Colección Voyeur

Viernes 30 de Mayo de 2008
Él es así

Cristóbal es para quererle.
No puedes quedarte en un intermedio.
No puedes simplemente sentirte atraída por él.
Utilizarlo para tener sexo.
Aprovecharle.
O pretender relegarle al triste camino de la convivencia o el noviazgo.
Le tienes allí delante y le tienes que querer.
Dice que cuando me pongo tonta, le riño.
Dice que mis riñas son tremendamente incisivas, y escandalosamente desprovistas de cualquier tipo de violencia.
Estoy allí y hablo y hablo, y no dejo que él intervenga. Son palabras que recibe como riñas de mamá a niño pequeño: tiernas pero sólidas.
Pero que la peor riña que ha recibido de mí fue el silencio que de pronto me embargó cuando respondió a la llamada de su mujer.

Que ese silencio decía tanto como horas y horas seguidas de conversación.
Que se sintió pequeño, niño malo has hecho “pupa” a mamá.
Que deseaba le gritara y rompiera aquel silencio ensordecedor.
Le dije que no tenía que darle importancia a lo sucedido, que a pesar de todo, no podría evitar que algunas veces algo me doliera, y yo reaccionase a ese mal momento con cierto desconsuelo.
Pero que aquel pequeño incidente no había ocupado mi cabecita mucho más que unos minutos, y algunos otros minutos sueltos que se fueron sucediendo días después.
Que todo estaba bien.
Y entonces me dice: “Es que de pronto me sentí decepcionado. Decepcionado por haber roto el maravilloso momento que habíamos compartido. Por hacerte callar. Porque estabas charlando feliz, con esa carita de enamorada y bien follada que pones tú cuando me llevas al aeropuerto. Y mi torpeza rompió tu ilusión. Y rompió la mía por tenerte a mi lado unos minutos más.”
Yo no había hablado de ello. Sólo surgió, así. Quiso decirlo. Quiso asegurarme que nunca volvería a pasar. Le dije que no hacía falta asegurar nada. Y él contestó que no volvería a permitir que nadie ni nada rompieran la sensación maravillosa de separarse de mí sabiendo que habíamos vuelto a repetir la magia del encuentro.
A Cristóbal hay que quererle. No hay término medio.
Porque bastan sus palabras para que ya no vuelva a escuchar el sonido del teléfono de aquel día. Y vuelva a escuchar sus besos acariciando mi alma.

Foto: Cortesía & © by Trman

 
Publicado por Amanda a las 05:00

Respuestas
Aún sin respuestas.

Tamaño de letra
Sindicación
Publicaciones
Publicidad
 
 
Categorías
Enlaces