Cristóbal es para quererle.
No puedes quedarte en un intermedio.
No puedes simplemente sentirte atraída por él.
Utilizarlo para tener sexo.
Aprovecharle.
O pretender relegarle al triste camino de la convivencia o el noviazgo.
Le tienes allí delante y le tienes que querer.
Dice que cuando me pongo tonta, le riño.
Dice que mis riñas son tremendamente incisivas, y escandalosamente desprovistas de cualquier tipo de violencia.
Estoy allí y hablo y hablo, y no dejo que él intervenga. Son palabras que recibe como riñas de mamá a niño pequeño: tiernas pero sólidas.
Pero que la peor riña que ha recibido de mí fue el silencio que de pronto me embargó cuando respondió a la llamada de su mujer.

Que ese silencio decía tanto como horas y horas seguidas de conversación.
Que se sintió pequeño, niño malo has hecho “pupa” a mamá.
Que deseaba le gritara y rompiera aquel silencio ensordecedor.
Le dije que no tenía que darle importancia a lo sucedido, que a pesar de todo, no podría evitar que algunas veces algo me doliera, y yo reaccionase a ese mal momento con cierto desconsuelo.
Pero que aquel pequeño incidente no había ocupado mi cabecita mucho más que unos minutos, y algunos otros minutos sueltos que se fueron sucediendo días después.
Que todo estaba bien.
Y entonces me dice: “Es que de pronto me sentí decepcionado. Decepcionado por haber roto el maravilloso momento que habíamos compartido. Por hacerte callar. Porque estabas charlando feliz, con esa carita de enamorada y bien follada que pones tú cuando me llevas al aeropuerto. Y mi torpeza rompió tu ilusión. Y rompió la mía por tenerte a mi lado unos minutos más.”
Yo no había hablado de ello. Sólo surgió, así. Quiso decirlo. Quiso asegurarme que nunca volvería a pasar. Le dije que no hacía falta asegurar nada. Y él contestó que no volvería a permitir que nadie ni nada rompieran la sensación maravillosa de separarse de mí sabiendo que habíamos vuelto a repetir la magia del encuentro.
A Cristóbal hay que quererle. No hay término medio.
Porque bastan sus palabras para que ya no vuelva a escuchar el sonido del teléfono de aquel día. Y vuelva a escuchar sus besos acariciando mi alma.
Foto: Cortesía & © by Trman