(... Tú miénteme siempre)
A lo largo de nuestra vida, la mayoría pasamos temporadas en las que nos apetece estar solos, sin ningún tipo de compromiso, sobre todo después de una relación larga.
Ahora mismo estoy en uno de esos momentos, lo que no implica que cierre las puertas a volver a tener una pareja estable.
Nunca me enfrento a nada ni a nadie con una idea preconcebida. Hago siempre lo que me dicta el corazón, la mente y el cuerpo (aunque no necesariamente en este orden) y, como ya comenté en uno de mis post anteriores, por lo general no busco, sino que encuentro.
Este no sería el momento más idóneo para iniciar una relación seria, pero, evidentemente, si apareciese de nuevo el amor en mi vida sería una locura y un error no entregarme a él.
El día que conocí a Carlos supe que íbamos a congeniar de maravilla, personal y mucho mejor sexualmente. Después de numerosos encuentros y bastantes más relaciones sexuales me ratifico en mi primera intuición.
Y es que lo indispensable para que cualquier tipo de relación sea fructífera es que ambas personas sepan darse en todo momento aquello por lo que están juntos. Lo sensato es mantener siempre, o por lo menos intentarlo, la misma línea y que cuando aquello que les unió desaparezca ser lo suficientemente coherente con uno mismo y con el otro como para no "estar por estar".
Mi relación con Carlos es puramente sexual. Yo sé lo que hay y él también, pese a sus continuos intentos por ir siempre un poco más allá. Lo peligroso de este tipo de relaciones es que cuando se cruza la línea de ser exclusivamente un polvo de una noche a ser varios polvos en una noche, pero varias veces al mes (léase enganche sexual), se corre el riesgo de que una de las partes se implique y quiera controlar más de la cuenta.
Él siempre me recrimina que no le pregunto detalles íntimos sobre su vida. No lo hago porque sencillamente no me importan. Hoy por hoy, no creo que tenga mayor importancia si las fotografías que tiene en el salón son de su ex mujer o de su hermana, o si se acuesta con alguna mujer más en ese sofá de su casa.
Sólo me importa el momento que está conmigo, que ambos nos entreguemos al máximo y sepamos disfrutar hasta el último segundo, dure el tiempo que dure, no me preocupa el mañana.
...Que me siga recibiendo con el mismo deseo en la mirada, y que nada más verme me arranque literalmente la ropa, mientras me cubre de piropos y de palabras malsonantes al mismo tiempo.

Que me siga haciendo suya de esa manera tan pasional, que me deje experimentar, jugar con él, y que ninguno de los dos tengamos límites en esta relación. Que sobren las ganas, el morbo y la imaginación. Que falten las preocupaciones, los celos y el egoísmo...
Últimamente, le noto demasiado "controlador", y eso en una relación como la nuestra no es bueno. Por ejemplo, yo nunca le pregunto qué hace los días que no queda conmigo.
Soy mucho más joven, pero entiendo que en una relación liberal hay cuestiones que están de más, o al menos yo lo veo así. Dicho de otra forma, que ya son ganas de marear la perdiz y buscar complicaciones. Ya se sabe, ojos que no ven, corazón que no siente.
Nuestras conversaciones después de nuestros intensos encuentros sexuales siempre han sido inteligentes, picantes, irónicas. Últimamente, demasiadas preguntas por su parte. Todo un tercer grado:
–Natalie, ¿qué te pasó ayer, que no pudiste finalmente quedar conmigo?
–Ya te lo comenté en el mensaje, Carlos. De todas formas lo importante es aquí y ahora y soy toda tuya. Por cierto, ¿repetimos?
–¿No habrás encontrado ya sustituto para mí en el equipo titular, verdad? Sé que la competencia es feroz, pero mis intenciones son seguir en primera línea de batalla.
–.... ((Silencio)
–Por cierto, ¿qué tal tu fin de semana?
–Bueno, ya sabes, un poco de todo, no ha estado mal.
–¿Qué quieres decir con un poco de todo? ¿Blancos, negros, amarillos...?
–Fíjate, podría ser, pero no, éste ha sido tranquilo. Película en el cine, cena y copas con amigas y domingo de relax.
–¿Me has sustituido este fin de semana?
–.... (Silencio prolongado)
–Oye, ¿has vuelto a saber algo de tu ex novio?
–Bueno, ya sabes que mantenemos el contacto, nos llamamos de vez en cuando.
–¿Y te has vuelto a acostar con él?
–.... (Silencio muy prolongado)
En estos casos siempre me viene a la cabeza una de las frases que me dedicó en nuestra primera cita y que he utilizado como título de este post: "Tú miénteme, cariño, miénteme siempre y dime sólo las cosas agradables que quiera oir".
Carlos es un hombre experimentado, maduro, y, sinceramente, le creía mucho más inteligente. Se toma demasiadas molestias en darme explicaciones que no le pido (seguramente para justificar de alguna forma tantas preguntas por su parte) y no se da cuenta de que está cometiendo errores de principiante.
Una verdadera lástima.