Algo perverso, fantasías ocultas. Solo el abrigo protegiéndola de lascivas miradas.
Ejercicio ególatra, snobismo infértil y vacuo que los ha conducido a una entrega despiadada.
Roce de manos sobre las medias, bocas que se beben, timidez perdida. El cuerpo de ella enroscado cual pitón a su presa.
Una de las gomas del liguero que se suelta, sus pechos al aire. Fuerza bruta que la retiene contra la pared, semidesnuda.
Duplicación de un dèjá vu.
Traficantes de silencios inquebrantables. Solo se miran y se queman a cada roce, retorciéndose de dolor y placer.
Belleza y crueldad, camino irreversible hacia la entrega.
Una furcia demasiado arreglada y un borracho demasiado impoluto, más nada es demasiado extraño en el barrio viejo.
El puñal que se clava, la cara descompuesta, suplicante, sus ojos la interrogan, no entienden… Una mancha de sangre que se esparce.
Ella aligera el paso, sus tacones crepitan contra los adoquines.
Un beso lanzado al aire.

La venganza más dulce… Una viuda hermosa y joven.
Esta noche la suave brisa la mecerá hasta quedarse dormida mientras la ciudad sueña bajo las farolas.
Nunca debió confesarle que le gustaban las putas, firmo su sentencia de muerte al delatarse.
Foto: Cortesía & © by Sylvain Burgert