros lectores quizás no sepan que desde hace más de un año en Venezuela sufrimos una grave escasez de alimentos. En los anaqueles de mercados, supermercados y abastos faltan rubros básicos como arroz, pastas, carne de res y de pollo, quesos, azúcar, caraotas, leche en polvo, leche líquida, aceite y harina de trigo. Incluso ha escaseado un rubro tan fundamental como la harina precocida de maíz blanco, la cual sirve para hacer las famosas y ricas arepas venezolanas, que viene a ser así como “el pan nuestro de cada día”.
Alguien conocido, a quien apodamos cariñosamente “Becerrito” debido a las cantidades de leche que de manera habitual ingería a diario, ha sufrido horrores la falta de este producto lácteo. Con este cuento he querido retratar su difícil situación con una pizca de humor y una buena dosis de erotismo.
Así que el parecido con la realidad, no es gratuito.

 
Publicado por Anamar a las 05:00

Respuestas
19 Mayo 2008 - 06:49
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Mi muy querida Anamar: Defino con una palabra lo que acabo de leer: MAGISTRAL... Hicistes una increíble unión entre lo exquisitamente erótico con la triste realidad que están viviendo( y que muy pocas veces los medios informan sobre ella). Me identifico con estas palabras...''Va desnuda, sólo la cubren las ganas''.... Un besote para vos desde aquí y las mejores vibras para que comiences espectacularmente bien la semana!!!.Cuidate mucho.Vero..... PD/ Anamar, Angelito querida...compartimos un mate????, y Beti también!!.Besos a todas ..y Buena Energía para los integrantes y todos que leemos Voyeaur.Vero
19 Mayo 2008 - 07:12
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Permiso Anamar:.. Quise poner :..Buena Energía para los integrantes y todos los que leemos Voyeur!!!....jajjaja al agarrar el mate se me escapo el teclado....jjajjaaa...Buenas vibras!!!!.Vero
19 Mayo 2008 - 07:08
Enviar un emailAngel
Mi extrañable y adorable amiguis: así que sufriendo Síndrome de abstinencia:=( Cómo verás en mis últimos comentarios estoy algo así cómo adicta a los chistes... Uno para tí mi dulce amiguis... Uno de Abstinencia ;=0) Tres parejas, una de adultos cincuentones, otra de cuarentones y una joven pareja de veintitantos, querían unirse a su nueva parroquia. El cura les dijo que tenían que cumplir con una condición especial para hacerlo: "Ustedes deben abstenerse de tener sexo por 2 semanas". Las tres parejas estuvieron de acuerdo y volvieron luego de las dos semanas. El sacerdote fue con la pareja mayor y les preguntó: "¿Fueron capaces de abstenerse del sexo por estas dos semanas?" "¡Pero por supuesto, padre!" "¡Felicitaciones y bienvenidos a la parroquia!" Luego se dirigió a la segunda pareja: "¿Fueron capaces de abstenerse del sexo por estas dos semanas?" Y el cuarentón contestó: "En realidad, la primera semana no tuvimos ningún problema, pero la segunda semana tuve que dormir en el auto un par de noches, pero lo logramos." "¡Felicitaciones y bienvenidos a la parroquia!" El clérigo se dirigió a la joven pareja: "¿Fueron capaces de abstenerse del sexo por estas dos semanas?" "Bueno, padre, la verdad es que no lo logramos". "¿Qué pasó?", inquiere el religioso exaltado. "Mi mujer estaba alcanzando una botella de leche de una repisa de más arriba, pero se le tiró, cuando se inclinó para recogerla, no me pude aguantar, me volví un animal y me aproveché de ella". "¿Ustedes entienden que ahora no son bienvenidos en la parroquia?", dijo el cura con tono solemne. "Sí padre, no hay problema... ¡total, ahora tampoco somos bienvenidos en el supermercado!" Mira que por estos lares tambien estámos sufriendo Síndrome de abstinencia... El paro del campo...no seas mal pensada.. jajjajaja. Besitos te quiero. P/D:Vero besitos de buen día y buen comienzo de semana!!!!!!!! Angel.
19 Mayo 2008 - 07:18
Enviar un emailAngel
Permiso Anamar: Vero: primisssss que pasó con el mate??? jajajjajaajajajajajaj Un beso y buen día nuevamente!!! Angel
19 Mayo 2008 - 07:34
Enviar un emailVero
Nuevamente permiso querida Anamar.....Angelito querida... lo del mate???jajjajaja ...son las consecuencias del Síndrome de Abstinencia.....jajajjaja....Besote y va un mate de por medio!!!! jajjajaja.Vero
26 Mayo 2008 - 07:38
Enviar un emailAnamar
Gracias por la lectura y los comentarios. Besos
26 Mayo 2008 - 08:36
Enviar un emailClaudia Gonzalez
simplemente, gracias

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